Maggie Gyllenhaal y James Franco hacen porno en 'The Deuce'

Vimos los tres primeros capítulos de la serie de HBO ambientada en los albores del cine pornográfico en Estados Unidos, y qué creen… ya sabemos si vale o no la pena.

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“¿Aceptas cheques? Te puedo pagar con uno que me dio mi abuela de regalo de cumpleaños”, le propone (casi le suplica) desde la cama, un asustadizo adolescente primerizo a la madura cortesana interpretada por Maggie Gyllenhaal. Se trata de una de las escenas de esta nueva serie, que entre otras cosas relata cómo las prostitutas fueron los primeros conejillos de indias del cine XXX allá a principios de los setenta, cuando el viejo arte de las películas porno era aún ilegal. Y si en la serie estrella de HBO, Game of Thrones, el sexo es casi tan importante como los dragones, en The Deuce todo gira en torno a eso. La premisa es muy atractiva: básicamente es la historia de cómo algunos listillos tuvieron la visión para sacar de las coladeras el cine para adultos y convertirlo en un negocio lucrativo. Al que todos hemos contribuido, pues todos hemos visto  material de este tipo en algún momento.

El primer episodio de The Deuce, que cuenta con la garantía de la dirección de Michelle MacLaren, productora y directora de algunos de los capítulos clave de Breaking Bad, es un intenso tour de miseria sexual y decadencia.  El piloto de más una hora y media de duración de la serie escrita por el creador de la mítica The WireDavid Simon, el periodista convertido en guionista—, apela muy bien a nuestras debilidades y nos deleita con la perturbadora vida de los protagonistas, anti-héroes al borde del abismo.

James Franco, flamante ganador de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián por The disaster artist, interpreta a dos personajes: uno, un perdedor en la ruina económica y emocional que tiene que sobrellevar a su infiel esposa (aunque él no se queda atrás tampoco), y a los mafiosos que andan tras las deudas de juego de su hermano gemelo, un jugador compulsivo también interpretado por el actor.

Otra de las tramas principales es la de la mencionada prostituta interpretada por Maggie Gyllenhaal, una madre soltera con aspiraciones de filmar cine para adultos. El resto de las historias lo complementan una ex estudiante universitaria que deja todo por la vida loca neoyorquina; un grupo de mujeres de la calle de todos tamaños y colores (entre las que destaca una recién llegada a la que le bastan dos capítulos para perder la inocencia); los clásicos policías deshonestos y despreocupados; y los chulos salvajes que no dudan en lastimar y hasta matar por defender lo que asumen que es suyo. Sí, podría ser un mal sueño feminista, y aquí no hay una Julia Roberts callejera que se termine casando con su cliente enamorado. Se adivina que la tragedia ronda la esquina, así las prostitutas se liberen de los proxenetas y se vuelvan estrellas de cine XXX. Algo oscuro y sórdido flota en el ambiente, aunque algunos momentos de ligero humor negro quieran hacernos fácil el trance. Además, reiteramos que hay mucho sexo y éste es casi explícito: senos, penes, felaciones, guiños a la cultura gay de la época y una atmósfera como del Scorsese de antaño que impregna completamente el aura de la serie.


En la dirección de arte y la ambientación, HBO no se anda por las ramas. Le invierte. Es decir, la pelucas afro no se ven como de telenovela. Incluso los carteles y las latas de Pepsi lucen como recuperados de esos años. No se podría esperar menos de la cadena televisiva. Pero lo que nos preocupa un poco sobre la continuidad de la serie para una segunda temporada (porque la historia de The Deuce da para mucho), es que las recientes producciones ambientadas en la misma época setentera que también retratan el surgimiento de un fenómeno de la cultural popular en particular, no han corrido con buena suerte últimamente. Por ejemplo Vinyl, una gran propuesta de la misma cadena que fue cancelada tras la primera temporada, o The Get Down, una serie tan cara que casi lleva a la bancarrota a Netflix y que, sí, estuvo ambientada en los mismos años y fue interrumpida prematuramente. Mientras tanto, con sólo estos tres episodios recorridos, recomendamos ampliamente The Deuce. Los ocho capítulos que conformarán esta primera temporada sin duda son un buen pretexto para adentrarse en el sórdido mundo de la prostitución y la pornografía neoyorquina y no pescar sífilis en el intento.