'Blade Runner 2049', las razones por las que tienes que verla (y no, Jared Leto no es una de ellas)

Hoy se estrena la esperada y un poco tardía secuela de la película de culto que en su momento no fue tan bien valorada. ¿Vale la pena? Te pasamos al costo las coordenadas de la película.

1. Esta reseña no contiene spoilers.
2. Fue escrita en pleno frenesí regresando del cine.
3. No se enojen fans de Jared Leto, mejor pónganse en los audífonos el último disco de 30 Seconds to Mars mientras leen esto.

Naces, creces, te conviertes en un Blade Runner, un cazador de replicantes, esos renegados robots que se asumen como humanos, destino para el cual no fueron diseñados.
¿Lo bueno del asunto? Puedes llegar a casa y conectar el sistema digital que desplegará frente a ti el holograma con sentimientos de una ama de casa perfecta (la hermosa actriz cubana Ana de Armas, por sí sola, uno de los motivos por los que veríamos de nuevo la película unas 10 veces más como mínimo…) y sentirte único y especial, tal como reza Brass in pocket, la famosa canción de The Pretenders. En ese sentido, esta nueva entrega de Blade Runner maximiza la premisa de Her, la película de Spike Jonze.

Un momento, ¿arriba dijimos “naces y creces”? No, si eres uno de esos mencionados androides creados por la diabólica (¿porque qué empresa no lo es?) corporación Wallace, realmente nunca “naces ni creces”, sino que eres fabricado en un laboratorio ya como un robot adulto con recuerdos falsos implantados. Sin duda, uno de los momentos más interesantes de esta secuela, es justo cuando vemos el génesis de uno de esos androides, inmaculados y sin pecado, frente a su “Dios”, un empresario siniestro que ha logrado crear esa vida artificial similar a la que lidiamos desde la primera entrega de la película dirigida en 1984 por Ridley Scott. Y hablando del longevo director, viendo lo que ha hecho últimamente (cómo el desastre de Alien Covenant), se agradece que no haya metido las manos en esta película más que como productor; el cine gana esta vez sin él involucrado en la continuación de su propia obra. La puesta al día de Blade Runner en manos de un tipo como Denis Villeneuve, a pesar de que no consigue cortar del todo el cordón umbilical con su antecesora, sí logra crear un buen cuento de ciencia ficción melancólica que destaca entre las recientes entregas del género que nos han recetado últimamente. Y sí, es una digna secuela que no supera a la original (que era magia pura), pero que respeta el espíritu de la primera película y no hará que los obsesivos fans acaben renegando. Ojo: además si eres de esos bichos raros que no han visto la versión ochentera, puedes ver esta secuela sin perderte en el camino.

¿Qué vimos en la película? el director nos mando un mensaje: “Por favor, quienes hagan la crítica de la película, que el factor sorpresa se mantenga para los espectadores, no cuenten nada determinante de la trama”. Lo que sí podemos decir es que nos toparemos con muchas referencias, como el regreso de algunos personajes (aunque sea en holograma) y con un pequeño ensayo existencialista cuyo único desacierto es la presencia de un irritante y sobreactuadísimo Jared Leto. ¿Cuándo se atreverá a decirle alguien que no sabe actuar y que subir y bajar de peso y poner cara de malo no lo convierte en un buen actor así vuelva a ganar el Oscar?

Lo bueno, que el amigo de Belinda no sale mucho, y que además tenemos como contraparte a un sí muy solvente Ryan Gosling haciéndola de este moderno Blade Runner que se empieza a cuestionar cosas al hacer un descubrimiento: “Es que nunca has visto un milagro”, le dice más o menos así uno de los sufridos replicantes al que caza al inicio de la película. Además, tenemos a Robin Wright haciéndolo muy bien como la jefa de los Runners y a Sylvia Hoeks, una actriz holandesa a quién sí que le creemos su papel de fría androide sin alma (¿es real o es un robot? Ya buscamos en google y sí, sí existe…). Y por supuesto, el regreso varias décadas después de Harrison Ford a uno de los papeles que lo consagraron: el cazador de androides renegados noir, ahora retirado y viviendo en su pequeño mundo de recuerdos. ¿Era necesaria su presencia? Este es otro de los puntos discutibles, aunque seguramente muchos nostálgicos no estarán de acuerdo.

Estamos en el año 2049. Años antes, un gran apagón informático había dejado al mundo sin material digital, es decir, todo lo archivado en “discos duros” desapareció y el mundo se quedó sin historia. Un bibliotecario digital se queja de que no hay fotos de él cuando era niño porque todos los vestigios no almacenados físicamente han desaparecido.

Por cierto, ¿te has preguntado alguna vez qué pasaría si Facebook decidiera borrar toda su información? Adiós tus recuerdos. En ese sentido, la película hace una velada crítica al mundo digital e intangible que nos rodea hoy día. Las ciudades que se muestran, siguen igual de oscuras y desoladas que en la primera versión dirigida por Scott, película que, en su momento, fue poco valorada por la crítica. California luce sombría y con su población diezmada. Los idiomas que se leen en los carteles son en japonés e inglés, lo cuál indica que finalmente los orientales invadieron al mundo o que el NWO finalmente se impuso. La gente vive de recuerdos, de hologramas de Elvis y Marilyn y rockolas que proyectan a Sinatra cantando en bares que recrean una época. “¿Es real tu perro?", le pregunta K, el personaje de Ryan, a un huidizo Deckard (Harrison Ford). “No lo sé”, le contesta.

Blade Runner 2049 es una película seria y con un planteamiento profundo, a pesar de algunas pequeñas lagunas en el guión que nos hacen pensar que habrá una tercera parte en la que se aclararán (hagan sus apuestas). Sin duda, es un ejercicio inteligente de entretenimiento en el que las escenas de acción se muestran a cuentagotas, apostando por los diálogos y el fluir de la historia, por momentos contemplativa, pero que no prescinde de momentos de tensión ambientados en escenarios espectaculares de un futuro post-nuclear desolador (por supuesto) pero romántico (¡y con coches voladores!) en el que los humanos aún tratamos de encontrarnos a nosotros mismos mientras los androides se vuelven cada vez más sentimentales. En medio de balazos, algunos sobresaltos, abrigos largos post-modernos, nostalgia por los árboles (un pedazo de madera vale oro) y tecnología que quizás algunos lleguemos a ver (si sobrevivimos a Trump), Blade Runner 2049 es una impecable historia de aventuras con un dejo de tristeza.

Hagamos el siguiente experimento: deja el teclado de la computadora y el mouse, alza las manos, mírate las manos, mueve los dedos, mueve las muñeca…¿sabes quién eres y de dónde vienes? El héroe de acción de Blade Runner es, como nosotros en algún momento, un tipo que quiere encontrarse a sí mismo. En impregnar ese sentimiento de búsqueda acompañado de un buen relato cinematográfico sci-fi, la película cumple con creces las expectativas.