Kesha acaba su exorcismo: adiós a la anorexia, la bulimia y la ansiedad

Repasamos ‘Rainbow’, el disco con el que la cantante rompe cuatro años de silencio.

Rainbow es un disco de sanación. Un disco que rompe un silencio obligado de cuatro años que supone “la curación de tantas cosas de mi pasado”. A través de 14 canciones ha conseguido canalizar unos “sentimientos de severa desesperanza y depresión”. Años de luchas (contra su productor, la anorexia, la bulimia, la ansiedad y la inseguridad) en los que “he superado obstáculos y he encontrado fuerza en mí, incluso cuando me parecía imposible. He encontrado lo que pensaba que era un lugar inalcanzable de paz”, describió en el portal feminista Lenny Letter, fundado por Lena Dunham, el día en que anunció su vuelta a los escenarios.

Un álbum que ha servido incluso como meditación a través de Praying, el single con el que supimos de su regreso. Escrita con el productor y músico Ryan Lewis, lee para comenzar "¿Estoy muerta? ¿O es este uno de esos sueños? ¿Esos sueños horribles que parece que duren para siempre? Si estoy viva, ¿por qué?”.

Hay poco espacio para la felicidad en el disco de Kesha. No ha dado un giro radical a estilo aunque es más pop y tiene más hip hop, pero también sus reproches y oscuridades.

“Hay demasiado odio, hay demasiado dolor para este corazón”, reconoce en Spaceship. “Dios sabe que este planeta se siente como un lugar sin esperanza. Gracias a Dios voy a volver a casa al espacio exterior”, se confiesa sintiéndose que no encaja.

Precisamente con un himno (Hymn) para ellos comienza el disco, para los “soñadores buscando la verdad”, para “los niños sin religión”.

Hay mucho sitio para bastardos. Un par de canciones completas, de hecho. Las dos primeras, para que queden las cosas claras desde el principio. Una, hasta con título alusivo, Bastards, que escribió un día a las cuatro de la mañana dedicándosela a los que no la han tratado todo lo bien que ella esperaba.
En la otra, Let ‘em talk (acompañada como reafirmación por Eagles of Death Metal), dice: “Tú tienes tus opiniones pero no necesito oírlas. Solían hacerme daño, tumbarme. Haz lo peor, porque nada va a pararme ahora”.

Podrían ser la continuación de temas de discos anteriores como Sleazy o Backstabber.

Rainbow es, aparte de una forma de curarse, un arma, como también han utilizado otras estrellas del pop contra sus enemigos: Lindsay Lohan en Rumors o Taylor Swift con Shake it off.

Parece que en Woman, cuando Kesha canta que es “una mujer maldita”, está hablando en realidad de ser una mujer independiente con un nuevo himno (o una nueva forma de enfrentarse a la vida).

Ahora, además, más profundo y más serio, y con mucha melodía.

* Artículo publicado originalmente en Vanity Fair España.