El extraordinario legado de Franca Sozzani, contado por su hijo

Ya se puede ver en Netflix el documental 'Franca: chaos and creation', que narra la vida y obra de la que fuera directora de Vogue Italia durante casi 30 años.

El 22 de diciembre del año pasado fue la noticia del día: fallecía Franca Sozzani, la que había sido durante 28 años directora de Vogue Italia. Franca dejaba el mundo y a su vez le dejaba una impronta indeleble en el mundo de la moda, casi tres décadas de trabajo revolucionario y personalísimo. Pero había algo más. Sabíamos, porque así lo habían presentado en el festival de Venecia, que había sido la protagonista de un documental sobre su persona dirigido por su hijo, Francesco Carrozzini. Un testimonio íntimo que hoy, casi un año después de su muerte, podemos ver en Netflix.

Franca: chaos and creation comienza con unas palabras de la autobiografía de Hemut Newton: “Por suerte aún quedan directoras interesantes, Anna Wintour en Nueva York y Franca Sozzani en Milán”. Y continúa con una secuencia de Death Proof. En la película de Tarantino Rosario Dawson entra a comprar a una gasolinera y el empleado le informa de que tienen el último número de Vogue Italia. Es la manera económica de demostrar lo que luego desarrollará el documental: el impacto en la alta cultura y en la cultura pop del trabajo de Sozzani.

¿Y cómo consiguió Sozzani llegar a los museos y a las gasolineras? ¿A su amigo, el filósofo Bernard-Henri Lèvy y a Lady Gaga? El salto mortal de la directora de Vogue Italia se apoyó en el arte, en la actualidad y en la polémica. En el arte porque su principal obsesión era la fotografía. “Mi única manera de hacerme entender era a través de las imágenes”, confiesa. Y sus fotógrafos de cabecera asumieron la confianza que ella les otorgó como un regalo cargado de responsabilidad.
La santísima trinidad Sozzani la formaron Bruce Weber, Steven Meisel y Peter Lindbergh y los tres participan en el documental.

Weber recuerda a la Franca que conoció embarazada, después de haberse recorrido Estados Unidos de aventón con una amiga. Y ante el famoso retrato de Dalí frente a un rinoceronte, cuenta que esa fotografía ejemplifica la relación que él tuvo con Franca. “Yo soy el rinoceronte y Franca es la que lleva el sombrero elegante”. ¿Puedo hacer tres fotos más? ¿Puedo quedarme un día más en el estudio? Y ella está diciendo: “No, no, no”. Y entonces dice: “Sí”.

Meisel y Sozzani se conocieron en Nueva York en 1980. Según ella misma relata: “Él esperaba a alguien más formal. Yo me esperaba un hombre de más edad. En ese momento nos gustamos el uno al otro y decidimos trabajar juntos”. Su compromiso se materializó en que el neoyorquino haría todas las portadas de Vogue Italia y así ha sido durante 27 años. La portada de Madonna a lo Marilyn que él realizó en el año 91 marcó un antes y un después: tal y como cuenta Donatella Versace supuso la chispa que acabó convirtiendo a las celebridades en protagonistas de las portadas de las revistas de moda.

“Con Franca te sentías comprendido como fotógrafo”, añade Lindbergh, que la fotografía durante el documental. Sobre esas imágenes escuchamos un off de Franca: “El momento más bonito es cuando tú sabes que tu mirada entra en su cámara justo como él quiere”. ¿Y cómo cristalizó la unión tan perfecta entre ambos? Con una amistad duradera, en la que jamás interfirió el amor romántico: “Yo me reía de sus mujeres y él se reía de mis novios”. Lo que Lindbergh, siendo consciente de que sus palabras en el documental iban a quedar para la posteridad, matiza: “Siempre he estado un poco enamorado de Franca porque admiraba su sensibilidad. Admiraba su libertad. Es una mujer muy libre capaz de expresarse y dejar que los demás se expresen”.

La actualidad y la polémica fueron de la mano en el Vogue de Sozzani, que no solo no huyó ningún tema controvertido, sino que los tamizó a través de su perspectiva. Quedan para el recuerdo The latest wave, a raíz del vertido de BP en Estados Unidos; el archicitado Makeover madness, sobre la obsesión con la cirugía; State of emergency, sobre la violencia policial, el Rehab issue; el War issue y el Horror story sobre la violencia de género. Estos enfoques sirvieron a sus principales detractores para acusarla de glamurizar la violencia en sus diferentes formas. Muchos no comprendieron que lo que Franca hacía al abordar esos temas desde la fotografía de moda no era rebajar su horror, sino dejar que este permeara, a través del tratamiento artístico, a un ecosistema tan blindado sobre sí mismo como el del lujo.

Franca: chaos and creation se antoja hoy el testamento en imágenes de una mujer que cambió las reglas del juego, que asumió que el tablero le pertenecía y que ganó la partida por atreverse a no jugarla con piezas heredadas. Muchas son las lecciones profesionales que se pueden extraer de él: “De lo que más orgullosa me siento es de no haber seguido las normas de nadie más”, “Me enseñaron que debes ser una ganadora, que incluso las mujeres deben ser independientes y que el matrimonio no debe serlo todo”, “En el momento en el que sale una revista el contenido está viejo. Te estimula para hacer algo nuevo”.

Franca Sozzani y Francesco Carrozzini, durante la presentación de 'Franca: chaos and creation' en el festival de Venecia de 2016.

Pero además es la aproximación íntima a la vida y la obra de una mujer por parte de su hijo. Carrozzini sabe su posición privilegiada y la utiliza: él no está descifrando la vida privada de la directora de Vogue, está enseñándole al mundo cómo es su madre para lo cual utiliza un recurso más que pertinente: en lugar de editar las tomas para que Sozzani diga sus parlamentos tal y como él quiere que queden, Carrozzini deja las conversaciones completas, en las que madre e hijo discuten con el cariño con el que solo discuten una madre y un hijo que se admiran y por encima de todo se quieren. “No sé cómo has tenido tanto éxito, porque no me parece que seas muy lista”, bromea él con ella dejando clara la complicidad entre ambos.
Y ella entiende el interés filial como una oportunidad para abrirse. Una anécdota: Ambos miran las fotos de la boda de ella y Francesco señala que a ella y a su abuelo se les ve muy serios. Ella no tiene reparo en confirmar que no quería casarse. Entonces él pregunta: “¿Y por qué te casaste?”, a lo que ella responde lacónica: “Porque estaba ya vestida”.

Este tipo de comentarios jocosos se alternan con declaraciones de intenciones personales: “Siempre hice cosas difíciles. Divorciarme a los tres meses de un matrimonio socialmente perfecto, tener un hijo fuera del matrimonio, no querer vivir con el padre de mi hijo, criarlo sola mientras trabajaba al mismo tiempo. No podía ni decir quién era el padre. Hice estas cosas no para demostrarme que podía hacerlas, sino porque sabía que podía”.

Vida, obra y milagros –su propia trayectoria lo es– de una mujer que cambió el mundo de la moda. Y una reflexión final: “Nunca pensé en hacer de mí alguien importante, pero sí quería dejar algo como legado. Un día te vas y la gente dice: ¿Qué consiguió?”. No hay más que ver Franca: chaos and creation para recordarlo y celebrarlo

* Artículo publicado originalmente en Vanity Fair España.