Guillermo del Toro, la genialidad de la imperfección. Parte I

Vanity Fair participó en un encuentro con el director y sin filtros reveló sus primeros encuentros con los monstruos, las pocas criaturas que le atemorizan y su negativa a ser considerado un genio.

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Es uno de los consagrados y ha elevado el cine fantástico a otro nivel. Está recién desempacado de la Muestra de Venecia y el vértigo le ha alcanzado en el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde se ha convertido en uno de los protagonistas y su cinta La forma del agua ha sido de las predilectas. Se comporta por igual con su gremio, que con fanáticos y periodistas. Este último colectivo no necesita cazarle, Guillermo del Toro les recibe sin blindaje alguno y aborda sus cuestionamientos sin empacho y hasta hace bromas con ellos. “Yo sí me bañé y hasta me puse aftershave y toda la madre”, dice antes del encuentro matutino con un grupo de reporteros.

Vanity Fair formó parte de un longevo encuentro con el realizador en el que como nunca develó el origen de su precoz amor por los monstruos (“Para mi fue un encuentro espiritual”), las contadas ocasiones en que le han atemorizado ("Pocos monstruos me han asustado y me asustaron de pequeño”) , sus motivos para creer que esas criaturas son más confiables que los políticos y los motivos por los que rechaza el mote de genio.

Presentamos el recuento de un encuentro fantástico.

 ¿Cómo es para Del Toro crear un monstruo? El encuentro mío con la criatura Frankenstein fue a una edad muy temprana y fue espiritual porque vi una figura hermosísima, fragilísima, de gran empatía. Empecé a hacer un santoral de monstruos desde chiquito con mucha fe en casa de mi abuelita, tenía un cuartito que decía ‘Club de monstruos’. Ese encuentro con Frankenstein fue como San Pablo en el camino de Damasco, fue mi piedra y dije: ‘Sobre aquí construiré mi iglesia… Pocos monstruos me han asustado y me asustaron de pequeño. 

Presentas a monstruos como criaturas sensibles ¿Cómo ha sido posible? El monstruo es la verdad encarnada, es decir, está y es cómo se ve. Es más fácil discernir con ellos que en la vida real. Con los políticos y ejecutivos no sabes qué vas a encontrarte hasta que tienes un rato tratándolos. El monstruo entra y su propósito queda claro. Como digo: ‘Cuando Godzilla llega a tu vecindario ya sabes que te cargo la chingada, pero cuando llega un regidor municipal no sabes qué va a tirar’. En las películas que hago mayormente el fantasma no es el malo, la maldad humana es infinitamente más temible.

En La forma del agua hay una clara referencia a monstruo de la laguna negra ¿De dónde nace La forma del agua? En Guadalajara, en el canal 6 pasaban películas todo el día, muchas era de Universal. Mi infancia no fue deportiva, tenía seis años, me sentaba con el diccionario y checaba los subtítulos para ver si estaban correctos. Un día vi esa película (El mosntruo de…) y dejé el diccionario. Hay una escena donde nadan y me dio el Síndrome Stendhall. Empecé a dibujar la creatura muy obsesivamente. De adulto, después de Cronos tuve una junta con Universal y les dije de mi idea y no pegó. En 2011 desayunaba con un coautor del libro Trollhunters y le dije vamos a hacer la película de una limpiadora que encunetra un criatura y se la lleva a casa. Dije. ‘Ya está’

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Aún así, en La forma del agua has apostado por el romance y algo cursi. Parece que eso es la plusvalía e incluso le da un valor de rebeldía. La emoción es como el erotismo o el humor. Lo que para alguien es erótico puede ser pornográfico para alguien más; lo que para alguien es cursi para otro es simplemente sentimental. Creo que nuestro umbral para la emoción está tan bajo que la emoción es un atrevimiento cabrón. Además el cinismo inmediatamente suena inteligente. Si digo ‘no creo en el amor’, dices, ‘qué gordo tan prendido’. Si te digo, creo en el amor, dices a que gordo tan cursi. Lo hablo mucho con Alfonso, con Alejandro y tenemos esta frase: “La emoción es el nuevo punk”. Lo más punk que puedes hacer es admitir la emoción, permitirla y provocarte. La emoción es casi un ungüento contra la actualidad.

Hablando de eso. Produces con Bertha Navarro un documental sobre Ayotzinapa. ¿Cómo surge? En el momento en que sucedió Ayotzinapa, al día siguiente me llamó Bertha y me dijo, necesitamos cámaras y testimonios. Se las mandé y se puso a recoger testimonios. Me dijo: ‘Urge antes de que esto se oculte, cambie y se oficialice’. No se produce porque creamos que debe tener una salida comercial, se produce porque creemos que debe existir. Es importante que se documente y Bertha quiere que no sea el curso oficial de la noticia.

Hablas de forma muy cercana a política nacional. ¿Qué opinas de las desapariciones y el papel del Gobierno? Me parece que es el síntoma más atroz de la completa descomposición social y de la destrucción de los pactos más básicos de civilidad. Me interesa tantísimo más el círculo inmediato de lo que yo puedo hacer a nivel personal. No es novedad decir que las instituciones no funcionan. ¿Cuándo fue la última vez que te dio gusto ver a una patrulla cuando se te para el coche a las 2AM? Es como ir al doctor y decir: ojalá no me mate.

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Señalaste que tu fe está en la ciudadanía. Concibes las candidaturas independientes como alternativa real para la ciudadanía. Algunas van a ser de ingeniería a chaleco porque no hay manera más fácil de ejercer la dominancia que fingir la alternancia. No puedo hablar con detalle de cada candidatura, pero hay que reconocer al menos que existe y se presenta como alternativa que no lo es. Yo opino desde la calle, de andar a pie y como espectador y como ciudadano, creo que es algo imposible.


No te pierdas la segunda entrega de esta conversación con Guillermo del Toro en la que revela porque el Oscar no le obsesiona y cómo se ha sentido haciendo televisión.