Sofía Niño de Rivera: 'Pensé que Peña Nieto me quería correr del país, pero el otro día me mandó saludos'

Entrevistamos a la comediante más políticamente incorrecta del panorama nacional.

"Lo siento si no sé posar, no me dedico a esto”. Sofía Niño de Rivera es una mujer espontánea y sin tapujos que aprendió, hace ya más de cinco años, la invaluable capacidad de reírse de sí misma. “La primera regla de la comedia, y en mi taller de stand up lo digo, es: ‘Haz evidente lo evidente’. Yo, por ejemplo, me río de mi incapacidad para hacer matemáticas mentales y de mi hiperextensión. Si doblo las rodillas, se hacen más hacia atrás de lo normal —me explica—. Sí, es muy extraño, pero a veces tengo una pierna recta y la otra ya se fue y no le avisó a la primera. En ese momento el público se queda como: ‘¿Qué onda?’. Y tengo que decir: ‘Sé que esto está sucediendo, pero no se preocupen, estoy bien”.

Con una seguridad arrolladora, la comediante parece haber nacido para provocar las carcajadas a su audiencia. Sin embargo, no todo ha sido un camino fácil... “Recuerdo mi primera actuación. Fue en el foro Shakespeare. Bruno Bichir era socio y me ayudó. Le dije: ‘Préstame ese pedacito para ensayar, porque después voy a estar en el Voilá, en Antara’. Me dijo: ‘¡Vas!’. Entonces, el policía del foro, que era mi amigo, le decía a la gente: ‘Vengan a sentarse aquí en lo que empieza la obra’. Acomodaba a todos a la fuerza. Había gente que ni siquiera me iba a ver a mí ni sabía qué estaba contemplando. Era como: ‘Esta vieja ¿qué?’. Yo no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, tengo el video, pero nunca jamás lo sacaré al aire…”.

­—¿Le pagaban por sus primeros shows?
—Dejaba un sombrero por si alguien me quería dar algo. Mi primer pago fue incienso, dulces y una pelota de hule. El primero lo quemé, los segundos me los comí y la pelotita aún la conservo.

—¿Cómo pasó de pequeños locales al Auditorio Nacional y a tener su propio programa en Netflix?
—No tengo ni puta idea (ríe). Con años de subirte, fracasar y chingarle.

Atrapada en el ojo del huracán mediático hace unas semanas por sus diferencias con Martha Debayle, Niño de Rivera confiesa que sin internet seguiría dedicándose a la publicidad (la carrera que estudió). “Lo que más me ayudó a subir fueron las redes sociales, porque la gente se enteraba, en tiempo real, de lo que estaba haciendo”. Pero, aunque tiene mucho que agradecerles a las herramientas digitales, también es consciente de que son un arma de doble filo. “Trolls y haters... Generalmente bloqueo todo lo que puedo y trato de no leer los comentarios, aunque sea difícil”.

—¿Nunca contesta?
—Solo cuando me va a bajar... (vuelve a reír). En esos días te llega el triple y contestas: “Es que, ¿qué crees?”. Entonces lo borro y me digo: “¡No, Sofía!”. Esa semana bloqueo a más gente que en todo el mes, porque todo me afecta. “Ay Sofía, estabas un poco despeinada...”. ¡Bloquear, delete, muérete! —bromea.

Le menciono el episodio con Debayle y me explica su estrategia para superar los momentos más trágicos de su comedia, que alcanzan un impacto estratosférico en la red. “Generalmente lo cierro y me pongo a ver otra cosa. Mi novio también me ayuda mucho. Sobre todo en esta última etapa en la que he crecido muy rápido. Él ha sido un pilar total. Jorge [Bermúdez] es superpositivo, cariñoso y me entiende a la perfección. Sabe lo freak que soy… Por ejemplo, antes de hacer el Show de Conan, me dio una especie de ataque de ansiedad y me metí en el clóset debajo de los pantalones, donde van los zapatos, como cuevita, y ahí me quedé… Mi novio agarró una cobija, me tapó y me dijo: ‘Cuando lo necesites, sales’. Tener a alguien así al lado para mí es importante. El Metropolitan fue mi primer espectáculo grande. Ese día, cuando me desperté, mi novio había llenado una barra que tenemos en el bar, donde puedes pintar, con frases increíbles de motivación. Si no estuviera en esos momentos, lo viviría todo de una forma muy diferente.

Además de la relación con su pareja y la primera reacción de sus padres cuando les dijo que se dedicaría a la comedia —“Mi papá es mi apoyo desde el segundo uno, pero una vez escuché a mi mamá decirle a un comediante: ‘Es que ahora, ¿con quién se va a casar?’. Qué bueno que ya fui al psicólogo”­—, uno de los encuentros más sonados de Niño de Rivera fue su breve conversación (con cámara de por medio) con el presidente Enrique Peña Nieto. “¿Ha vuelto a coincidir con él?”, le pregunto. “El otro día me mandó saludos con algún conocido... ‘Dile a Sofía que la saludo’. Y yo: ‘¿Qué?’. Pensé que me quería correr del país, que no me iba a volver hablar nunca, jajaja, pobre...”.

Sofía Niño de Rivera es una mujer que se atreve con todo; desde tener su propio programa en Netflix hasta hacer sus pininos como actriz en la serie Club de Cuervos. “Y acabo de hacer mi primer papel protagónico en una película con un director de Monterrey”.
­—Con quién le gustaría trabajar?
—Creo que con Quentin Tarantino, nada más siento que me va a desnudar y no me gustan esas cosas, pero…

—Parece que su sentido del humor no conoce límites...

—Todos tenemos uno. Creo que el mío está en mi vara moral. Solo espero no equivocarme nunca.

*Entrevista publicada originariamente en la edición de agosto de Vanity Fair.