Barbie, otro intento de inclusión social

La muñeca más famosa del mundo ha lanzado varios modelos de cuerpos, talla, color de piel y hasta rasgos raciales.

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No es la primera vez que la empresa Mattel lanza una edición de Barbie que dista de ser la tradicional chica rubia hiperdelgada y con piernas extralargas, pero ahora la empresa parece estar haciendo una apuesta más seria que nunca, porque —según han explicado en un amplio artículo en la revista Time— esta vez parece que esas siluetas diversas llegaron para quedarse.

Si bien, en un inicio fue el color del pelo o el color de piel, ahora, el cambio va hacia los cuerpos curvilíneos, a la estatura (Barbie petite y Barbie tall) y hasta las fisonomías del rostro, como grosor de la boca y nariz o lo rasgado de los ojos, tan diferentes —pero a la vez tan iguales— como los millones de niñas que juegan con ellas alrededor del mundo.

La noticia de esta innovación ha vuelto loco a internet y puesto a tope de comentarios las redes sociales: muchos se vuelcan en elogios a la marca por haber hecho caso a años de peticiones sobre desmitificar los estereotipos de belleza femenina y acercar los juguetes a la realidad de las pequeñas (y pequeños) fans de la muñeca.

No obstante, en los años consecutivos a 1959 (cuando Ruth Handler —su creadora— la presentó en sociedad en una feria de juguetes en Nueva York), han existido intentos por hacer de esta muñeca un modelo de inclusión.

Por ejemplo, en 1968 la empresa lanzó a Christie, la primera muñeca afroamericana. A ella le siguió "Barbie negra", que en 1980 causó sensación por su piel oscura, pero rasgos de raza blanca.

Un caso fallido en este rubro fue la Barbie Oreo, que quiso ligar a las famosas galletas con las muñecas, pero resultó confuso: no se sabía si era una chica a la que le gustaban las galletas, si era un concepto despectivo o si se referían a que Barbie era negra por fuera, pero blanca por dentro.

Existió también una edición de Barbie en 1997 donde aparecía en silla de ruedas, se llamaba Becky, y se ligaba al eslogan “comparte una sonrisa”, como señal de inclusión a las personas con discapacidad. De hecho, en la publicidad se podía ver a Barbies sin discapacidad, jugar y convivir con Becky.

Otro ejemplo más de este tema de diversidad se vio en un comercial en video que anunciaba una colaboración con la marca Moschino.

En el 2015, ya bajo la dirección creativa de Jeremy Scott, la firma subió a YouTube la publicidad donde se observa a niñas y a un pequeño emocionados por los atuendos fashion de sus Barbies. Un guiño certero y positivo hacia la comunidad gay.

 

 

 

Y después de tantos intentos de inclusión, de buscar la diversidad (y la satisfacción de los compradores y aceptación de la sociedad), Barbie cambia otra vez.

En una charla con chicas de 30 años que crecieron jugando con Barbie surgieron varios comentarios al respecto de estos nuevos modelos de muñecas: ¿El cambio de apariencia física hará que las niñas se sientan más cómodas con su cuerpo? ¿La aceptación del físico que les toco tener está influenciado por los juguetes o por la educación que les dan sus padres? ¿Las niñas en verdad pedirán que les compren la Barbie que es bajita, súper alta, talla M/L, o de piel morena? ¿Cambiarán las muñecas la concepción de belleza que existe?

Las respuestas a estas y más interrogantes solo se verán con el paso del tiempo, al saber si estas nuevas muñecas logran conquistar el mercado o si serán devueltas a la fábrica.