Ideas no del todo inútiles para sobrevivir al cambio de horario

Llegó el día cuando suprimen una hora del día y muchos se sienten más estafados que al comprar dólares; respira y lee esto.

No, no es fácil aceptar que tu día empezará en tinieblas y que deberás levantarte una hora antes por razones como ¿ahorrar luz?, ¿acuerdos políticos?, ¿adoptar medidas de primer mundo (cuando estamos lejos de pertenecer a él)? Cualquier justificación, por muy razonable, real o descabellada que sea, no desvanece el hecho de que tendremos que ajustar la vida una hora atrás, dormirse cuando aún el sueño no llega así como despertar una hora antes de lo habitual. ¿Qué se puede hacer? Nada, aceptarlo y vivir con esto:

Negación. “¡No! ¡Nooo! ¡Devuélvanme mi hora!” es una reacción que muchos miembros del club de fans “Odio el horario de verano” tienen en esta fechas del año. Suele ser verbalizada o acompañada de memes, comentarios de antipatía y otro tipo de contenidos vertidos en al menos dos redes sociales de cada miembro. Es notable la cantidad de likes, caritas amarillas con enrojecimiento de furia y las otras con lagrimita en un ojo desprende cada una de estas muestras de desaprobación en Facebook. Aprovéchalas y gana simpatía con tu odio.

Confusión. “Entonces ahora que tengo una hora menos, ¿qué hora es?”, para salir de dudas, nada más efectivo que buscar en Google la hora de tu ciudad o mirar tu reloj en el celular. Alguien más listo que nosotros hizo unos teléfonos bien inteligentes que hasta cambian por omisión del horario normal al de verano. Si esto falla, haz una encuesta con al menos diez personas que luzcan despiertas y te puedan decir qué hora es. Omite dar esa información de que no sabes en qué minuto vives.

Dos décadas, en serio.
El horario de verano en México ocurrió por primera vez en 1996, ese fue el primer día en que todos los que pisan (o pisaban) ese territorio supieron lo que era retomar una idea de primer mundo y aprovechar la luz solar. Sí, aunque en las ciudades fronterizas y en especial en Baja California ya se aplicaba desde 1942, pero como lo que no ocurre en el ex DF, perdón Ciudad de México, es como si no existiera para todo el país, pues “oficialmente” hace 20 años que sabemos que el horario de veranos nos quita una hora que se nos devolverá por ahí de octubre en alguna fiesta de Halloween.

Así, si eres de los que aún arrojan comentarios como “¿entonces a qué hora empieza el horario?” o “¿habrá más o menos luz?”, “¿la Tierra se adelantará también una hora?”, “¿mi reloj va a seguir funcionado igual?” o “¿qué hora es ahora?”, mejor planea mudarte a un país del Ecuador o regresa al punto anterior.

La excusa imperfecta. Ya no vale decir que se te hizo tarde porque “no te enteraste del cambio de hora”, o que tu reloj “no quitó una hora y por eso…”, nada. Eso era válido decirlo en 2001, ahora, a 20 años de esta linda tradición, nadie lo cree. Evita pasar por ignorante o iluso y prevente de cualquier mala jugada que te quiera hacer solamente en esta madrugada la tecnología del siglo XXI o los duendes de los relojes. Este ya no es el día que te otorga el pretexto perfecto para ser impuntual.

Haz como si fueras de viaje.
Al viajar a Europa o Asia (no decimos África u Oceanía porque en verdad, ¿cuántos vamos para allá seguido?), debes ajustarte ese jetlag lo más pronto posible para disfrutar de esas maravillas que tu país tiene, pero tú las quieres vivir más lejos y con gente que habla en otros idiomas. Entonces ¿qué haces? Resignarte y tomar los hábitos de día y noche, de almuerzos y meriendas aún cuando tengas sueño o no, aún cuando tengas hambre o no. Pues por una hora que quitaron aquí, la tarea luce más sencilla que con 7 o 10 que mueven al ir allá. ¿Solución? Hacer como que se viajó a Miami, San Francisco o Nueva York u otra ciudad así cosmopolita chic y dejar de llorar y de quejarse. Poner una foto de estas ciudades en la pantalla del celular ayuda para darse motivación cada que se consulte la hora.

La vida no acaba.
No, de hecho ahora empezará ahora una hora antes. Y según señalan estudios avanzados en ociosidad de la Universidad Pontificia de Harvard, los efectos del cambio de horario no deben durar más de una semana. Quejarse más de ese tiempo ya es risible. Aprovechar esa hora más de día y dejar que esos rayos del sol penetren en el alma repleta de odio contra el cambio de horario mientras caminas por la calle o por un prado será tu recompensa por aceptar lo inevitable. O no.