Sueños de infancia

Antes siquiera de saludarles, permítanme que les cuente una historia vintage. Ha pasado más de un cuarto de siglo desde que tuvo lugar, así que espero que la memoria no me falle.

Érase una vez un primaveral sábado de 1990 y el protagonista de pantalones cortos a punto estaba de despedirse del amiguito a cuya casa había ido a jugar. La noche ya se cerraba y los niños trataban de regatear unos minutos más a sus padres. La fotografía —aún la recuerdo— muestra a los chicos sentados en las escaleras de emergencia de un gran centro comercial con las piernas colgando en el aire. Hablaban de esto y de lo otro —seguramente de si yo me pido a He-Man y yo a Batman y quién ganaría en una pelea entre los dos— cuando, de repente, apareció en su campo de visión el futbolista mexicano Hugo Sánchez, que entonces vivía en Madrid, acompañado de su mujer y cargado de un buen montón de bolsas de comida que se disponía a introducir en su enorme auto.

Para los chiquillos, aquella escena no fue muy distinta de si hubiera aparecido el mismísimo Jesucristo en el Monte de los Olivos. Así que rápido, rápido, corrieron hasta sus padres a explicarles la emocionante noticia. “¡Mira, papá, ahí está Hugo Sánchez!”, gritaron al unísono a sus respectivos mientras les tironeaban de la camisa. Recuerdo que ambos progenitores les animaron a ir a saludarle y quizá a pedirle incluso un autógrafo (en esa época no existía la palabra ni el concepto selfie), pero los muchachos, bloqueados por la vergüenza, decidieron dejar pasar la oportunidad aunque tuvieran que arrepentirse los siguientes 27 años.

Perdonen que no me haya presentado antes. Obviamente, el chico de los pantalones cortos soy yo, desde hoy orgulloso director de las ediciones mexicana y española de Vanity Fair. Confieso que, como Sócrates, tengo pocas cosas claras en la vida, pero sí sé que la historia de derrota que acabo de traerles no me sucedería de nuevo, porque un periodista de Vanity Fair sabe que la referida vergüenza se llama en realidad “polvo de estrellas” y es la materia prima exacta con la que se construyen las historias de glamour que nos emocionan.

Nuestra portada de abril involucra a la actriz mexicana Ana Brenda Contreras y al actor español Iván Sánchez, metáfora perfecta del amor bidireccional que siempre he sentido entre ambos países. Sirvan ellos dos para poner luz, color y ese brillo especial que solo tienen unos pocos como guinda de los grandes reportajes de investigación de este número, apenas una muestra del material con el que esperamos seducirles cada mes. Y ahora, si me hacen el favor de alzar las copas, brindo con un rico mezcal por todos ustedes y por esta nueva feria de las vanidades que se nos viene.