Sex & The City, una oda a la desesperación

El 6 de junio de 1998 daba inicio el suceso televisivo que llevaría a miles de mujeres a aspirar a ser Carrie Bradshaw… por razones equivocadas.

Hace 19 años se estrenaba la serie que convertiría a Carrie Bradshaw (y por ende a quien le dio vida, Sarah Jessica Parker) en toda una fashion icon. Algo para nada malo, pero fuera de ese título, la protagonista nunca tuvo mucho que ofrecer en realidad (sorry, Candace Bushnell). ¿Acaso no había ocasiones en las que queríamos ahorcarla? Adelante, haters, aunque sería bueno que siguieran leyendo antes de desatar su ira.

Es cierto que muchas féminas anhelaban ser ella. Me atrevo a pensar que en realidad lo que deseaban era su estilo de vida (porque a nadie le gusta terminar mojada con agua de charco en plena calle, entre otras cosas). Por favor, no nos engañemos. ¿Quién no quiere vivir en Nueva York? ¿Quién no quiere escribir para Vogue? ¿Quién no quiere desayunar –delicioso- en restaurantes o cafeterías todos los días, sin subir un gramo y sin matarse en el gimnasio? Por último, ¿quién no quiere un clóset lleno de zapatos de diseñador?

Esos adornos consiguieron ocultar durante mucho tiempo lo mal que estaba Bradshaw. De verdad, créanme que disfruté cada capítulo tanto como ustedes. Nadie puede negar que la producción hizo un gran trabajo -hay Emmys que lo avalan-, el punto aquí es que el personaje principal es una vergüenza; una damisela en apuros disfrazada de heroína (por lo general muy bien vestida), además con muy mala suerte en el amor (por lo menos Bridget Jones aceptaba que era un desastre). Después de ver la historia de principio a fin –por quinta vez- lo vuelves a confirmar o te das cuenta de ello.

Basta analizar la temporada uno. El primer episodio aborda lo que muchas mujeres en los 30 hemos jurado una y otra vez: dejar de agobiarnos por encontrar al hombre ideal y disfrutar como lo hacen los hombres; teniendo sexo sin ataduras. La única capaz de cumplir la misión con éxito fue Samantha Jones (Kim Catrall), a mi parecer la más real y divertida del grupo, el máximo ejemplo del amor propio. Si bien ella se la pasaba livin’ la vida loca, las demás se encontraban en busca de una relación formal, por más “relajadas” que se propusieran estar.

Carrie se enredaba con uno, dos, tres, cuatro, cinco hombres (contamos solo del episodio uno al 12). ¿Cómo olvidar al arquitecto francés que la confundió con una sexoservidora? Ojo, el problema nunca fue la cantidad sino la calidad (para muestra las otras cinco temporadas y un post-it). Si a eso se le suma que Mr. Big (Chris Noth) le confiesa que no quiere volver a casarse en The turtle and the hare y la presión del reloj biológico en The baby shower, Ms. Bradshaw nunca tomó en serio aquello de “dejar fluir”. ¿El colmo? A sus más de tres décadas respirando en este planeta seguir estancada en un papel de víctima. Si se le podría “admirar” por aguantar tantas (ya sabe qué) y lo que muchas no permitirían jamás. Más vale emprender la retirada con dignidad, aunque sea luego de la primera pisoteada. Carrie, reina de las segundas, terceras, cuartas, quintas oportunidades.

¿Nunca consideró hacer trabajo de autorreflexión? Es sorprendente que no se le viera fumando en un diván. Obvio pagar un terapeuta es carísimo (mejor un vino) y por supuesto que contaba con sus amigas, pero parecía que cada conversación -con diferentes puntos de vista- la llevaban solo a divagar y a hacer lo suyo con maestría: comprar un boleto al “malviaje” o envolverse en Prada y lanzarse en caída libre desde el balcón de su corazón. Para nada se minimizan sus buenas, valientes acciones, el detalle era que escaseaban, como sus destellos de sensatez.

Qué lástima que Samantha no llevó las riendas de esta historia, otra cosa hubiera sido. A finales de los 90 todavía recuerdo que se le llegó a tachar injustamente por su papel de libertina, por ejercer su sexualidad de manera plena, sin tapujos. Por su lado, Charlotte, Miranda y obvio Carrie lidiaban con el sexo anal, los juguetes sexuales, los fetiches y otros “¡Santa María purísima!”. Ojalá que en estos tiempos se aspire a ser más Samantha y menos Carrie.