Guía para dejar el auto sin frustrarse (tanto) en el intento

Ante la tragedia solo queda la resignación y la acción; bajarse de un vehículo privado y entrar en uno público tiene sus paraísos.

Si tu coche se averió, si tu hijo/pareja/padre/madre te pidió tu vehículo por uno o varios días, si el gobierno te quitó la posibilidad de circular diario, si el aire es tan asqueroso que de motu proprio has decidido no usar auto, no sufras, la vida no es tan mala en el transporte público.

Obviemos que ahora que has decidido (o sido obligado a) dejar el auto, deberás sentarte donde se sientan cientos de miles de personas a diario, tocar los tubos donde se sujetan millones de dedos y compartir tu aire y espacio personal con otros tantos seres humanos que viajan diario en el transporte colectivo y no se quejan (o tienen mejor resignación) de que no tienen automóvil.

Así, como todo un habitante de una ciudad cosmopolita y sobrepoblada, te invitamos a tomar la mejor de tus caras y afrontar con dignidad el hecho de que no tener auto no es la muerte sino una oportunidad más que nos da (o nos exige a tomar) la vida.

Reto de lectura.
Los libros que compraste en ese frenesí durante aquella feria del libro de hace diez años, ahora podrán servir para algo más que sostener el valioso polvo de tu librero. Ir en el transporte público hace más factible poder leer que si se va conduciendo un auto (o eso queremos creer). ¡Vamos! Incrementa ese promedio de lectura nacional y reta cuántas páginas puedes leer sin quedarte dormido o sin mirar tu celular. Intenta superar tu marca día con día.

Presenciar clases de belleza con expertos. En las grandes urbes de Latinoamérica se suelen practicar lecciones avanzadas de peinado y maquillaje en el transporte público. Desde luego que es preferible salir ya arreglado(a), pero si ese apuro por abandonar la casa más temprano te ha quitado esa posibilidad de terminar tu aliño personal, el transporte público te da una gran oportunidad.

Solo observa cómo esos hombres sacan un pequeño peine y se cepillan desde el bigote hasta el peluquín mientras se reflejan en alguna ventana del metro o autobús; copia ese estilo. Las mujeres son más osadas y suelen aplicar mascara, delineador líquido y hasta esmalte de uñas sin salirse del área indicada o lastimar su rostro o manos. Cada viaje será una ocasión ideal para descubrir cómo superan baches, topes o enfrenones sin dejar de arreglarse.

Comunicarte con tus seres queridos.
No llevar las manos al volante da lugar a tenerlas libres para mandar mensajes a tus amigos, contestar a esos que has dejado en “visto” por varias semanas, hablar con tu madre por Whatsapp y esperar pacientemente a que escriba-borre-pare-reescriba-vuelva a borrar-y coloque el emoticón perfecto para desearte de vuelta los buenos días.

Abrir tu panorama social.
Si al viajar en la soledad de tu vehículo las únicas caras que vez son las de las personas que malmiras o sonríes hipócritamente para que te dejen cambiar de carril, ahora en el metro o autobús tendrás una amplia variedad de rostros a los cuales observar: desde el que sostiene su cartera con cara de paranoia para que no lo asalten, hasta los que van roncando en el asiento o hasta esa persona coqueta que te mira a unos metros y ya te está dando miedo porque no deja de hacerlo.
 

Tonificar el cuerpo. Si tienes la posibilidad de caminar a tu trabajo sin usar el transporte público o tienes alma maratonista, verás que dejar de lado tu auto te dotará de un físico más agraciado. Con el paso de los días y la constancia en caminar cada vez más rápido (porque se veía bien fácil la ruta y al parecer no y ya se hace tarde), notarás cómo los músculos de tus piernas comienzan a perder milímetros de flacidez. Solo procura llevar una camisa extra o un buen perfume o desodorante para que esas caminatas no te dejen como quien tiene el mejor cuerpo, pero apesta más.

Aumentar tu material en redes sociales. Tus monotemáticos selfies que haces en el coche mientras estás atascado en el tránsito dejarán de circular por tus redes sociales. Caminar, ir en bicicleta o en transporte colectivo refrescará de contenido tu Instagram, Snapchat, Facebook y, con seguridad, Twitter, donde ahora seguramente aumentarán tus tuits con quejas hacia el mal estado de las calles, hacia el hacinamiento en el bus o los retrasos de los trenes del metro.

Deshaz los mitos urbanos.
Y para aquellos que reniegan bajarse del auto por razones de seguridad, la revista Vice recopiló datos sobre inseguridad. En el metro de la Ciudad de México, usado por alrededor de 5.3 millones de personas al día, se reportaron dos robos durante el mes de diciembre del 2015. En el mismo rango, los asaltos a automóviles alcanzaron la cifra de 32 por día. Esto sugiere que los pasajeros en el exDF están más expuestos a ser asaltados en sus autos que en el metro (o que quienes más denuncian son quienes tienen auto ¿?).

Ponte en modo avión.
Si todo lo anterior te resulta poco atractivo, siempre queda la posibilidad de intentar desconectarte del mundo, comprarte unos buenos audífonos y escuchar música sin hacer caso mas que en las bajadas y subidas que debas realizar para llegar a tu destino. Ante cualquier eventualidad, piensa que bajarte del auto hará de este mundo un lugar mejor y que con tu esfuerzo y el de muchos otros, lograremos respirar un milímetro cúbico de aire más puro.