El discurso que hizo llorar a Malia Obama… y a muchos más

En un mensaje conciliador, esperanzador y optimista aun ante la llegada de Trump, el aún presidente de Estados Unidos se despide en Chicago.

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Fue una noche con sabor agridulce, el discurso que dio fin a los mensajes oficiales de Barack Obama hizo llorar a su hija Malia (la única de las dos presente ahí, porque Sasha tenía un examen al día siguiente) como a otros más que hicieron fila desde el martes en la mañana para presenciarlo desde un buen lugar en el Farewell Address, y unos tantos millones que siguieron sus palabras a distancia.

Barack Obama se despidió en Chicago, entre la multitud que es lo que tanto disfruta, en la ciudad que lo vio crecer como político y donde conoció a Michelle. Por cerca de 45 minutos, el aún presidente de los Estados Unidos emitió un mensaje de esperanza, de orgullo por los logros cumplidos, de unión para estos tiempos de disgregación, pero también habló de esas heridas que aún le duelen a él y a su país: la xenofobia, la desigualdad y, sin mencionarlo con palabras explícitas, el hecho de no haber logrado pasar el poder a una política que pudiera dar continuidad a su trabajo de ocho años.

Su discurso terminó con ese lema positivo “Yes, we can”, la frase que lideró su gobierno, pero que a días de que asuma el poder no solo el bando republicano, sino un hombre que lleva en su abultado copete las ideas antiinmigrantes, proteccionistas, del nacionalismo blanco y de segregación, ese “sí, nosotros podemos”, sabe un tanto frustrante.

Es verdad que la derrota de Hillary Clinton no fue apabullante —de hecho ganó el voto popular con 2 millones de sufragios—, pero los votos claves dieron el triunfo al conservadurismo y la realidad es que parte de quienes eligieron a Donald Trump fue por rechazo a lo ocurrido durante la administración de Barak Obama sumado a la antipatía que sintieron otros por la excandidata demócrata.

barack obama ultimo discurso en chicago con aroma a frustracion

Ante ese panorama, el 44 presidente de los Estados Unidos optó por un discurso conciliador, que dejara a sus seguidores no con ese sentimiento de derrota, sino de que a un país no lo hace solo su representante o sus gobernantes, sino el pueblo: “Es ese espíritu el que nos ha hecho una potencia económica, que nos hizo despegar de Kitty Hawk y Cabo Cañaveral; el espíritu que cura enfermedades y pone una computadora en cada bolsillo”.

Las lágrimas de Malia Obama fueron evidentes, no solo al mencionarla junto con su hermana Sasha, sino por otros momentos más en donde las palabras de su padre conmovieron tanto a los asistentes como a otros millones en el mundo que los miramos a distancia. Como cuando tocó un tema aún sensible en su país: "Si vamos a hablar de raza, tenemos que mantener las leyes contra la discriminación (...) La raza sigue siendo una fuerza poderosa y a veces divisiva en nuestra sociedad", porque Malia, al igual que sus padres y otra minoría en EUA, ha sentido —incluso en su papel de hija de un presidente— el pertenecer a la raza negra.

"Cada día aprendo de ustedes. Me han hecho un mejor presidente y un mejor hombre", les dijo el primer afroamericano que llegó a la Casa Blanca en 2009, el que se va con el orgullo de haber aumentado la creación de empleo, de haber ampliado los servicios médicos a 20 millones de personas, el que capturó y fulminó a Osama bin Laden, el que ganó un premio Nobel de la Paz por los acuerdos con Cuba e Irán, pero también el que no logró cerrar Guantánamo, no terminó de conciliar con sus opositores y el que se despide de un país polarizado.

barack obama ultimo discurso en chicago con aroma a frustracion

Obama está consciente de ello, lo sabe, pero aun así se muestra satisfecho de su labor y deja una última promesa de mantenerse en activo: “No me detendré. De hecho, estaré con ustedes, como ciudadanos, durante todos los días que me quedan”.

Las lágrimas de los Obama

El momento más emotivo fue cuando Obama habló directamente a sus grandes apoyos, además del vicepresidente Joe Biden quien fungió como un amigo para él, la audiencia aplaudió a la “primera familia”. “Michelle LaVaughn Robinson, mi mujer, la madre de mis hijas, mi mejor amiga, asumiste un rol que no te fue pedido, y lo ejerciste con estilo y humor. Michelle, hiciste de la Casa Blanca la casa de todos. Eres el modelo a seguir” dijo con lágrimas el mandatario que en gran parte debe su popularidad a esa mujer.

A su hija mayor que estaba ahí, y a la menor que no pudo asistir, también les recordó: “Malia y Sasha, a pesar de las circunstancias especiales, se han convertido en dos increíbles jóvenes mujeres, inteligentes y hermosas, pero lo más importante: amables, consideradas y llenas de pasión. Han llevado muy bien la carga de ser el centro de atención estos años. De todo lo que he hecho en mi vida, de lo que estoy más orgulloso es de ser su padre”, les dijo a estas chicas de 18 y 15 años de edad.

De este modo, el hombre que llegó tras bambalinas, en un carrito de golf, para dar su discurso como el primer presidente afroamericano, se despide de un mandato doble que por lo ocurrido durante él, ya hizo historia.