Exclusiva Vanity Fair: Emma Stone nos cuenta cómo la transformó La La Land

Nominada al Oscar y ya con un Golden Globe en la mano, la actriz de La La Land, nos habló de su experiencia haciendo el actual filme favorito de Hollywood.

La La Land hizo historia convirtiéndose en la primera película en lograr llevarse siete Golden Globes, imponiendo así un nuevo récord para el evento. Se hizo de la estatuilla otorgada por la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood en cada una de las categorías donde estuvo nominada: Mejor Película Comedia o Musical, Mejor Actriz (Emma Stone) y Actor (Ryan Gosling) y en una Película Comedia o Musical, Mejor Director (Damien Chazelle), Mejor Guión, Mejor Música Original, Mejor Canción Original.

Con su categórica victoria en los Golden Globes, La La Land mantiene una tendencia ganadora que la posiciona como la favorita para las nominaciones y desde ya algunos de los premios mayores la noche del Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood a finales de febrero.

Durante el pasado Festival Internacional de Cine de Toronto, conversamos con la actriz sobre su trabajo en este musical, la pasión artística, la vida de rechazos de un actor buscando hacer una carrera y hasta de cómo actuar e improvisar la ayudan a combatir la ansiedad.

Háblanos de esta parte de La La Land, lejos del romanticismo y el homenaje al musical, sobre una ciudad de soñadores y de apasionados con el arte, donde dichos sueños se construyen con base en constantes rechazos. Para llegar a donde estás viviste eso que vemos en la película que es el desfile de absurdos, ridículos y molestos castings.

Es verdad. Eso es de cierta manera divertido, porque a la distancia puedes reírte al recordar esas cosas, al revivirlas o reinterpretarlas en escenas como esas. Creo que es algo que muchas veces se olvida sobre actores y actrices que empiezan o empezamos a recibir más proyectos y más oportunidades, eventualmente tuvimos una etapa en la que no había ninguna oportunidad, en que no había llamadas telefónicas con ofertas de proyectos, cuando lo único que te mantiene siguiendo adelante es precisamente esa profunda pasión por lo que haces.

Es una experiencia particular el poder tomar algo de mi vida personal, de lo que he vivido en mi carrera, para entender y dar vida a ciertas escenas, Te pone ante un espejo, porque también sabemos que junto con estas nuevas oportunidades, llegan sacrificios de otro tipo que hay que hacer y que no son siempre sencillos, a pesar del amor que sintamos por lo que hacemos. Y que es uno de los muchos puntos que me gustaron del guión, que cuando me llegó pensé era una genial locura tan solo por tratar de hacer ‘un auténtico musical clásico modernizado’, como Damien (Chazelle) me lo describió.

Tu papel es una interpretación que requiere sutilezas del momento tanto como mucha preparación técnica previa, ¿cómo abordaste esa experiencia?

Me gustaba la idea del reto. Me espantaba y me gustaba por lo mismo. Yo ya había estado trabajando en Broadway, pero esto era mezclar esos dos mundos donde había trabajado y llevarlo a otro nivel.

Pero sabes que estás en buenas manos cuando escuchas a Damien hablar de la película, de qué quiere crear y compartir, de cómo y de dónde llegan esas ideas para secuencias y escenas que son complejas y enormemente coordinadas, y que sabe también dejarnos ser como actores y proponer y aportar, y ahí había oportunidad para improvisar, y hacerlo con alguien con quien me siento con plena confianza como Ryan (Gosling), para dejar que el personaje se haga cargo de pequeñas situaciones y momentos junto con el personaje que interpreta quien está contigo, hay una plena confianza en dejarse llevar sin red de seguridad a partir de lo que el otro te indica o te muestra o lo que sientes en la escena.

Por ejemplo, en la escena donde hago la audición y de comenzar el relato paso a cantar, no había una pista como tal para que yo siguiera, sino que Damien prefería que yo le diera el ritmo y yo decidiera cuándo cantar o cuando hablar, y para ello tenía yo un audífono escondido que me permitía escuchar a Justin Hurwitz (el compositor de las canciones de la película) en un pequeño piano electrónico acompañarme con la melodía, porque cantar por completo a capella y entrar en una cadencia musical sin acelerar o frenarse de más, era algo mucho muy difícil mientras tratas de imprimirle una fuerza dramática y emocional al momento mientras la cámara gira alrededor tuyo. Está ese balance de lo que yo puedo hacer y la libertad y confianza que se me da como actriz, y el concentrarte en hacer lo que tu director, el fotógrafo o tu compañero necesitan y saben por qué te piden que sea precisamente así.

Tanto tú como Ryan (Gosling) han comentado que la improvisación es algo central en su ‘química de trabajo’, y es algo que tú has hecho desde los inicios de tu pasión por la actuación, ¿correcto?

Así es. Ambas (ríe). Con Ryan es increíble porque desde que hicimos juntos Crazy Stupid Love, en algunas escenas e incluso en el casting, nos pidieron improvisar, y ambos nos sentimos muy identificados con lo que aportan este tipo de dinámicas. Creamos una confianza muy particular que te deja intentar cosas, sabes que te van a seguir si se te ocurre algo por instinto y sabrán alimentarlo. Es muy rico, todo se reduce a ese momento, a esa situación, a estar ahí.

Y la verdad es que eso es algo que me ayudó desde muy temprano en mi vida. No solo a desarrollarme como posible actriz cuando era una niña, sino para mí, ya que yo era una niña que padecía de ansiedad, podía estar nerviosa y aprehensiva todo el tiempo, preguntándole a mi mamá a qué hora me llevaría a la escuela, a qué hora pasaría por mí, qué haría mientras, dónde estaría. Hubo un punto en que mis padres me hicieron ver a una terapeuta porque era paralizante esa ansiedad, y en ese proceso empecé a participar en este grupo de teatro juvenil, donde hacía sketches de comedia e improvisación. Y la improvisación es sobre comprometerte por completo al momento, a estar presente y atento a la situación y a cada detalle a tu alrededor que puede provocar o significar algo y entonces no hay manera de pensar en otra cosa, es lo opuesto de la ansiedad.

En su camino hacia el Oscar, la joven actriz posiblemente tendrá que enfrentar un poco más de estrés y probablemente ansiedad, en una competencia donde ya no habrá división entre películas de corte musical o comedia y películas dramáticas, y donde sus contendientes estarán Natalie Portman por su interpretación de Jackie Kennedy en Jackie de Pablo Larraín y Meryl Streep que recibió su veinteava nominación por su papel en Florence Foster Jenkins.