El amor es una enfermedad

Tessa Ia, sobre amor, enfermedad, machismo y por qué las mujeres deben reivindicar el término feminismo para acabar con el acoso sexual.

Tessa Ia (Ciudad de México, 1995) tiene 11 años. Va a rodar su segunda película, Fuego, dirigida por Guillermo Arriaga. Es el debut del realizador tras el éxito que supuso su trilogía con Iñárritu. Hay nervios en el plató. Estrellas consagradas de las alfombras rojas de Hollywood pueblan el rodaje: Charlize Theron y Jennifer Lawrence. La adolescente tiene instrucciones precisas de no acercarse a Theron, su madre en la ficción, para sostener con verosimilitud la frialdad que ambas han de mantener en el filme. Pero la protagonista de Monster es un ángel rubio que se acerca a Tessa y le pregunta dulcemente, quizá para romper el hielo y porque en breve harán una toma. “How are you?”. Tessa, que es una niña educada, aunque atemorizada por contravenir la norma impuesta, contesta “Hello”. Y la voz profunda y enojada de Arriaga irrumpe en el interfono como un trueno: “Tessa, te dije que no le hablaras”. Rodar es ocasiones un campo de batalla donde combatir temores.

Beto Hinojosa
quizá buscó a Tessa Ia porque bajo la piel perfecta de esta mujer de 22 años existe un lugar en el que buscar emociones, miedos, certezas, decisiones.... Y todas parten de ese lugar desconocido que es el instinto del actor. Tessa Ia interpreta a Emilia, una joven enferma de cáncer que decide romper con el protocolo médico y con un cierto protocolo social, y abandona el hospital en el que se encuentra recluida para viajar, de la mano de su amiga Violeta (Camila Sodi), a los confines de Baja California.

“Por un lado fue un rodaje duro, porque yo detesto el sol. Pero al tiempo nos sucedieron cosas increíbles. Había momentos en los que viajábamos por la carretera y veíamos las estrellas en el cielo. Ocurrían cosas que llamábamos mágicas porque no estaban escritas en el guion y sucedían al momento de la toma”. Un viaje accidentado en el que el protagonista, Luis Gerardo Méndez, tenía la mala costumbre de accidentarse, y una carretera que contemplaba a una Camila Sodi, su media hermana, “generosa como pocas en escena”, conducir como “un microbusero enloquecido”.

Tessa Ia llevaba años sin rodar cine. Se había tomado un tiempo tras rodar Después de Lucía, de Michel Franco. Seguía abrazada con amor a su música, a sus poemas, a sus letras, y simplemente no había llegado ese papel que debía tener sentido en su carrera. “Necesitaba rodar una historia con significado, con un personaje que tuviera matices. Además, trabajar con Luis Gerardo y Camila se me hizo un dream team”. La historia es dura. Una enfermedad abocada casi con seguridad a una muerte certera encerrada en las paredes de un hospital. Y unas enormes ansias de libertad que le hacen escapar de ese destino y abrazarse a la suerte y a lo desconocido.

¿Cómo preparaste el personaje de Emilia?
Fue difícil porque yo nunca he estado enferma, aunque sí conozco gente que ha pasado por situaciones similares. Quizá lo que más me ayudó fue pensar en el pasado de este personaje. Cuánto tiempo lleva viviendo en ese hospital, cuántas veces ha salido con amigos. No era un guion cerrado y eso nos permitía improvisar bastante, sobre todo las dos primeras semanas de rodaje. Allí estábamos solamente Camila, Beto, Guillermo (Garza, el director de fotografía) y yo en el coche, y manejábamos e improvisábamos. Beto nos pedía que habláramos de los personajes. Ella es una persona que en ese punto de su vida está completamente desesperanzada. Y que gracias a su encuentro con el personaje de Luis Gerardo que sí se puede comenzar de cero. Cuando estás pasando por algo tan fuerte el instinto de supervivencia trata de que no sientas nada. Te bloqueas y es mejor no creer, no amar… Pero es bonito descubrir que sí puede sentir, dar una vuelta a tu vida…

¿Somos entonces libres para elegir nuestro propio destino?

Es difícil porque nacemos dentro de una sociedad con reglas, leyes, conceptos establecidos… Pero yo pienso que cada quien es dueño de su vida, y a la vez, de su muerte. Uno debería poder decidir, si sabes que vas a morir, cómo hacerlo. No inspiro a nadie a que lo haga. Pero nuestra vida es lo más puro y esencial que tenemos, y soy partidaria del derecho a una muerte digna.

Tessa Ia

Emilia busca un destino que sabe breve. Viaja de sol a sol, en medio del desierto, rodeados de las luces mágicas de la Baja de la mano de una amiga/hermana que tampoco se conforma con las pautas establecidas. Que sí cree que el amor es un remedio efectivo contra el dolor y el sufrimiento. Y que está dispuesta a explicárselo a ese personaje a medias extraterrestre, a medias loco, que trata de convencerla de que el amor es un virus y la raza humana una simple especie enferma que hay que erradicar.

La carrera de Tessa Ia parecía estar buscado un personaje así desde hacía tiempo. Tras Lucía, había dejado pasar varias oportunidades porque todo lo que le ofrecían eran personajes arquetípicos, chicas con problemas de amor, como si estos fueran los únicos que una joven puede tener. “Alguien dijo que una carrera no se hace con los proyectos que eliges, sino con los que rechazas”. Quizá esa tranquilidad le ha permitido esquivar las zonas oscuras de la fama. Pero nunca ha estado quieta. Su paso por el teatro en La Llamada (Javier Calvo y Javier Ambrossi) le tocó con la varita de las experiencias primeras. “En La Llamada fue la primera vez que canté en vivo y fue increíble. Me gustaría volver al teatro”.

Tessa Ia es una princesa. Pero una de verdad. Su bisabuelo era un príncipe ruso, Paulovic Chegodayev Sakonsky. Y tiene la piel tan fina que uno se la imagina durmiendo sobre 7 colchones y descubriendo el molesto guisante bajo ellos. Pero Tessa es una mujer de su tiempo en el que ya no hay cuentos de hadas. Solo ogros que dictan lo que supuestamente a las mujeres les conviene. “Las mujeres hemos nacido en una sociedad que te dice que tienes que ser linda, que tienes que sonreír, que debes vestir bonito para que tengan en cuenta. No estoy de acuerdo que en el trabajo te digan que tienes que usar zapatos de tacón, o vestidos o maquillarte, pero si tú quieres hacerlo, si eres consciente de dónde viene esta imposición social, adelante, es un arma, es tu libertad, la belleza no es incompatible con el talento, con la cultura.

Pero vivimos en tiempos de misoginia, machismo, manipulación. Y tu profesión no es ajena a todo esto tras los casos terribles de Harvey Weinstein y otros. Tus compañeras de Hollywood han comenzado a denunciar lo que parecía un secreto a voces. ¿Has vivido en primera persona algún caso similar?
Sí me ha tocado vivir esas situaciones. No conozco una sola mujer que no haya vivido acoso o abuso. En el plano laboral también. Lo que creo es que debeos hablar de eso en aquí en México. La diferencia sobre lo que leo en los medios y las redes sobre el caso Weinstein es que en EE UU sí apoyan a las mujeres porque hay una educación que hace que la gente esté del lado de la víctima. Y en México aún no hemos tenido esta conversación el suficiente tiempo como para llegar a eso.

¿Puedes contarnos lo que te ocurrió?
Tessa hace un movimiento rápido, como de pajarito asustado. Se recoge en la silla donde está sentada en un claro acto de protección. "Aún no estoy lista de hablar de eso".

Camila Sodi y Tessa Ia

Entonces al menos dinos qué no estamos haciendo bien para que todos los días mueran mujeres en este país.
Todo radica en la educación, hay un malentendido respecto al término feminismo. Muchos hombres se sienten atacados por ese término. No entienden que no es un término exclusivo para las mujeres, sino de ambos sexos, terminan invalidando el término llamándolo feminazismo, cuando en realidad es un movimiento muy válido sobre todo actualmente. No tenemos los mismos derechos. Nos matan por ser mujeres y eso es lo más impresionante. A un hombre lo pueden matar por crimen, pero nunca lo van a matar porque estaba dormido en el Uber, y se vio indefenso.
 

¿Y qué podemos hacer para resolverlo?
Tenemos que hacer un trabajo muy fuerte en educación a los niños, hablar mucho de ello hasta que la gente no diga, que hueva con su feminismo. Y creo que es muy importante que los gobiernos y los medios los formen gente educada y responsable. Un maestro nos preguntó un día en clase (solo éramos cuatro mujeres) quiénes de nosotras se habían sentido menos en algún punto de sus vidas por ser mujeres y me impactó ver a mis compañeras con la mano arriba. Ahí empecé a tener más conciencia. Que no me pase a mí no significa que no les pase a las demás. Y cuando empecé a leer a Rosario Castellanos sobre cultura femenina me hizo llamarme feminista absoluta porque me impactó leer cómo que Rosario recopiló los quotes de filósofos importantísimos a los que admiro y decían que la mujer no es un ser humano, que no merece los mismos derechos o el respeto. Me han dicho que mi álbum Correspondencia es muy feminista pero no es algo que yo escribí con esa idea.

Tessa Ia está embarcada en su próximo proyecto musical. La fama aún permite que pueda encontrarse sola en la terraza de la cafetería de la Condesa donde nos reunimos. En breve podremos verla en otro gran proyecto cinematográfico con Irene Azuela, la película sobre Nahui Olín, dirigida por Gerardo Tort. Aún sube sus fotos a las redes sociales pero tiene claro “hasta donde sí y hasta dónde no”. Hace vida como cualquier millennial de esta ciudad y cree aún que podemos cambiar el fututo a mejor y piensa que quizá su vida y su trabajo pueda inspirar a otras chicas a descubrir el mundo desde esa especial mirada femenina.

O quizá recuerde de nuevo el rodaje de Fuego, cuando Guillermo Arriaga, que iba preparar con ella una dura escena del filme, le preguntó qué cosas le hacían llorar. Y ella, con la sinceridad de los niños y ante las carcajadas generalizadas del plató le contestó muy seria “El calentamiento global”. Quizá pensaba en los pingüinos manchados de petróleo, en la devastación de la tierra. La observo caminar por la calle, pequeña, pálida y con la mirada escrutadora de quienes, como ella, hemos pasado por una operación de los ojos Y pienso en Harper Lee y en unas líneas de “Matar a un ruiseñor”.

–Bien, yo seré un payaso de una especie nueva. Me plantaré en mitad del círculo y me reiré de la gente”.
 

Tessa Ia