¿Qué hay detrás de esa foto incómoda de Raúl Castro y Barack Obama?

En una visita histórica, de fines más amistosos que políticos, hubo una imagen impactante.

La visita de Barack Obama a Cuba marcó un hito histórico por ser el presidente estadounidense que se atrevió a pisar la isla luego de que en 88 años ninguno en función lo había hecho. No hubo anuncios de acuerdos trascendentales, al parecer fue un viaje más de acercamiento, pero dentro de ese itinerario que incluyó un paseo por la vieja Habana, música cubana en una cena y un partido de béisbol, el momento más político quedó plasmado en una fotografía.

Desde que Fidel Castro era un joven líder de la república socialista de Cuba suele levantar el brazo al llegar o terminar un acto político (que bien podía ser reforzado por esa frase que se disputa la autoría entre el “Che” Guevara y Castro: “Hasta la victoria siempre”). Y así lo ha hecho también su hermano, el ahora presidente de Cuba, Raúl Castro con mandatarios que los visitan —o tienen encuentros— como Nicolás Maduro, Hugo Chávez, Luis Inácio “Lula” Da Silva, Evo Morales y ahora, Barack Obama, quien a diferencia de los otros representa una hegemonía capitalista.

La escena lógica de esta tradición es: el líder cubano levanta el brazo del presidente que lo acompaña y éste último coloca un puño fuerte que se yergue hacia el cielo. Todos aplauden. Esa historia no ocurrió así con Obama.


Al término de la charla privada que tuvieron los presidentes de EUA y Cuba ofrecieron una conferencia de prensa para los medios que los siguieron en ese afamado encuentro. Una vez que acabaron de dar cada uno las respuestas solicitadas, Raúl Castro tomó el brazo izquierdo de Obama para que él levantara su puño, como esa histórica seña socialista que significa “victoria”. La reacción fue un brazo flácido, desganado, que se negaba a realizar el saludo.

Hasta hace unos años era impensable que un líder cubano levantara el brazo —cual réferi de box— al líder del país capitalista por excelencia en el mundo. En este 22 de marzo de 2016, sucedió.


En este encuentro se prometieron mayores libertades para viajar del país anglosajón a la isla y viceversa (lo cual es mucho más complejo de lo que suena), también que los cubaos tendrán mejores conexiones a internet y que el embargo podría cesar (aunque eso depende del Congreso, no de Obama). Sin embargo, se dejó claro que los países tienen diferencias incompatibles pero que estas no deben mermar su relación de respeto y libertad.

La visita de dos días que hizo Obama es el último capítulo de la política de “normalización de las relaciones” entre Cuba y Estados Unidos, algo histórico, pero poco contundente. Es, como la foto de ese brazo que se niega a ceder, un “sí, pero no”.

El líder ausente
Apenas un par de días antes de que Obama pisara Cuba, Fidel Castro había recibido al presidente venezolano Nicolás Maduro. A Barack Hussein se negó a verlo, al menos en esta ocasión. Con ello dejó claro lo que expresó en una carta dirigida a la Federación Estudiantil Cubana (publicada el 26 de enero del 2015): “No confío en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos o peligros de guerra”.

Mientras La Habana ha vivido un furor por la estancia de los Obama y el concierto de los Rolling Stones, el verdadero líder socialista, Fidel Castro, permanece oculto y alejado de ese bullicio. Esa camaradería que mostraron Raúl Castro y Obama en el partido de beisbol entre “Los Rayos” de Tampa Bay y la Selección Nacional de Cuba se pudo representar la buena voluntad de limar asperezas. No así el que Obama se haya negado a realizar el saludo socialista o que su gobierno —o el que le seguirá— concreten la verdadera historia de terminar por completo esos años de hostilidad.