Guía definitiva para sobrevivir a las fiestas navideñas (vol. I)

Las celebraciones de la temporada pueden ser una pesadilla si no aplicas ciertas tácticas de supervivencia.

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Que alguien te salve… de tu familia.
Has salido airoso tantos años que –en teoría– no deberías naufragar, pero en el tema de las reuniones familiares no hay nada escrito y el drama está a la orden del día.

Primero: No vuelvas a caer en el error fatal de criticar la cena (no lo niegues, siempre lo haces); así no la hayan cocinado y la compren preparada, las matriarcas de la casa suelen ofenderse mucho.

Segundo: Evita hacer caras de insatisfacción al ver lo que te tocó en el intercambio de regalos… ¿realmente crees que alguna vez alguien ha quedado contento con esos obsequios? Agradece que no te hicieron la broma que circula en la web donde a una niña crédula le hacen pensar que su regalo es un iPad y en realidad es un pedazo de madera envuelto.

Tercero: Antes de soltar el más insignificante comentario que pueda sonar incómodo para tu sensible parentela, piénsalo unas 500 veces; recuerda que si haces algo mal, tendrán todo un año para reprochártelo.

Recomendación: No te vayas de after-party a un table-dance con tus cuñados o primos, por lo general estas incursiones acaban con fotografías comprometedoras con desnudistas, chantajes y divorcios.

Te rogamos que no: Si de casualidad te aventuraste y eres el invitado a la reunión familiar de tu pareja en turno, que Dios te acompañe. Más vale que pases la Nochebuena solo en algún parque abandonado calentándote con tu encendedor, que meterte en esos laberintos sin salida.

La grandiosa posada oficinista.
Todo el año les ves las caras… ¿a quién se le ocurrió la idea de que la posada con colegas de la oficina será algo deseable a estas alturas? Bueno, en el universo Godínez es una de las celebraciones más esperadas. Pero si tú alucinas todo lo que tenga que ver con los clichés de la típica fiesta navideña corporativa, entonces con el intercambio de regalos, la rifa del televisor, el discurso motivacional del director de la compañía y demás convencionalismos, la vas a pasar muy mal.

¿La solución? Unos días antes avisa que te sientes inminentemente enfermo y que lo lamentarás mucho, pero que cuando sea la cena lo más seguro es que estés en tu cama o sólo en casa, mirándote al espejo como “Mi pobre angelito”, con una gripa monumental. Así, cuando no te presentes en la fiesta, todos lo entenderán.

El tip: Si de plano no puedes evitar ir, llena el iPhone de tu música favorita más ruidosa (algo de noise vietnamita experimental setentero, por ejemplo) ponte los audífonos y haz como que estás escuchando cuando te hablan. Contesta afirmativamente a todo, pero ocasionalmente para que no sospechen nada, haz un movimiento negativo con la cabeza y pon cara de que no estás de acuerdo.

Evita por favor: El día del evento, si es que te quedas en casa, no contestes llamadas ni des indicios de vida en Facebook, la situación se te puede revertir y media oficina podría llegar a tu hogar (llevando consigo el equipo karaoke de la chica de Recursos Humanos), con el fin de “animarte” y armar la velada ahí contigo, toda la noche.

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La reunión navideña post- Universidad.
Los clásicos reencuentros en los que todos van a exhibir sus fantásticos logros de vida y uno que otro a buscar pretextos para suicidarse en año nuevo, suelen ser divertidos hasta cierto punto. Para salir airoso de esta pasarela de la vanidad debes llegar en un mejor coche que esa chica que te odiaba, presumir a una mujer más guapa que la que va con el tipo que te quitó a la novia en tercer semestre, etc.

La clave para pasarla bien es darle a todos por su lado. Ríete de los chistes del otrora bufón de la clase (que en teoría debería ser un exitoso standupero, pero que trabaja en las AFORES), muéstrate impresionado con las fotos de los cinco hijos de tu ex compañera que siempre se pareció a Susanita (la de Mafalda), quédate con la boca abierta ante el egocentrismo del típico “triunfador” que cada vez que opina es para presumir algo. De repente, suelta alguna frase trillada tipo “el éxito es hacer lo que te gusta” (aunque tú ni hagas lo que te gusta, ni nunca hayas tenido éxito en nada). Esas frases existenciales de cajón como de Jodorowsky meets Paulo Coelho, son lo que le gusta escuchar a la gente, sobre todo a tus antiguos amigos, ésos que querían cambiar el mundo y que ahora pensarán de ti: “qué rebelde es, porque no sigue a los demás”.

El tip: No te embriagues o acabarás llorando en el hombro de uno de tus ex homies, confesando que en realidad ni siquiera te graduaste porque nunca aprobaste la materia de etimologías grecolatinas.

Evita por favor:
Asistir.