El príncipe de Dinamarca sufrió la peor pesadilla de cualquier joven de 18 años

Y sí, el incidente fue grabado en video.

Resulta difícil imaginar a un miembro de la familia real sufriendo el mismo tipo de humillaciones que nosotros padecemos regularmente. Llegar al cajero solo para darnos cuenta de que dejamos la cartera en el coche; pasar todo un día en el trabajo antes de fijarnos en que traemos la camisa al revés; olvidar el nombre de alguien a quien hemos visto unas 10 veces… En teoría, cada miembro de la familia real está constantemente protegido por suficiente personal y un buen número de guardaespaldas para prevenir estos vergonzosos percances. Pero incluso con una comitiva de seguridad, Federico, el príncipe de Dinamarca, se vio envuelto en una situación comprometedora el viernes por la noche.

Federico estaba en Australia para la regata de yates cuando decidió que quería tomar una copa, como cualquier persona normal —¡de la realeza o no!— querría hacer un viernes por la noche. Para ello se dirigió al Jade Buddha, un encantador bar lounge en Brisbane con vistas al río, un menú de fusión asiática y 4/5 estrellas según la calificación de Google. Pero había un problema: Federico no llevaba identificación. (¿Los miembros de la realeza llevan identificaciones?).

No era una cuestión de mayoría de edad; Federico es un hombre de 49 años con una hermosa cabellera entrecana. En realidad, los operadores del bar estaban cumpliendo con una nueva ley estatal que exige escanear las identificaciones de los comensales antes de entrar a ciertos bares a partir de las 10 de la noche.

En su defensa, Federico no se puso a gritar: “¿Sabes quién soy yo?”. En vez de eso, sus oficiales encubiertos les preguntaron amablemente a los trabajadores del bar si sabían quién era Federico.

“No, en realidad, no”, contestaron ellos tímidamente, de acuerdo con The New York Times. “Sin ofender, su alteza”.

El personaje más importante de la historia quizás sea Phil Hogan, copropietario del bar, quien desde entonces ha aparecido en programas de entrevistas para culpar a la “ridícula ley” por el vergonzoso incidente; ha compartido los videos de las cámaras de seguridad y revelado cómo los apenados empleados manejaron la situación: haciendo una búsqueda rápida en internet para comprobar que el hombre que tenían delante era realmente Federico, el príncipe de Dinamarca; llamando a la Oficina de Reglamento de Licores y Juegos para pedir permiso de dejarlo pasar y, eventualmente, “probablemente violando el reglamento”, permitiéndole la entrada… entre 15 y 50 minutos después, de acuerdo con diversos informes.

Mientras que estas vicisitudes hubieran sido suficientes para convencer a cualquiera de nosotros de ir a casa y tomar un trago, Federico, príncipe de Dinamarca, parece ser una persona muy relajada. Según los informes, pasó por delante de los empleados, quienes intentaban disculparse por los inconvenientes, se dirigió a la barra y ordenó su propia bebida.

“Pidió un Dark and Stormy”, comentó Hogan. “Para ser sincero, parece un buen tipo”.

*Texto originalmente publicado en Vanity Fair U.S.