Los Obama acompañan a su hija Malia en su primer día en Harvard

La joven ha abandonado el hogar familiar para empezar una nueva vida en el campus, en donde intentará camuflarse entre los demás estudiantes.

El pasado lunes, nos despertábamos con la noticia de que Brooklyn Beckham, el hijo mayor de Victoria y David, se iba a Nueva York para estudiar fotografía en la prestigiosa escuela Parsons, la misma institución en donde cursaron sus estudios los diseñadores Tom Ford, Donna Karan o el artista Ai Weiwei. Y la ex Spice Girl reconía en su cuenta de Instagram que sí, que estaba llorando.

Ese mismo día, a cientos de kilómetros de allí, otra familia (presidencial) despedía a su hija mayor: los Obama. Porque a partir de ahora, Malia estudiará en la Universidad de Harvard, en donde compartirá su vida con otros estudiantes que como ella comienzan esta nueva etapa. La joven, que optó por un gap year (año sabático), para evitar el revuelo que causaría su entrada en la universidad si su padre aun fuese presidente, llegó acompañada de su familia y con los miembros del Servicio Secreto, e intentando pasar lo más desapercibidos posible.

Pero, a pesar del necesario despliegue, la familia se comportó como lo haría cualquier otra en esta situación. Y el ritual de sobra conocido por todos aquellos que lo han vivido -desde el punto de vista paternal o filial- cumplió el patrón acordado socialmente: los padres llevaron a su hija al campus, conocieron la habitación en la que vivirá los próximos meses y se despidieron de ella muy afectados, bajo unas gafas de sol. Y es probable que el resto del camino a casa lo hiciesen en completo silencio.

Porque Barack y Michelle, que estudiaron en la Escuela de Leyes de Harvard, mantienen una relación muy cercana con su hija. Y el expresidente no oculta su emoción con cada logro de su hija, como demostró el pasado año cuando Malia se graduó en el instituto. Pero aunque la tristeza paterna es casi inevitable, unas fotografías publicadas por el periódico Daily Mail confirman que la joven está tan emocionada como lo estaría cualquiera: se abre ante ella una nueva etapa en la que todo es nuevo y eso es siempre emocionante.

Malia no pretende llamar la atención; nunca lo ha hecho. Y en Harvard se ha comportado como una alumna más (comprando ensalada envasada o riéndose de manera despreocupada) y ha aprovechado para conocer las instalaciones y a los que serán sus compañeros. Pero, aunque su buena disposición es innegable, algunos no olvidan que la joven es la hija de los Obama. Y cuando un periodista del Boston Globe la abordó en el campus, ella le contestó que no podía hablar y después le estrechó la mano, como lo harían sus padres.

Además, durante estos días, una joven colgó una foto que su padre le había enviado en la que se podía ver a su hermano y a Malia hablando. Pero la publicación causó la expectación esperada y ella acabó borrándola. Por motivos de seguridad, se desconoce si habrá en Harvard alguien que vigile todos los movimientos de Malia, lo que sí que sabemos es que su paso por el campus será importante para todos, y no solo por su parentesco.