Diva multiangular

Confesiones de diván con Susana Zabaleta.

Se crió en su natal Monclova, Coahuila; de ahí saltó a Florencia para formarse en el circuito de ópera y culminó en la Escuela Superior de Música de México. Tuvo la osadía de pararse una semana afuera de la oficina del mismo Manolo Fábregas para que le realizara una audición. El resto es historia. Susana Zabaleta es soprano, actriz todoterreno, conductora de televisión y próximamente presentadora de SZ8, un programa en Internet. Su perfil multiangular es lo que complica entender cómo es en su totalidad. “No sé ni yo. Solo poquitos me conocen”, dice. Y es que ella misma afirma que Susana es una y la Zabaleta es otra. Ambas impredecibles. Cumple profesionalmente y ejerce como madre, lanza críticas políticas y reprende a los colegas que cantan contra la mujer. “A las personas del medio les gusta la gente nice, fácil, simple. Cuando se topan una personalidad distinta piensan: ‘No digas esto, no hables de aquello”. Ser así le ha traído consecuencias.

No ha entrado al star system convencional. “Pero tampoco vas a cenas con desconocidos. Odio que me inviten con gente a quien le tienes que sonreír o acompañar como escort. No sé hacer eso”. Su especialidad es incitar. Transita de los escenarios de musicales como Los locos Addams a la ópera, graba telenovelas, pasa por cintas hito como Sexo, pudor y lágrimas y no para. Recién se anunció que en noviembre será la solista soprano de Carmina Burana. Dice haber encontrado la forma de provocar. Quizás por ello advierta sin empacho que su nuevo álbum, Como la sal, “es solo para gente que quiero que me entienda”. Su osadía le ha tomado tres décadas y su deuda con el destino es mínima. “No tengo nada de suerte”. Comulga, sin embargo, con los números que inspiraron el nombre de SZ8. “Numerológicamente funciona, creo muchísimo en las matemáticas”. Referirse a Zabaleta como estrella es erróneo. “Esas brillan en el firmamento y están lejos. A mí me gusta ser una diosa, una diva. Una diva es alguien que no se puede tocar, es alguien que está ahí solo para ser adorada”. 

*Entrevista publicada originariamente en la edición de agosto de Vanity Fair.