El documental de Lady Gaga te enseña a quererla gracias a sus defectos

'Gaga: five foot two' quiere una cosa: que ames a Lady Gaga por encima de todo. ¿Lo consigue? Sí, pero no tal y como habría querido.

Hay varias maneras de mirar a Lady Gaga. Una es la mirada arrobada de sus seguidores, sus Little monsters, que la ha convertido en diosa y suma sacerdotisa de la religión del bicho raro. Otra es Leonardo DiCaprio en los Globos de Oro de 2016, que a pesar de la seguro involuntariedad del actor, se convirtió en viral porque ejemplificaba en un solo instante esa mezcla de estupor y cinismo que despiertan ante muchos esos mismos bichos raros.

El documental Gaga: Five Foot Two, que se puede ver en Netflix, propone una tercera mirada inédita de la cantante. Mucho más compleja que cualquiera de las otras dos. A ratos también arrobada como la de sus fans, pero a ratos también involuntaria como la de DiCaprio. Y en un documental producido por su protagonista, hecho para mayor gloria de sin que parezca que está hecho para mayor gloria de, son esos momentos involuntarios los que nos sirven para extraer más conclusiones sobre el mito. Merece la pena desentrañar unos y otros en este vía crucis moderno.

PRIMERA ESTACIÓN: LADY GAGA ES HUMANA

El documental empieza con un contrapicado, que ya es una declaración de intenciones (ella arriba, nosotros abajo), de Lady Gaga sobrevolando el Estadio NRG de Houston en uno de los ensayos de su espectáculo para el intermedio de la final de la 51 edición del Superbowl. Ese macroevento funciona en Gaga: Five Foot Two como un detonante (el documental narra toda su preparación para él) y como clímax (oh, spoiler): termina con él. Se trata de un recurso poco novedoso, pero muy efectivo para darle ritmo. Se alterna la preparación del intermedio del Superbowl con la grabación de su disco Joanne junto a Mark Ronson y se establece el segundo como condición para el primero: el éxito del disco es la antesala necesaria narrativamente para que suceda lo segundo.

Pero, acto seguido, oh, cliché, las superestrellas también tienen vida cotidiana, son humanos, que diría Chenoa, si les pinchas sangran. Así que nos vamos a Gaga en su casa de Malibú (que parece más una casa de Airbnb, lo que lleva a pensar si en el fondo dispondrá de un espacio privado y vetado a las cámaras para salvaguardar algo de intimidad). Allí vemos a la cantante dar de comer a sus perros y hacerse la comida en body y mallas. Frente a una sartén al fuego, nos confiesa que está mal con Taylor [Kinney, que había sido su novio durante cinco años] y a continuación vemos una cara triste de un perro.

Y se viene uno de esos momentos involuntarios. “Yo estoy en otra etapa de la vida. No me gusta… Prefiero… No lo sé. Creo que mi límite para aguantar chorradas de los hombres está… Ya no tengo. No sé si es porque tengo 30 años. Me siento mejor que nunca. Ya no tengo inseguridades. Ya no me siento insegura como mujer”. Ese asociar la treintena a la madurez que seguro desde décadas inferiores suena al colmo del aprendizaje personal y desde décadas superiores a justo lo contrario.

SEGUNDA ESTACIÓN: LADY GAGA ES UNA BUENA MÚSICA


Que los filetes de carne no le impidan ver el bosque a los más reacios: Lady Gaga se implica en todo el proceso de producción de su disco, elige absolutamente todo, toma decisiones, impone –cuando cree necesario– su criterio al de su productor, Mark Ronson (algunos de los mejores momentos del documental son con él), y encima nos cuenta que le ha costado mucho encontrar a un productor que no la trate con condescendencia y que eso le ocurre a la mayoría de mujeres estrellas del pop. Ahí es nada.
Bonus track: artista invitada Florence Welch. Dos amigas, dos cabalgan juntas, dos en la carretera, dos maneras completamente distintas de concebir el estrellato pop.

TERCERA ESTACIÓN: “QUIERO QUE MADONNA ME EMPOTRE CONTRA UNA PUTA PARED, ME BESE Y ME DIGA QUE SOY UNA MIERDA”

En el garaje del estudio de grabación, Lady Gaga se sienta junto al bajista Nick Movshon y se empieza a desahogar ante la extrañeza (y a ratos indiferencia) del músico:
“Lo que pasa conmigo y con Madonna, por ejemplo, es que siempre la he admirado y aún lo hago sin importarme lo que piense de mí. Lo único que me molesta de ella es que… Yo también soy italiana criada en Nueva York. Si tengo algún problema con alguien, se lo digo a la puta cara. No importa lo mucho que la respete como artista. Nunca podré entender que no me mire a la cara y me diga que fui reduccionista o lo que sea. Decirme que crees que soy una mierda a través de la prensa es como… es como si un chico me pasara una nota a través de un amigo. (…) “Mi amigo cree que estás buena. Este es su..”. Que te jodan. En plan: “¿Dónde está tu amigo para empotrarme contra una pared y besarme?” Quiero que Madonna me empotre contra una puta pared, me bese y me diga que soy una mierda”.

¿Quién no ha querido alguna vez que Madonna le empotre, le bese y le diga que es una mierda? Si Lady Gaga escribió y produjo Born this way (AKA Express Yourself), entre otros plagios homenajes madonnescos en su discografía y trayectoria, pensando justo en conseguir la atención de Madonna o simplemente, tal y como ella defiende, es tan fan de Madonna que le resulta imposible que la música de Ciccone no permee la suya, es algo que no sabremos nunca. Desde luego es más honesta su versión. Pero la otra la convierte en una persona más vulnerable, más débil, y por tanto, más amable (en el sentido literal de la palabra).

CUARTA ESTACIÓN: EL NIÑO EN EL BAUTIZO, EL MUERTO EN EL ENTIERRO CON TAL DE DEJAR SU SELLO

Lady Gaga (atención cliché) viaja a sus orígenes en Nueva York para el bautizo del hijo de uno de los miembros de su banda de jazz. Allí también están sus padres y su hermana. ¿Qué nos quiere contar esta escena? Que Lady Gaga no ha olvidado de dónde viene, que su familia es lo más importante para ella y que pese a sus excentricidades, celebra las tradiciones. ¿Qué nos cuenta, además? Que no pasa nada por convertirte en la protagonista de un evento dedicado al hijo de un amigo tuyo, siempre y cuando seas una estrella del pop.

QUINTA ESTACIÓN: AMERICAN HORROR STORY

Lady Gaga pasa por la grabación de American horror story: Roanoke y se enfada. No vemos a ningún otro actor. No vemos a Ryan Murphy. No vemos a nadie más que a ella enfadándose por un cambio de última hora. Esta escena forma parte de esos momentos de “blanqueamiento a través de mis defectos”, a partir de ahora BTD. Nadie se cree ya esos relatos puros de estrellas del pop y del rock bondadosas, sin conflictos. Y además, en el remoto caso de que así fuera, la bondad y la ausencia de conflicto se asocian a la falta de personalidad y son muuuuuy aburridas. Así que Lady Gaga no tiene miedo a mostrarnos como su nivel de exigencia y perfeccionismo (la disculpa perfecta) la llevan a enfadarse.

SEXTA ESTACIÓN: SEÑOR, POR QUÉ ME HAS ABANDONADO


Sonja Durham, una de las mejores amigas de Lagy Gaga y empleada de su Haus of Gaga, murió de cáncer el pasado mayo. En el documental, mientras la cantante discute detalles profesionales con su manager, recibe una llamada de teléfono de Sonja, a la que al principio contesta en privado. Después vemos cómo activa el altavoz (así oímos cómo le dice que la quiere, antes de colgar) y cuando acaban la conversación Gaga se rompe con un: “Es como… si perdiera a todo el mundo”. Aquí estamos frente a otro de esos momentos involuntarios: un momento que quiere decirnos “Lady Gaga siempre está al pie de sus amigas y sufre con ellas” en realidad nos está diciendo “hasta frente al cáncer de su amiga, lo que le preocupa a Lady Gaga es quedarse sin ella, no que ella ya no pueda vivir”.

SÉPTIMA ESTACIÓN: EL MEOLLO DE TODO

Recordamos o conocemos (según su nivel de implicación con la cantante) que su disco Joanne se llama así por una tía suya enferma de lupus que falleció a los 19 años (en 1974). Lady Gaga va a casa de su abuela a ver recuerdos de su tía. Desde allí nos cuenta que cuando su tía iba a morir los médicos quisieron amputarle las manos, pero su abuela se negó porque creía que eso le arruinaría lo poco que le quedaba de vida y entonces rezó para que dios se la llevara cuanto antes. Lady Gaga le pone a su abuela su canción Joanne en el celular con la presencia de su padre al que casi se le saltan las lágrimas al recordar un trauma. Un trauma que formó parte de la vida de su familia y del que ella de alguna manera se apropia. “Yo soy Joanne” exclama. Y es verdad que ese es su segundo nombre. Y es verdad que seguro que pese a no haber conocido a su tía ese incidente ha marcado la vida de la cantante. Y es verdad que seguro que como artista Lady Gaga ha sentido que debía hablar de aquello que le toca más cerca. Siendo verdad como es todo esto, ¿por qué provoca cierta sensación de pudor propio ver a Lady Gaga exponiendo un trauma que no solo le afecta a ella sino también directamente a su familia?

OCTAVA ESTACIÓN: EL CALVARIO


Aunque nos los enseñe, los dolores físicos de Lady Gaga para ella se quedan. Se ve el sufrimiento constante que ha padecido, su periplo médico y la capacidad de superación que tiene. Y viene la empatía, el yo soy rica y me puedo permitir tratamientos, pero ¿y los que no? ¿Queda bien? Sí. ¿Es un mensaje necesario? También.
Lady Gaga rompe a llorar y dice: “¿Doy pena?” no se sabe muy bien si deseando darla o queriendo evitarla. Y al momento intenta romper con comedia: “Oye, pon a Trump en la tele, eso me dejará KO. Todo lo que necesitas para superar un trauma es ver uno peor”.

NOVENA ESTACIÓN: EL TSUNAMI


La grabación del videoclip de Perfect Ilussion es el prólogo de toda la promoción del nuevo disco, un frenesí en el que Gaga: Five foot two nos mete sin avisar y que funciona como segundo acto perfecto. El encuentro con los fans, las visitas a las radios por todo Estados Unidos, las salidas fuera del país, los altibajos físicos (el dolor sigue ahí), el evento encima del The bitter end y…

DÉCIMA ESTACIÓN: WALLMART

Lady Gaga comprando su propio disco en Wallmart
. La fantasía cliché de pasar por anónima (y muy desapercibida con un crop top recortado a la altura del pecho) entre los mortales, mientras además te está acompañando al menos una cámara. De nuevo qué quiero contar (¡soy divertida! ¡soy espontánea!) y qué cuento: preparo un circo insostenible para comprar mi propio disco y la gente me empieza a reconocer y, ay, cómo es la gente. Es que me quieren tanto.

DÉCIMO PRIMERA ESTACIÓN: LOS ENSAYOS DEL SUPERBOWL

Otra dosis de BTD. Lady Gaga lo quiere todo en orden y a veces su equipo no está a la altura. Así que ella tiene que liderar su propia causa y conseguir, entre otras cosas, que le cambien el forro de una chaqueta para que esta se pueda deslizar bien a la hora de ponérsela y quitársela. Y tiene razón Lady Gaga: si algo sale mal, la que queda mal es ella. Se construye, de manera un poco atropellada, que esa actuación es el momento más importante de su vida. Recibe flores de Taylor (lo cual entronca de manera perfecta con el inicio del documental), se entristece, pero no se permite el lujo de hacerlo más que un (¿pactado?) segundo, y vuelve a la carga.
“El país corre un grave peligro ahora mismo y creo que es cuando es más importante ser artista y destacar” o en un alarde de megalomanía necesito revestir este momento de servicio a los Estados Unidos de América. Y probablemente lo sea.

DUODÉCIMA ESTACIÓN: EL DÍA D


“Hoy es el gran día”, le dice Lady Gaga a su director de moda que parece estar custodiando sus cambios de ropa para la actuación. Y él pregunta: “¿De tu vida?”. Y ella asiente: “Casi me siento triste. Nunca voy a conseguir nada más grande que esto”. Y él le confirma lo que seguro que ella ya sabe: que su álbum ya es número uno en todo el mundo. Ahí confluyen las dos tramas: la del disco y la del Superbowl.
Vemos Elton John, vemos a George Bush padre, vemos a Donatella Versace y en un plano personal vemos a Sonja, la amiga de Lady Gaga, fotografiarse con ella. Tenemos la parte de colorín y la parte emocional, tenemos un montaje acelerado porque llega estamos en pleno clímax. Maquillaje, vestuario, público, abrazos, rapidez de movimientos, campo, guardaespaldas y el momento clave. Hemos empezado con Lady Gaga sobrevolando el estadio de NRG de Houston y acabamos con ella emprendiendo el vuelo. ¿Es esperable? Sí. ¿Funciona? También. Y cómo no, vamos a los créditos acompañados con imágenes del éxito que supuso la actuación. En ese momento Gaga recibe la noticia de que Million reasons (el segundo single) llega al número uno. Empieza a sonar su canción Diamond heart.

Lady Gaga canta “No soy perfecta pero tengo un corazón de diamante”. Y es un resumen certero de las intenciones de este documental: demostrarnos que no es perfecta, pero gritarnos que tiene un corazón de diamante. Es en los ecos de ese grito donde escuchamos sus verdaderas debilidades. Y son esas debilidades las que nos hacen admirarla porque ayudan a mantener el orden establecido, ese que dice que quien alcanza el éxito es un poco megalómano y despiadado y que la ausencia del mismo no se debe a una falta de talento o de suerte, sino a un exceso de escrúpulos o a la falta de autoestima. Los Little Monsters adoran a Lady Gaga gracias a sus virtudes. Aquellos que la miran con condescencia la detestan a pesar de ellas. Gaga, five, foot two consigue, además, que todos los que estén en medio la puedan admirar gracias a sus defectos. 

*Artículo publicado originalmente en Vanity Fair España.