¿Cómo que Cataluña se independiza?

Que sí, que no. Los catalanes han buscado la forma de acercarse al sueño independentista.

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A muchos países les ha pasado: llega un momento en el que alguno de sus estados siente el gusanito inquietante y seductor del nacionalismo independentista. No hace mucho Escocia sopesó la posibilidad de separarse del Reino Unido, en Bélgica algunos flamencos quisieran dividirse el país como un pastel con el resto de sus compatriotas y, sin ir más lejos, en México los estados de Baja California y Chihuahua se frotaron en su tiempo las manos (si es que los territorios políticos las tienen) soñando con convertirse en estados soberanos. Así las cosas, que Cataluña lleve sus deseos independentistas hasta el extremo de declararlos en su Parlamento y presentar los puntos con los que haría su sueño realidad no suena tan descabellado.

La historia de amor-odio entre catalanes y castizos (que se engloba en el concepto “catalanes versus españoles”) lleva décadas de existencia, con épocas de mayor y menor intensidad, con amenazas e intentos más o menos exitosos por acabar en divorcio, pero nunca como lo hizo este lunes:

1. Las intenciones independentistas llevan décadas: algunos hablan de siglos, pero historiadores con intenciones antibélicas sostienen que eso de los siglos se trata de una falacia y que, en realidad, el que los catalanes crean que llevan siglos en contra de su pertenencia a España es un invento ideológico –y como pruebas muestran las entusiastas campañas de catalanes que se sumaron voluntariamente para aplacar los intentos independentistas de Cuba, por ejemplo, o su participación en la guerra de África, donde —otra vez, según historiadores y filósofos como Javier Barraycoa — mostraron signos de nacionalismo español. Pero al respecto mejor opinar como lo hizo el presidente Barack Obama “es un asunto interno de España”, es decir, ¿cómo, viéndolo desde fuera, tomar posición o creer más en uno u otro lado si no se domina todo el contexto histórico?

2. Desde hace por lo menos dos décadas, los catalanes se someten a una encuesta de opinión para saber qué tan tentadora es la idea de separarse. Hasta ahora los resultados han sido mixtos: una parte quiere que Cataluña sea un estado soberano, otra parte no está segura, y una tercera se animaría a una vía intermedia: quisieran un país dentro de otro país. En todos los casos el factor económico pesa más que el mero nacionalismo, como se verá más adelante.

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3. Lo que ocurrió ayer en el Parlament fue básicamente un acto de autodeterminación secesionista: con 72 votos a favor y 63 en contra aprobó la resolución que inicia el proceso de separación del estado español y que como primeras medidas llama a desobedecer a las instituciones españolas (empezando por el Tribunal Constitucional) y a apoyarse únicamente en las leyes que surjan de la Cámara autonómica de Cataluña.


4. Dos factores animaron al Parlament Catalán a tomar la temeraria decisión de iniciar su proceso independentista el día de ayer y ambas ocurrieron durante las últimas elecciones parlamentarias del 27 de septiembre pasado, cuando los partidos a favor de la separación de Cataluña ganaron en mayoría de escaños y votos. Y tras los resultados del plebiscito que lanzaron en paralelo, aunque, ojo: en estos últimos no alcanzaron la mayoría, ya que sólo 47% del pueblo catalán apoyó la moción de independizarse y este es el punto del que más se agarra la oposición a este plan, encabezada por el PP y por el gobierno español mismo.

Sobornos, codicia y corrupción


5. Junts pel Sí y la CUP (Candidatura d’Unitat Popular) son los dos partidos que encabezan la iniciativa votada ayer en el Parlament, pero cuentan con el apoyo (con diversos matices) de otros como Catalunya Sí que es Pot, que ha presentado una propuesta de referéndum con la intención de otorgarle a la decisión del Parlament mayor poder jurídico y político, y por su puesto, de Convergencia, el partido al que pertenece el actual presidente de la Generalitat de Catalunya, (el sistema institucional en que se organiza el gobierno de la Comunidad Autónoma catalana), Artur Mas.

Ahora todo gira no sólo en torno a la desobediencia al gobierno español y a la lucha por evitar la independencia, sino también en cuanto a Artur Mas. ¿Se quedará a cargo del nuevo gobierno una vez lograda la independencia catalana o habrá nuevas elecciones? Muchos sostienen que lo que ocurrió ayer fue en parte gracias al trabajo realizado por este político desde que asumió su mandato en 2010.

6. Pero a todo esto, ¿qué dice la oposición en el seno del Parlamento catalán? La diputada Inés Arrimada, que encabeza el partido opositor Ciudadanos sostiene que esta acción no es sino un acto descabellado creado para tapar los casos de corrupción al interior de Convergencia, mientras que Miquel Iceta del PSC (Partido Socialista Catalán) rebatió los puntos aprobados el día de ayer al sostener que el 27 de septiembre se perdió el plebiscito ya que apenas se alcanzó el 47% y no la mayoría, y dijo “situar a las instituciones catalanas fuera de la ley es temerario y nos lleva a un desastre seguro que tendría unos costes temerarios”, mientras que el líder del PP (Partido Popular), Xavier García Albiol, advirtió al presidente de la Generalitat “ni usted ni nadie nos va a expulsar de España”.

7. A todo esto, en medio de la agitación, el presidente español, Mariano Rajoy, que no pasa precisamente por su momento de mayor apogeo en su gestión, salió corriendo a presentar un recurso contra la moción independentista frente al Tribunal Constitucional y declaró: “Estamos decididos a utilizar todos los medios que el Estado de derecho ha puesto a disposición de la democracia para defender la propia democracia. Utilizaremos sólo el Estado de derecho, pero todo el Estado de derecho; sólo la ley, pero toda la ley; sólo la democracia, pero toda la fuerza de la democracia”. Esto se traduce en acciones contra los instigadores de esa moción por desacato, en particular contra Artur Mas como responsable de la Generalitat, e incluso podría intervenirse la tesorería de la Generalitat (y todos sabemos lo que ocurre cuando alguien se mete con el dinero).

8. Al fin de cuentas, mal que le pese a Cataluña, sigue formando parte de España y según su constitución, cualquier intención secesionista debe contar con el apoyo del resto del pueblo español. Podría recurrir a algo parecido a lo que ha hecho Kosovo, cuando se separó de la ex Yugoslavia, pero el costo político internacional es elevado: hasta el día de hoy, Kosovo sigue hundido en serios problemas económicos y ni siquiera ha logrado formar parte de la UNESCO, recurso al que ha recurrido frente a la oposición que encontró por entrar a la ONU, y eso que la ONU misma ayudó a su independencia. Ni hablar de entrar a la Unión Europea, un sueño que Kosovo amasa desde hace años y que es tan improbable como lo sería para México. Claro, ambos casos son distintos (aunque los secesionistas catalanes mismos lo usan de ejemplo): en el caso Catalán, no cuentan con apoyo internacional alguno, al menos no declarado.

9. ¿Y que pasaría si de todos modos lograran independizarse? Hay dos escenarios con los que sueñan los independentistas y sus opositores. El de los independentistas: un país rico, soberano y libre de corrupción. Y es que Cataluña aporta el mayor PIB de España y en sí mismo, se sitúa cerca de países como Eslovaquia, Irlanda, Finlandia y Dinamarca. Para los catalanes, la retribución que reciben del gobierno central es insuficiente comparado con su aportación (24% de los ingresos de la Hacienda española vienen de Cataluña). Para España, perder Cataluña equivaldría a el 20% de su PIB, contrayendo aún más su economía en crisis, lo que se vería aumentado con el tiempo al perder también lazos económicos (no hay que olvidar que en Cataluña se concentran algunas de las empresas más importantes de España). Para la oposición, con o sin Cataluña, España seguiría ocupando un lugar superior en PIB en relación a los demás países de la Unión Europea (y a una posible Cataluña soberana), mientras que los catalanes se encontrarían en el limbo al no estar dentro de la Unión Europea, se empobrecerían no sólo por no contar con el euro como moneda sino también por la ausencia de apoyo internacional, entre otras amenazas. Pero a todo esto, los catalanes independentistas rebaten con argumentos entusiastas: la UE no cuenta con previsiones para casos en que un país pierda un estado, lo que llevaría a una discusión, y lo más probable, dicen, es que podrían ingresar a la eurozona sin mayores problemas. Al final, el dinero tiene su peso.

Mientras Rajoy y el Tribunal Constitucional corren en busca de una salida que impida la escisión de Cataluña, los independentistas ya se ven sentando a su propio comisario en la UE, y viviendo sus seis meses de gloria frente al Consejo de Seguridad de la ONU en calidad de nación soberana.