¿Y si Diana siguiera viva?

Imaginamos futuros para una princesa con 56 años: ¿ermitaña o estrella mediática casada con George Soros?

El año que Lady Di murió, su popularidad era incuestionable: una buena prueba es que 33 millones de personas se pegaron al televisor (el 87 por ciento de las teles que había encendidas en ese momento en todo el planeta) para ver su funeral en directo. Unánimemente aceptada por la opinión pública como la víctima de un triángulo amoroso perverso, su labor como embajadora de causas benéficas no se detuvo tras su divorcio, que se hizo efectivo en 1996 (aunque el calvario de la separación había durado años).

Muy poco antes de morir, en 1997, visitó Angola y Bosnia, como embajadora del proyecto contra las minas antipersona que fue el buque insignia de su labor caritativa. Y también se reunió con la que entonces era la Primera Dama, Hillary Clinton, para informarle sobre las actividades que estaba llevando a cabo con la Cruz Roja. En Estados Unidos fue recibida con honores de Estado. Pero ¿qué habría pasado con la popularidad de Diana si su vida no hubiera terminado abruptamente en un túnel de París? ¿Si el tiempo y los avatares de la vida hubieren pasado por ella? No podemos saberlo, pero sí podemos extraer algunas conclusiones, analizando las cosas que han pasado en su entorno desde su desaparición y teniendo en cuenta la evolución del mundo actual.

¿Qué tal le iría en el amor?

Esta idea tan brillante de intentar aventurar cómo habría sido la vida de Diana de Gales no se nos ha ocurrido a nosotros por primera vez.

La ucronía dianiana regresa a los medios cada vez que se produce una efeméride relacionada con la difunta. La última vez que un medio hizo un análisis profundo de las posibles aventuras que hubiera corrido la Princesa de haber seguido viva fue en 2011. Newsweek le dedicó una portada con motivo de su 50 no-cumpleaños y se atrevió a hacer una reconstrucción digital de su rostro a lo Benjamin Button. El texto corrió a cargo de la directora de publicación, Tina Brown, quien conoció personalmente a Lady Spencer y además ha escrito varios best sellers sobre ella.

En este texto, Brown se atreve a decir que con la llegada de la madurez, Diana probablemente habría dejado de interesarse en playboys como Dodi para empezar a decantarse por hombres que le ofrecieran más seguridad. Señores poderosos y, por supuesto, con mucho dinero que estuvieran dispuestos a darle amor, pero también apoyo financiero para sus causas benéficas.

Brown lanzaba en 2011 algunas sugerencias que parecían inspiradas en información privilegiada que manejaba: "quizá le hubiera gustado un presentador de late night show con mucho sentido del humor, una inteligencia impresionante y mucha sorna” (¿lo dice en referencia a la estrella televisiva británica Jonathan Ross?), “tal vez se hubiera liado con un financiero trotamundos destinado a entrar en el Elíseo” (todo indica a que se refiere al magnate y político francés con raíces inglesas James Goldsmith), o “a lo mejor habría tenido un idilio de dos años con un general paquistaní vinculado, según se rumorea, con los servicios secretos de su país”.

El perfil psico-amoroso de Diana Spencer era complejo. Nadie puede negar que una jovencita que sueña con casarse con el heredero de la Corona tiene algo de gold digger, pero lo cierto es que dentro de su matrimonio buscó alivio en sus lacayos: mantuvo affaires con su guardaespaldas, su abogado y su instructor de hípica. Es cierto que una vez divorciada se la relacionó siempre con millonarios, pero si hacemos caso a los testimonios ofrecidos por sus amigos después de su muerte, Diana era una sentimental que se enamoraba sin un criterio fijo.

Cuando falleció viajaba al lado de el egipcio Dodi Al Fayed, un hombre al que frecuentaba pero al que no amaba. Este es un dato que manejamos gracias a su secretario personal, Paul Burrell, quien en 2010 reveló el gran secreto sentimental de la princesa: aunque en ese momento estuviera saliendo con el heredero de Harrods, su corazoncito pertenecía a otro.

Dos años antes de morir, durante una visita al Royal Brompton Hospital, del que era patrona benéfica, Diana se cruzó con un apuesto hombre en un ascensor y se enamoró instantáneamente de él. “Lo supe en cuanto le vi”, le dijo a Burrell. Era el cirujano de origen paquistaní Hasnat Khan. El romance nunca alcanzó la categoría de noviazgo y no sabemos si la relación habría prosperado de continuar ella viva, pero todo indica que no. Al parecer todo era muy tormentoso entre el doctor y la princesa porque él no quería hacer pública su vinculación –le daban pánico los medios de comunicación-. Además, estaba extremadamente pegado a sus raíces –la prueba es que al cabo de los años acabó casándose en Paquistán con una mujer paquistaní.

Si esto fuera cierto, tendríamos ante nuestras narices la prueba de que Diana, igual que Carlos, también era capaz de embarcarse en proyectos de pareja sin amor. Y que, al igual que su exmarido, era capaz de llevar una doble vida.


¿Se habría vuelto a casar? ¿Con quién?


Cuando Diana murió tenía 36 años. Hoy tendría 56.

Teniendo en cuenta su curriculum sentimental y sumándonos al planteamiento de Tina Brown, es posible que pasada la quinta década de su vida, la romántica con tendencia al drama hubiera ido dando paso a una mujer pragmática con mayor capacidad para tragarse sapos si la contrapartida fuera interesante desde el punto de vista económico.

Este es el retrato robot del hombre que a nosotros nos gustaría para Diana: un señor maduro (o casi anciano), sabio, enormemente discreto aunque capaz de mantener una relación fluida con los medios de comunicación, enormemente interesado en causas benéficas (o por las deducciones fiscales que reportan), suficientemente poderoso, experimentado e incluso, por qué no decirlo, temerario, como para no sentirse intimidado por los antecedentes de Diana ni por su condición de Royal; y receptivo a las mujeres con dotes para el flirteo.

El filántropo húngaro George Soros se ajusta exactamente a la descripción del puesto, ¿no creen? Un multimillonario próximo al partido Demócrata, con reputación de manejar los hilos del mundo. Con 83 años se acaba de casar por tercera vez con una consultora californiana de 42 años. Al enlace acudió el Presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim. Seguro que a él le habría encantado que la novia fuera una antigua aspirante a reina.

¿Cómo sería su relación con los medios de comunicación?

Podríamos decir que la persona que ha salido peor parada de su relación con los paparazzi en la historia de la humanidad fue Diana de Gales. Murió escapando de ellos.

Pero hasta que eso ocurrió, la princesa supo manejar con maestría a los medios de comunicación de masas que al fin y al cabo ayudaron a construir la imagen que de ella conservamos.

Tina Brown decía en 2011 que Lady Di se habría relamido si hubiera llegado a conocer el escándalo de las intervenciones telefónicas ilegales llevadas a cabo por las cabeceras del grupo de Rupert Murdoch y más en concreto por The Sun. Al parecer, en los últimos años de su vida Diana estuvo obsesionada con la idea de que tenía las llamadas intervenidas y que alguien había instalado métodos de escucha en algunos de los lugares que frecuentaba. Esta obsesión hizo que tras su muerte se dispararan las teorías conspiracionales: ¿eran el servicio secreto de Israel (el Mossad) quien vigilaba a Diana por su relación con el heredero de la gran fortuna egipcia Al Fayed, quien a su vez podía tener relaciones comerciales con traficantes de armas?

Ahora sabemos que el aliento que Diana sentía sobre su nuca era mucho más probablemente el de The Sun, que durante años había estado escuchando de forma ilegal e indiscriminadamente teléfonos de celebridades, royals y políticos, que de ningún servicio secreto. Y que aquel “radioaficionado” que dijo haber conseguido interceptar una llamada subida de tono entre Diana y su amante de finales de los ochenta, el abogado James Hilbey, fuera en realidad un recadero de Rupert Murdoch. Ella nunca lo llegó a saber.

Sin embargo, la obsesión de la Princesa con el espionaje de su privacidad no significó su distanciamiento de los periodistas, sino todo lo contrario. Cuando el mundo enloqueció con la filtración de las conversaciones con Hilbey, la reacción inmediata de Diana fue llamar a un escritor, su amigo Andrew Morton, quien, gracias a ese giro de los acontecimientos, se convirtió en su biógrafo oficial (y en el periodista más rico de Inglaterra). En 1992 el libro de Morton, Diana, su verdadera historia se convirtió en un best seller mundial y ayudó a Lady Di a dibujar definitivamente su imagen de "princesa del pueblo”.

El buen rédito reputacional de este movimiento llevó a la la Princesa a rematar la segunda jugada maestra: la entrevista que concedió en 1995 al periodista de la BBC Martin Bashir. A él le habló abiertamente por primera vez y en público de su romance con su profesor de hípica, James Hewitt, de sus problemas de bulimia y sobre todo, de su absoluto conocimiento de la proyección ósea que llevaba sobre la cabeza. Es decir, que Carlos le estaba poniendo los cuernos con Camilla. Esta entrevista supuso la canonización popular de la Princesa, pero también fue el inicio de su calvario con los paparazzi, de quienes estuvo escapando permanentemente hasta el momento de su muerte. Pero, ¿y si aquel día el coche hubiera salido victorioso de la persecución?


¿Habría podido mantener su papel de víctima?

No hay ningún motivo para creer que Diana no habría seguido usando a los medios en su propio beneficio cuando le hubiera sido necesario y que se hubiera acostumbrado a las servidumbres propias de la celebridad en el nuevo milenio. Su hijo y su nuera, por ejemplo, se han mudado a vivir a la campiña inglesa –en parte por la aversión de William a los medios tras lo acontecido a su madre- con un perímetro de seguridad que impide a los fotógrafos acercarse a su intimidad. La Duquesa de Cambridge y el Príncipe William no han podido evitar que los fotógrafos de gran angular se cuelen en sus vacaciones cada vez que deciden salir en yate (el mar es un lugar público y es legal tomar esas fotos), pero sí han conseguido ganarle una querella millonaria a la revista francesa Closer por publicar unas fotos de ella en topless. Diana de Gales habría logrado acotar ciertas parcelas de su vida de la misma manera, pero lo que no está tan claro si habría sido capaz de llevar una vida ejemplar como la de su hijo y su nuera.

Lo que no es muy probable es que Diana hubiera conseguido mantener su monolítica reputación intacta en la era de de las redes sociales. De la misma manera que los nuevos medios han permitido introducir fisuras en el discurso establecido sobre las bondades de la Transición o la infalibilidad de los Borbones, los ojitos de corderito degollado que Diana puso durante su famosa entrevista de “tres son multitud” hubiera sido pasto de memes en Twitter. ¿No creen?

¿Y seguiría siendo princesa?


El principal obstáculo que impedía a Diana llevar una vida normal después de su divorcio no eran tanto los paparazzis como el hecho de seguir perteneciendo a la Familia Real. Si hubiera pasado a ser una plebeya, como le ocurrió a Sarah Ferguson cuando se divorció del Príncipe Andrés, seguramente habría tenido muchísimo más fácil para integrarse en la sociedad. Pero ella, a diferencia de Fergie, había traído al mundo a dos herederos al trono en tercera y segunda línea.

Tina Brown cuenta que cuando el Duque de Edimburgo le dijo que si no se comportaba se lo quitarían, le contestó airada: “Mi título es bastante más antiguo que el tuyo, Phillip”.

Le quitaron, eso sí, la consideración de Su Alteza Real, cosa que fue muy humillante para ella (es legendaria la frase que supuestamente le dijo su hijo William cuando se enteró: “Yo te volveré a hacer Alteza Real cuando sea Rey, mami”), pero continuó siendo princesa.

Una princesa que vivía “atrapada” (o esa idea le gustaba promover a ella) en el Palacio de Kensington, pues en el acuerdo de divorcio se había indicado que así tenía que ser. En ese mismo acuerdo se estableció que la Casa Real se ocuparía de garantizar sus ingresos.

Así, Diana residía en uno de los chalets que hay dentro de los terrenos ubicados al final de Hyde Park junto a sus hijos, que estudiaban en internados pero regresaban los fines de semana para hacerle compañía. Pero, ¿qué habría pasado si Diana hubiera vivido para ver a sus hijos crecer y marcharse de casa? ¿Habría soportado la reclusión en Kensington?

Es muy probable que la princesa de Gales buscara una salida diferente a su vida. Si con el paso de los años se hubiera casado de nuevo, lo que le habría obligado a renunciar a su vínculo económico con la Casa Real y a su título. Ya liberada de llevar el peso de los Windsor sobre sus hombros, habría podido incluso dedicarse a sus propios negocios.

Su reputación como gran dama de la filantropía mundial le habría puesto fácil una salida laboral, aunque esa no es la única posibilidad.

LadyDiPaparazzi

¿De qué habría trabajado?

Tina Brown defiende la idea de que, efectivamente, la filantropía hubiese sido su salida más lógica, sobre todo porque en su acuerdo de divorcio se le prohibía expresamente dedicarse a ninguna actividad comercial mientras recibiese una asignación económica de la Casa Real. Si hasta 1997 Diana demostró que era una auténtica maestra defendiendo su perfil caritativo, en el siglo XXI, con todas las grandes multinacionales creando departamentos de "Responsabilidad Social Corporativa” y todas las grandes fortunas mundiales creando entidades sin ánimo de lucro, habría encontrado perfecto acomodo en cualquier megafundación. Aunque lo más probable es que creara la suya. “Tenía una recua de exnovios millonarios que la adoraban y que se hubieran prestado a todo tipo de donaciones”, dijo Browne en 2011.

Eso si hubiera continuado siendo princesa. Pero de haber renunciado al título, las posibilidades se amplían hasta el infinito.

En 1997 la Princesa de Gales dijo a algunas personas de su confianza que había estado considerando la posibilidad de hacer documentales para televisión sobre las causas para las que trabajaba: las víctimas de las minas antipersona, la lepra, el SIDA… El coqueteo con el universo audiovisual tal vez la habría animado a embarcarse en otro tipo de proyectos. Si promovió su propio libro de memorias, ¿por qué no iba a atreverse con un biopic para el cine supervisado por ella misma?

No olvidemos, tampoco, que justo a finales de los años noventa se produjo en Inglaterra el boom de los reality shows. A ninguna cadena de televisión se le habría escapado que los telespectadores se morirían por conocer las interioridades de la nueva vida de Diana, fuera ya de la Casa Real. ¿Hubiera rechazado ella la oferta que sí aceptaron los Osborne o los Kardashian?.

Además, Diana estaba acostumbrada a relacionarse de forma muy amistosa con personajes del mundo de la farándula y la moda. No olviden la estrecha relación que le unía a Elton John o Gianni Versace, por ejemplo.

No es descabellado, pues, pensar que quizá se habría atrevido a crear su propia línea de moda, siendo como era ella misma un icono fashion.

Como cuenta Martin Bianchi en este artículo, más de una vez pensó en la posibilidad de crear sus propios perfumes.

¿Y ser imagen de alguna firma de lujo. Cosas más raras se han visto. Mikhail Gorbachev protagonizó una campaña de Luis Vuitton en 2007 con la excusa de recaudar fondos para la fundación de su esposa, Raisa. Nos cuesta mucho creer que Diana Spencer le hubiera hecho el feo a una sesión de fotos con Annie Leibovitz.


¿Se habría mudado a otro país?


Lady Di siempre fantaseaba con la idea de irse a vivir a Estados Unidos. En una ocasión le dijo a su amigo y confidente Roberto Devorik que le fascinaba ese país porque allí “no había establishment”. Esa idea, quizá un poco ingenua, nacía del agotamiento que la Princesa de Gales sentía con respecto a las rígidas estructuras sociales del aristocrático mundo en el que se movía.

Ella estaba convencida de que en Estados Unidos, la Tierra de las Oportunidades, podría aprovecharse de las ventajas de la meritocracia y que nadie intentaría inmiscuirse en su vida privada, pues allí había tantas celebrities del showbusiness interesantes para el gran público que ella podría por fin desaparecer. Además, su buena relación con los Clinton le habría permitido introducirse en los círculos de poder que le interesaban para sus causas filantrópicas y quien hubiera acabado poniendo un pie en la Casa Blanca.

Diana de Gales, ¿Primera Dama de los Estados Unidos?


El mayordomo de Diana, Paul Burrell, contó en una entrevista en 2010 que Diana tenía un muy buen amigo multimillonario en América que le sugirió la posibilidad de mudarse con él. “Él quería presentarse a la carrera presidencial y le dijo que si se iba con él, quizá algún día podría volver a Gran Bretaña, pero en calidad de Primera Dama”. Al parecer, Diana eran una ferviente admiradora de Jackie Onassis y con muchísima frecuencia fantaseaba con decorar la Casa Blanca. “No era una fantasía. Hubiera podido ocurrir de verdad. Podrían haber sido una pareja fantástica”.

Sea cierto o no lo que contó Burell, lo que parece evidente es que en la últimas elecciones Lady Diana hubiese simpatizado más con la causa de Hillary Clinton que con la de Trump, aunque sin olvidar que el actual POTUS dijo públicamente en una ocasión que una de las cosas que más se arrepentía en la vida era de no haber tenido un affaire con la Princesa de Gales.

¿Cómo se habría llevado con Kate Middleton?

A pesar de todo el revuelo que se montó en torno al gesto simbólico que William hizo cuando le regaló a su prometida el famoso anillo de su difunta suegra, es importante señalar que Diana odiaba las joyas. De hecho, ese anillo no le gustaba nada. Cuando tuvo lugar la boda del Príncipe y la Duquesa, la prensa no dudaba en afirmar lo bien que se habrían llevado la Princesa de Gales y su nueva nuera. Andrew Morton, biógrafo oficial de Lady Di, fue el que más insistió en esta teoría. Sin embargo, Tina Brown no está tan de acuerdo: ella se atreve a afirmar que quizá a la Princesa de Corazones no le hubiera gustado que una mujer más joven, plenamente aceptada por la Reina se adueñara del corazón de su hijo y del de todos los ingleses.

Si después de leer hasta no aquí no han llegado a la conclusión de que a Diana de Gales le gustaba bastante ser el centro de atención, es que quizá no han leído con suficiente detenimiento.


Si había un rol que a Diana le gustaba ocupar, por encima incluso del de Alteza Real, eran de icono de moda. Y es probable que no le hubiera resultado plato de buen gusto que también le quitaran ese título.

En palabras de Tina Brown: “Diana se hubiera tenido que acostumbrar a la idea de que le robasen el protagonismo, pero también habría sido consciente de que nadie podía arrebatarle su extraordinario historial de sufrimiento. Su historia sería siempre mil veces más interesante, porque al público siempre le gusta mucho más una historia en la que todo va bien que un ‘y fueron felices y comieron perdices’.

Diana y William

¿Y si su favorita hubiera sido Meghan Markle…?

Si, como Paul Burrell sugirió, Diana se habría mudado finalmente a los Estados Unidos, quizá la nuera con la que tendría más relación sería la que vive en suelo americano. Meghan Markle, menos mojigata y más espontánea que Kate Middleton, forma parte de un star system que siempre fascinó a la princesa de Gales siempre. Además, Markle quizá hubría podido ayudar a su suegra a encontrar socios para los proyectos televisivos y cinematográficos que, como hemos contado más arriba, tenía en mente.

¿Se hubiera apagado alguna vez la estrella de Diana?


La fama es una de las drogas más duras que existen. Aunque la relación de Diana con los periodistas era complicada, la relación simbiótica con ellos era también obvia y resulta muy difícil imaginar a una princesa de Gales que renunciara a la presencia mediática. Pero imaginemos por un momento que Diana hubiera conseguido salir viva del accidente aunque gravemente lesionada. Quizá entonces, llevada por una epifanía, podría haber optado por la siguiente vía: una retirada radical, definitiva e innegociable de la vida pública. ¿Se habría dedicado en ese supuesto a la vida contemplativa en su bonito chalet de Kensington? La idea de una Diana entregada a los placeres de la jardinería se nos antoja irresistible.

Aunque existe una posibilidad más. Es la “Vía Margarita”, que hemos bautizado así en honor a Margaret Rose Windsor, la hermana de Isabel II. Margarita fue durante los años cincuenta y sesenta uno de los personajes más populares de la Casa Windsor: que la Reina de Inglaterra no le hubiera dado permiso para casarse con un coronel divorciado, el fracaso de su posterior matrimonio con el fotógrafo Antony Armstrong-Jones, el hecho de que fuera tremendamente casquivana y que siempre estuviera dispuesta a salir a bailar y a beber, puso a la opinión pública de su parte. Igual que Diana, Margarita representaba la insumisión a las reglas de una Casa Real extremadamente rígida.

Pero cuando los escándalos amainaron y el tiempo hizo languidecer su belleza, el rostro de la divertida Margarita cayó en el olvido.

Si Diana no hubiera muerto en circunstancias trágicas, es plausible que su estrella mediática se fuera apagando por si sola. En ese caso, hoy no se habrían molestado en leer esto.

* Artículo publicado originalmente en Vanity Fair España.