"Debemos revisar lo que el espionaje significa y el alcance que tiene"...

Carmen Aristegui sobre #GobiernoEspia, el nuevo ataque contra el periodismo.

La administración de Enrique Peña Nieto, se ve envuelta en una nueva polémica luego de que el informe Gobierno Espía, presentado por organizaciones que promueven la libertad de expresión y los derechos digitales, revelara que varios activistas y periodistas fueron objeto de espionaje a través del malware Pegasus que permite, entre otras cosas, acceso a los archivos guardados en celulares, así como a los contactos, mensajes y correos electrónicos de sus porpietarios.

Entre los afectados, y quienes se han sumado a una denuncia ante la Procuraduría General de la República se encuentra Carmen Aristegui, quien, según el reporte, fue objeto de esta vigilancia. "Somos afectados por esta intrusión. Más allá de la condición afectados por la intervención de nuestros sistemas de comunicación telefónicos celulares está la revisión de lo que esto significa y el alcance que tiene", dijo hoy la periodista en su programa que transmite en Facebook Live.

No es la primera vez que Aristegui enfrenta censura y acoso por su labor, tal cual lo contó en la entrevista de nuestra edición 24. Recuperamos la conversación que sostuvimos con ella cuando estelarizó nuestra portada.

Escenario: las alturas. A 150 metros del piso, Carmen Aristegui sonríe, posa y disfruta del aire frío que sopla en el balcón. Está en la suite presidencial del cuarto rascacielos más alto de Santa Fe. Hacia abajo se ven las azoteas de los edificios más pequeños, cientos de autos que circulan por las embotadas calles de la zona y oficinistas que corren a comer en alguno de los restaurantes. Todo en pequeño.

El vértigo parece natural. No para Aristegui. “Como pueden ver, no, no le tengo miedo a las alturas”. Y no le tiene miedo, entre otras cosas, porque sabe que siempre cae de pie. Y si acaso le fallaran los reflejos, tiene algunas vidas de repuesto. “Como los gatos”, dice divertida.

Lo dice en broma, pero, siguiendo esa metáfora, la periodista ha comprobado aquella frase de Winston Churchill: “En la guerra nos pueden matar una vez; en la política, muchas”.

Aristegui agrega: “Y en el periodismo también. Para mi buena suerte, tengo más de una vida… como los gatos”, repite.

La batalla que más recientemente le ha costado una de sus vidas fue la salida de MVS radio. O, en sus palabras: “El golpe de censura provocado por la investigación periodística de la Casa Blanca del presidente Enrique Peña Nieto”.

De hecho, es todavía un campo por el que sortea las minas de los enemigos: “Todas las batallas han sido diferentes y difíciles. Esta última ha sido complicada porque nos han acosado judicialmente y eso representa muchas dificultades, entre otras, la pérdida de un tiempo valioso que deberíamos dedicar al periodismo pero que hemos destinado a estar en tribunales”.

El 13 de marzo de 2015 se transmitió por MVS el último noticiario de Carmen Aristegui. Acusada de abuso de confianza por haber integrado el nombre de la emisora a la plataforma de información MéxicoLeaks, esta es una lucha que la ha llevado a estar un año y 10 meses en tribunales, primero para conservar el espacio (respaldada por un contrato vigente, nos dice) y luego para responder a una demanda por daño moral, entablada por Joaquín Vargas, presidente de MVS, cuando se publicó un libro sobre el mismo reportaje de la Casa Blanca.

Pero ella está segura de que siempre cae de pie. Y si no le tiene miedo a 47 pisos de altura, menos a la censura. “El pleito ha implicado una complejidad que también hemos sorteado y que estamos dispuestos a ganar... porque vamos a ganar”.

Su currículum respalda ese optimismo. En enero de 2008 W Radio decidió no renovar el contrato que la tenía al aire. La decisión se dio en medio de la controversia por la llamada coloquialmente “Ley Televisa”: en el noticiario el tema era ampliamente debatido y cuestionado ya que consideraba que favorecía a las dos más grandes televisoras al otorgarles el espectro digital sin necesidad de licitación. W Radio, que es parte de Televisa. Al salir del aire, un año estuvo dedicada, cuenta, a llevar a su hijo, Emilio, a la escuela, pero regresó a la radio en 2009 para conducir Primera Emisión, de MVS.

Ahí, el 7 de febrero de 2011 fue despedida luego de que comentó una manta de diputados del Partido del Trabajo en la que se insinuaba que el entonces presidente, Felipe Calderón, tenía problemas de alcoholismo. Ni una semana duró el despido. El 11 de febrero regresó al aire en la misma emisora.

Así que no es broma: siempre cae de pie. “Y hasta ahora —reflexiona— he gastado unas cuatro o cinco vidas… así que espero tener más de siete”.

Si en los gatos es el oído el que les permite sortear caídas, en Carmen son otras armas las que le han ayudado a ganar las batallas: “Tenemos el convencimiento de que lo que nos toca realizar es importante para nosotros como profesionales, pero es más importante para un pedazo del país que sigue nuestra tarea. La mejor herramienta es la convicción, la transparencia y la honestidad en términos de nuestra actuación”.

—¿Las heridas de guerra han sido muy duras?

—Han sido las heridas propias de estas batallas, pero que se han convertido en fortalezas.
—¿Ser mujer ha facilitado o dificultado esas luchas?
—Es muy importante que una mujer se enfrente a tal o cual circunstancia, se interponga a ello, haga valer sus derechos y luche por ellos. Que una mujer luche por sus libertades y por lo que cree tiene un significado profundo en sociedades como la mexicana, que no han resuelto la inequidad, la desigualdad ni el machismo.
—Algunas de esas batallas han sido en televisión, ¿considera que la televisión tiene una deuda con Carmen Aristegui?
—No diría que la televisión me tendría que hacer justicia ni cosa por el estilo. Yo diría que lo que hemos podido hacer en televisión, yo y otros periodistas, porque no puedo regatear el trabajo de muchos colegas, es tratar de contribuir al periodismo crítico e independiente. Pero en su conjunto, la factura que queda es deficitaria. Ha habido momentos importantes en la televisión mexicana en donde algún reportaje o entrevista han marcado huella, pero no es una moneda de cambio constante que se haga trabajo libre, independiente y crítico.
—¿Entre esos momentos importantes está aquella entrevista de Julio Scherer al subcomandante Marcos en Círculo Rojo, el programa que usted conducía en Televisa?
—Fue un momento importante e insólito. Tan insólito que lo seguimos recordando como un gran momento único y, me atrevo a decir, irrepetible.
—¿Por qué no ha encajado usted en la televisión mexicana?
—Yo he trabajado muchos años en radio y televisión y ciertamente no hemos logrado, como país, que la televisión se convierta en esa gran herramienta transformadora de nuestra sociedad. Por eso nuestra democracia es tan pobre y no cuaja del todo, porque no tenemos el músculo del periodismo independiente y el ojo crítico permanente. La televisión tiene muchas deudas que pagarle a la sociedad mexicana, no ha estado a la altura porque ha sido parte de un sistema político que nunca se fue del todo, que no logramos desmontar cuando vino la transición o la alternancia.

entrevista vanity fair carmen aristegui

DE LA CINETECA A WASHINGTON

Cambio de escenario y de tiempo. Ahora no es en las alturas sino en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Año: 1987. Música de fondo: Ojalá, de Silvio Rodríguez, o El breve espacio, de Pablo Milanés. Personaje: una estudiante de Ciencias de la Comunicación con todo el tiempo del mundo para ir a la Cineteca Nacional. Acción: la estudiante disfruta de El sacrificio, película de Andréi Tarkovski, y luego de Terciopelo azul, de David Lynch, ambas dentro de la programación de la XX Muestra Internacional. Quizá hasta se quede a ver una tercera función. Así fue el escenario de juventud de Carmen Aristegui. “Y no solo con música de Silvio y Milanés, también Amaury Pérez, me encanta la trova cubana y me encanta (Joan Manuel) Serrat; esa música es una de las pocas cosas que conservo de aquellos años”.
—¿Y qué cosas perdió en el camino de la vida?
—Tiempo. Creo haber ganado más de lo que perdí, pero lo cierto es que ahora me falta tiempo para ir más al cine, disfrutar de mis amigos… porque tiempo solo es uno.
—Aquella universitaria que veía hasta tres películas seguidas, ¿qué calificaciones sacaba?
—Me iba bien. Tenía buenas calificaciones, pero no diría que era muy inteligente.
—Esa época también coincide con su primer matrimonio y su primer trabajo de periodista. ¿Ya desde entonces sabía que el periodismo sería su amor más duradero?
—Yo no diría que el amor por el periodismo es un amor más grande que cualquier otro; sí es uno de los más grandes, pero hay otros igual o más inmensos.
—¿Por qué es tan fiel al periodismo?
—Porque es apasionante. No puede ser entendido como un trabajo, sino como una forma de vida. El periodismo es algo que está todo el tiempo en el entorno, así estés de vacaciones o tomando un café.

Otra vez cambio de escenario: ahora está en Washington. Fecha: Domingo 13 de noviembre de 2016. Acción: Carmen Aristegui se prepara para recibir, al día siguiente, el Premio Knight del International Center of Journalists por su trabajo en el portal Aristegui Noticias y por el reportaje sobre la Casa Blanca. Otra vez la presencia de esa investigación que documenta el conflicto de intereses del presidente de México y afirma que esa propiedad fue comprada por su esposa, Angélica Rivera, en siete millones de dólares a Grupo Higa, una empresa que obtuvo contratos cuando Peña Nieto fue gobernador del Estado de México y a la cual se le había otorgado la licitación del tren México-Querétaro.
De manera paralela, ese mismo 13 de noviembre otra escena se desarrolla en la Ciudad de México: cinco hombres allanan la redacción de Aristegui Noticias, la plataforma desde la cual (con el Internet como centro neurálgico) se ha mantenido en activo desde su salida de MVS.
En Washington, cuando se lo informan, a Aristegui le vino a la memoria una reunión de meses atrás, cuando se estaba planeando la construcción de esas oficinas. El equipo administrativo sugirió poner cámaras. ¿Cuántas, una, dos, cinco? No, nueve. La periodista soltó un “¡Qué barbaridad!, ¿para qué queremos eso?”.
Ahora, a punto de recibir el premio por “entregar noticias que no solo involucran, sino que efectúan el cambio”, aquellas nueve cámaras adquieren sentido.

No sé cómo, pero me convencieron de ponerlas y al final nos sirvieron, porque esas nueve cámaras captaron con mucha claridad los rostros y movimientos de dos de los cinco hombres que ingresaron al edificio y que sometieron a la vigilancia”.
—Hay un momento en que uno de los hombres voltea a una de las cámaras y se ve claramente su rostro. ¿Qué pensó cuando vio esa cara?
—Que nos querían intimidar. Pensé que esa persona veía de esa manera la cámara porque quería ser vista así. Porque la señal es: “Véannos, estamos aquí, entramos ahora y podemos entrar cuando sea”. Es el típico gesto de alguien que está ahí para intimidar, de alguien a quien no le importa ser visto porque sabe que será protegido, como hasta el momento me da la idea de que lo están protegiendo a él y a las otras personas.
—¿Qué es lo que le da la idea de que los protegen?
—Ahí están los rostros, las huellas dactilares y toda la información que le dimos a la Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México. Se la dimos a la primera fiscalía que tomó el caso y a la que lo tiene ahora. Hasta el momento no ha habido una resolución de algo que, yo digo, tendría que ser de más o menos fácil respuesta porque hay huellas, imágenes, información. Con herramientas como
las que tiene México (y que nos cuestan tanto a los mexicanos, como lo es Plataforma México) creo que la identidad de esas personas ya tendría que saberla la autoridad. Pienso que ya la sabe y pienso que debe haber algo que no quieren contar.

—Aquel 14 de noviembre cuando se enteró del robo, ¿a quién se encomendó?
—Nos quedó claro que no se trataba de un robo, aunque se hayan llevado una computadora y un pequeño reloj; había muchas otras cosas de valor que se hubieran podido llevar fácilmente. Su comportamiento nos da a pensar que se trata de un acto intimidatorio que se perpetró horas antes de que recibiéramos el reconocimiento precisamente por el trabajo que estamos haciendo en el sitio de internet desde el cual estábamos a punto de lanzar un nuevo espacio noticioso.
—Si no se encomendó a alguien aquella vez, ¿a quién se encomienda antes de dormir?
—A nadie. ¡Qué horror! Me acabo de dar cuenta de que no me encomiendo a nadie… Lo cual debo pensarlo ahora dos veces más antes de decirlo.
—Entonces no cree en Dios.
—Digamos que soy agnóstica.
Aristegui sortea pues el dilema divino pensando lo que el filósofo Epicuro resumió con la frase: “Sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si los dioses existen, no se ocupan ni preocupan de nosotros”. A cambio, en los momentos difíciles la periodista acude a otras “divinidades”.

Cuando se le planteó la disyuntiva de publicar o no el reportaje de la Casa Blanca acudió a sus compañeros de trabajo para recibir consejo.

Y cuando parece que el mundo se pone en su contra, ¿a quién acude Aristegui? A Aristegui. “En los momentos en que hace falta recargarse de valentía voy conmigo misma y con mis amigos”, dice. 
Así que cuando se le pregunta si su condición de mujer ha jugado a su favor o en contra, tiene claro que “el hecho de que hacer valer las convicciones de una mujer en una sociedad como la nuestra tiene un significado profundo para la democracia”. 

ENTRE TELEVISA Y PEÑA NIETO 

El siguiente escenario está dominado por una imagen. Una niña sostiene un cartel que dice: “Al escucharte, Carmen, nos das esperanza de un México mejor”. Es mediados de marzo de 2015. Lugar: alrededores de las instalaciones de MVS, empresa que acaba de despedir a la periodista bajo el argumento de “abuso de confianza”.
Carmen Aristegui pide ver la imagen antes de hablar de ella. Se le iluminan los ojos y suelta: “No puede más que conmoverme que una niña pueda tener una pancarta como esa, que pudo haber escrito su mamá o ella misma, pero el hecho de que alguien ponga la palabra esperanza en un México mejor y que lo asocie al trabajo que hacemos en el equipo de Aristegui Noticias… ¿Qué te puedo decir? Es francamente emocionante”.

Luego elabora: “El tema Televisa es todo un tema. Ahora está tratando de renovarse, pero hasta donde alcanzamos a ver se ha renovado solo en las escenografías, no alcanzamos a ver un cambio profundo”.
—No en pancartas, pero su nombre también se ha asociado al poder.
El poder que yo tengo es el de comunicar. El poder que da la capacidad de recibir información y dar énfasis editoriales. El mío es el poder de la palabra, el de transmitir una convicción sobre un tema o la claridad sobre una revelación que puede tener uno como periodista. El poder que da la palabra es un poder que pretende servir a los demás, como debería ser todo el poder.
—También se le ha llamado la periodista a la que teme Enrique Peña Nieto.
—Pregúntale a Peña Nieto.
—¿Es su intención?
—Mi intención es trabajar sobre los temas del poder. En un país presidencialista como México, la figura del presidente es una figura a ser observada 24 horas al día por todos los periodistas. No tengo una pretensión personal de que tengan una percepción X o Y sobre mí. Creo que con toda claridad la figura de Peña Nieto y el resto de la clase política deben estar sujetas al escrutinio público.
—¿Qué percepción tiene del presidente?
—He conversado con él en diferentes ocasiones, siempre en entrevistas periodísticas. Me parece un político mediano. No es un personaje, desde mi punto de vista, de grandes luces y tiene una responsabilidad inmensa como presidente de México.
—¿La llegada de Donald Trump cambia el escenario?
—Enrique Peña Nieto ya tenía desde el principio una responsabilidad inmensa, pero ahora que tenemos enfrente a un personaje como Donald Trump nos pone en esta encrucijada histórica y me temo que no alcanza con las cualidades de Peña Nieto para enfrentarlo de la mejor manera. Creo que estamos en un problema serio los mexicanos, porque el papel que está jugando Peña Nieto, hasta este momento, no es suficientemente claro, nítido y fuerte para el tipo de situación que estamos viviendo. Lamento mucho que nos toque este tránsito histórico con una figura política del perfil de Peña Nieto en la presidencia de la 
República.

NUEVA VIDA


El último escenario es una cabina de radio en la Ciudad de México. Hora: 7:59 de la mañana del 16 de enero de este año. Acción: Faltando un minuto para que comience su nuevo programa, ahora transmitido en vivo a través del sitio de Internet Aristegui Noticias, mira los ojos de quienes la acompañan en la redacción. Se da cuenta de que en realidad sí tiene alguien en quien depositar su confianza: su equipo de trabajo.

“Ese día me encomendé al entusiasmo de nuestro equipo, a las miradas de mis compañeros que estaban muy felices de empezar un nuevo espacio. Pensé que era un gran día, que íbamos a poner todo nuestro esfuerzo porque uno nunca acaba de sorprenderse”.

A las ocho de la mañana entró al aire con la idea de demostrar que ni la callarán ni la intimidarán y, además, cumplió su adagio: “Tengo más vidas que un gato… Espero”.
Entre aquella joven que escuchaba trova cubana y la periodista capaz de crear su propia empresa de comunicación hay 30 años de diferencia y 7.2 millones de seguidores en Twitter. También 7.1 millones de “me gusta” en su página de Facebook. Es ya una comunidad más grande que la población de Paraguay. Y en México, es más que Monterrey o que Guadalajara. Alcanza para fundar el País Aristegui, pero a ella no le gusta la idea: “Es una bonita metáfora, pero es un concepto desmedido”.

No le gusta porque, de hecho, pocas veces habla en primera persona. En cambio, siempre habla de “el equipo de periodistas del que formo parte”. Ni siquiera concede montarse en el ego cuando se refiere de los tres Premios Nacionales de Periodismo que ha obtenido. “Son importantísimos para mi equipo de trabajo y para la gente que nos sigue. Es un estímulo personal y profesional”.
Confiesa incluso que no los tiene en algún nicho, sino desorganizados. “Después de todo, creo que mi ego cabe en una recámara de mi casa… y no es grande, es una habitación normal”.
Lo que no cabría ahí es la responsabilidad de ser la cabeza visible de esa comunidad de más de siete millones, y parte de esa responsabilidad es ser optimista. “Es casi una obligación moral pensar que México tiene remedio; hay que decirlo, hay que creerlo porque de otra manera no hay motor humano que impulse la tarea de la humanidad”.
—¿Qué mexicanos le hacen creer que es posible un México mejor?
—Gente como (Alejandro) Solalinde, (Javier) Sicilia, son muchos los luchadores sociales que estimulan mi pensamiento y mi estado de cosas.
—¿Lo veremos nosotros o nuestros hijos?
—Debemos verlo nosotros y nuestros hijos. Nuestros nietos, bisnietos, tataranietos y la humanidad entera. No quiero ser optimista ramplona, sino subrayar que, sin perder nuestro ojo crítico, también tenemos esta capacidad de ver las áreas de esta sociedad que brillan. Vemos los contrastes, las luces y las sombras.
—¿Alguna vez su hijo, Emilio, se lo ha preguntado?
—No sé si me lo ha preguntado así, pero sí hemos platicado muchas veces de eso. Él es un chico… bueno, claro, es mi hijo, es un chico sensible, inteligente, maravilloso que está llegando a los 18 años con una gran sensibilidad para tratar de entender a México. Quiere ayudar a este país y a mí me conmueve. Lo oigo y lo agradezco como mamá.
—¿Va a ser periodista?
—No lo sé. No ha decidido su futuro profesional.
—¿A dónde va Carmen Aristegui cuando tiene que recargar ese optimismo? 
—A mi casa. Voy con mi hijo