Björk y la conexión Woody Allen en el caso de abusos de Harvey Weinstein

Como un efecto dominó, las recientes acusaciones en contra del otrora poderoso magnate del cine Harvey Weinstein, han sacado a la luz otros abusos y casos de acoso sexual.

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El silencio de Björk.
La artista islandesa destapó otra cloaca que se remonta a aquellos años en que la cantante incursionó en el cine. Aunque no lo menciona por su nombre, se deduce que Björk se refiere en sus acusaciones al director danés Lars Von Trier (el mismo que dijo simpatizar con Hitler, que le valió su expulsión de Cannes). Según ella, cuando trabajó con este realizador descubrió que “los tocamientos y el acoso sexual hacia las mujeres eran algo común, una norma asumida por todos en la industria del cine”. Además relata que cuando ella trató de rebelarse, fue castigada y llevada al límite por el director. La película fue filmada en el año 2000. ¿Por qué guardó silencio tanto tiempo? Eso se preguntan muchas voces que afirman que muchos casos más se pudieron haber evitado si tanto ella como otras involucradas en los abusos hubieran alzado la voz desde tiempo atrás. La respuesta es muy simple (y de miedo), resulta que efectivamente, como insinúa la islandesa, la práctica de acoso de parte de muchos productores se daba como una práctica común, algo que casi todo mundo hacía y que era parte de esas reglas no escritas en ciertos lados oscuros de Hollywood (y más allá). ¿Quién no ha leído los documentados casos de pesadilla para actrices como Tippi Hedren que implicaron trabajar con el obsesivo y amenazador Alfred Hitchcok? ¿Se acuerdan de Corey Feldman, quien denunció una red de abusadores que llevaron a la muerte de su amigo Corey Haim?

¿Las cosas están cambiando?

Parece ser que sí. Bill Cosby no ha podido salir del gran lio de abuso sexual que, en teoría, debería tenerlo en la cárcel. Recientemente, Taylor Swift logró ganar un pleito legal contra un DJ al que se le pasó la mano al tomarse una foto con ella, y el ganador del Oscar Casey Affleck, aunque sigue negando acoso sexual, tuvo que pedir una disculpa pública contra dos mujeres que trabajaron con él en un documental. Ahora quien está temblando es Woody Allen, quien declaró que espera que “no se lleve a cabo una cacería de brujas hacia los implicados en sospechas de abuso sexual”. El longevo director ha sido acusado en reiteradas ocasiones de acercamientos indebidos hacia Dylan Farrow, una de sus hijas adoptivas (porque con la otra acabó casándose). Woddy Allen, al igual de Roman Polanski (acusado de violación en los años 70, quien a la fecha no puede visitar Estados Unidos porque lo meten a la cárcel), al parecer, no podría pisar la prisión porque el delito ha prescrito, pero lo que reclama su ex esposa Mia Farrow (como lo hizo en entrevista con la edición estadounidense de Vanity Fair hace algunos años) es que el escándalo mediático alcance al director y quede marcado como abusador. Cosa que no ha pasado aunque, curiosamente, uno de los artífices del nuevo aire que ha tenido Allen en su carrera fue justamente el hoy apestado Harvey Weinstein. ¿Quién es el periodista que lanzó la embestida contra el directivo? Se trata de Ronan Farrow, hijo de Allen, que también fue el encargado de acusar a su padre de los abusos contra su hermana Dylan. Sí, la telaraña parece desenmarañarse y por eso Woody sí que debe estar más preocupado que algunos de sus culpabilísimos personajes en Misterioso Asesinato en Manhattan o Match Point.

Y sobre el caso Björk, Lars Von Trier ha salido a defenderse alegando que “no la acosaba sexualmente, pero no la soportaba, eran enemigos” y además aseguró que la acusación no lo sorprende porque “ella siempre se la ha pasado quejándose de mí”. Así las cosas en esta telenovela hollywoodense donde parece que comienza a haber justicia.