Belinda y Diego Boneta, del escándalo y la fama

'No he estado enamorada de verdad', dice ella; ‘lo que más miedo me da es arrepentirme’, revela él.

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Ambos son guapos, jóvenes, talentosos y exitosos; ante ese escenario, una mala vida se antoja improbable. Sin embargo, más allá del glamour que aparenta su perfil, para nuestra nueva edición, Isaac Garrido consigue sostener una plática profunda con ellos sobre la fama, el amor y el sueño americano.

Mientras se encuentra a punto de conquistar la gran pantalla con la película ‘Baywatch', en donde compartió creditos con Zach Efron y 'La Roca', Belinda nos confesó que nunca ha estado enamorada de verdad, ni de Giovani Dos Santos, ¿qué no salió bien?, le preguntamos abiertamente, "en ese momento estaba en una burbujita". Además nos dice si se ha encontrado últimamente con él luego de aquél intercambio de mensajes en Instagram, y habla del por qué se siente muchas veces agredida por la prensa.

Por su parte, Diego Boneta nos revela que acaba de conseguir el protagónico de la nueva película dirigida y producida por James Franco y comparte las razones por las que no le dieron un importante papel en Hollywood: "Mentiría si no dijera que no me dolió en el alma".

En nuestras páginas también encontrarás nuestro segundo ranking anual de los mejor vestidos Vanity Fair México y un artículo que te transportará por la historia de Los Ángeles Azules.

Además, en nuestro artículo 'Orgullo (gay) en el Vaticano' el sacerdote Krystof Charamsa nos habla cómo llegó a declararse abiertamente homosexual.

*No te pierdas todos los detalles en nuestra edición septiembre 2016.

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EL JUEGO DE LA FAMA

Apenas llega y Diego Boneta saluda a todos en un tono más que amable. El arribo del fotógrafo de origen taiwanés Yu Tsai detona un diálogo en perfecto inglés. Discuten el concepto de las fotos. "La palabra clave es colaboración. Para que esto fluya se tiene que estar en la misma página", expresa el actor.

Diego tiene ese aire cool. Habla con total desenfado cual boy next door formado en Hollywood. Y lo es de algún modo. Se codea con Tom Cruise: “Hasta la fecha me mantengo en contacto con él”; Will Smith, al que define como “un muy buen amigo” y Jared Leto. Para cuando platicamos, ya habrá saludado a Belinda y le habrá preguntado por alguno de los proyectos en los que está sumergida. “Nos conocemos hace más de 15 años, tuvimos una productora en común (Rosy Ocampo). Conozco a su hermano, a sus papás. Hace mucho no los veo”, dice Diego.

Belinda ha puesto un pie fuera de la camioneta y luce impoluta a pesar de la temprana hora. En la joven estrella nacida en Madrid hay una belleza innata, de esa que parece haber sido manufacturada por la naturaleza para los estándares que exige el pop universal: esbelta, cabellera rubia, ojos claros y una sonrisa que sobresalen aún cuando va de ropa deportiva y sin maquillaje. Su única exigencia es un buen desayuno: “Quiero algo fuerte, unos huevos o un cuernito”. Su solicitud resulta bastante terrenal considerando los desplantes que la prensa suele adjudicarle. “Realmente pocas personas me conocen, pocos saben cómo soy”, dirá más adelante.

Cuadrar las agendas de ambos ha sido una labor titánica, pues van a contrarreloj y se hallan en un vendaval de proyectos. Al día siguiente de nuestro encuentro, Diego viajará a Ohio para comenzar el rodaje de una nueva cinta. En fila tiene el estreno de The Titan, un thriller de ciencia ficción donde comparte créditos con Sam Worthington y Taylor Schilling y en el que por primera vez encarna un personaje latino. Además le espera Before I Fall, cinta “muy fuerte entre los teens”.

La de Belinda no es menos agotadora. Acaba de debutar como diseñadora de calzado, concluyó su participación especial en Baywatch, su primera gran producción hollywoodense donde compartió créditos con Zac Efron y “La Roca”, y en noviembre su voz se escuchará por toda Latinoamérica en la cinta animada Trolls, para la que realizó el doblaje y todos los temas de la comedia musical.

Además de agendas de vértigo, comparten el haber intercambiado una infancia por sets de televisión.

Para Belinda la fama era natural en cierta medida. Es nieta de Pierre Schüll, el torero francés originario de Arles, pionero en tomar la alternativa en la plaza de su ciudad natal. “Se fue a Madrid y le dio la alternativa a Luis Miguel Dominguín (padre de Miguel Bosé)”, cuenta la cantante, quien acabó en México cuando la familia se trasladó con la intención de desarrollar un negocio de farmacéutica. “Tengo memorias muy breves, muy cortas de lo que era mi vida antes de ser famosa. Desde que tengo nueve años he vivido con la gente, la prensa siempre hablando, todo lo que tiene que ver con la fama, las cosas buenas y no tan buenas”.

Recupera aquel día en que los Peregrín Schüll iban en el auto familiar y pasaron cerca del Estadio Azteca. Tenía nueve años cuando le dijo a su madre que ahí realizaban audiciones para una telenovela. “Mi mamá, con esos cojones que tienen los españoles, me bajó del coche. Le dijo a mi papá: ‘¡Estaciónate, espéranos el tiempo necesario!’”, rememora soltando una carcajada. “Mi papá muy de malas dijo: ‘¡Están locas!’ Desde ahí no he parado”.

Diego dejó de lado una senda empresarial. Su madre, Astrid Boneta es banquera. Su padre, Lauro González fue director de la compañía de satélites SATMEX y pasó por las filas de Omnilife. Admite que no hubo presión por seguir un camino similar. “Mi papá sería la persona más feliz si lo hubiera hecho. Cuando empecé fue al que más trabajo le costó apoyarme”. Hasta la fecha, sus progenitores se han mantenido al margen. “Nunca quisieron ser mis representantes. Me decían: ‘Puedes correr a un manager pero no puedes correr a un papá’. Siempre han estado muy cerca de mí pero como su hijo”.

Lee el texto completo en nuestra edición impresa de septiembre 2016.