Guía para remodelar la Casa Blanca

Mientras Hillary Clinton tuvo una agenda distinta, otras Primeras Damas se encargaron de cambiarle la imagen y reputación de acuerdo a su personalidad, necesidades e intereses.

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Eleanor Roosevelt, la consciente patriótica

Le tocó una época difícil (la Depresión), por lo que los lujos no estaban permitidos, o por lo menos, no bien vistos. Por ello se propuso que la Primera Cocina respondiera a la situación como un ejemplo de solidaridad y modelo. Así comenzaron las indesperadas comidas de dos tiempos y menús austeros, incluso para ocasiones especiales como la cena de Navidad. Sin embargo, en un artículo publicado por The New Yorker en 2010, su plan evolucionó hacia el rescate de los platillos típicos más deliciosos del país. Al final, “las penas con –un buen- pan son menos”, ¿cierto? No tuvo que comprar estufas nuevas, simplemente le dio el giro adecuado a la que tenía.

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Grace Coolidge, la del ‘break’

Considerada como toda una fashionista, ella fue la responsable del llamado ‘sky parlor’, un íntimo espacio que fue construido gracias a la renovación que se llevaba a cabo en el piso superior de la residencia. En él podía disfrutar del aire fresco sin que nadie la viera o molestara. Definitivamente, una de las más grandes ideas que nacieron de la necesidad de privacidad (o de tomarse un respiro) de un sitio con un ritmo bastante acelerado y lleno de gente. Las siguientes inquilinas decidieron conservarlo e incluso, decorarlo y ampliarlo para sus tertulias.

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Jacqueline Kennedy, la historiadora

A ella se le atribuye la que fue la más grande restauración de este edificio. Cuando lo visitó en compañía de su madre en 1941, quedó tristemente sorprendida al ver tan pocos muebles del pasado acomodados en la que consideraba la casa más simbólica del país. Fue en 1961 que se encargó de otorgarle una apariencia de carácter clásico, la cual fue posible gracias a su valoración y pasión por las antigüedades. Así fue como unificó los cuartos públicos y consiguió que transmitieran al público que, como cada vivienda, la suya también tenía historia y que de forma digna podía convertirse en un gran y atractivo museo.

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Laura Bush, la profesional nata

A diferencia de Jackie, se enfocó en la redecoración, aunque haya sido en un principio por petición de su esposo, así se lo contó a la edición estadounidense de Architectural Digest en 2008. Con la ayuda del diseñador Kenneth Blasingame se encargó del Salón Oval de acuerdo a los bien conocidos gustos de su marido; tanto la alfombra como el color de las paredes fueron cambiados. Después de ver el resultado, emprendió lo que fue un intrépido makeover que incluyó las habitaciones de la familia, cuartos de estado, el primer piso de la biblioteca, la Habitación de la Reina, la de Lincoln (con los correctos acabados victorianos) y la Verde, su favorita.

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Michelle Obama, la altruista

Fue en 2009 cuando decidió poner verde a la Casa Blanca… En sentido figurado, por supuesto. Gracias a su espíritu ecologista y como parte de su campaña contra la obesidad ‘Let’s Move!’, un huerto orgánico nació dentro del hogar presidencial. Este ‘jardín’ no solo fungió como un taller de enseñanza de alimentación saludable para los niños, también fue testigo de varias reuniones con líderes mundiales como Angela Merker. Antes de decirle adiós, Obama se encargó de protegerlo de los aún inciertos planes de la próxima administración al incluir refuerzos de cemento, piedra y acero.

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Melania Trump, la vanidosa

Hace unos días, se corrió el rumor de que la esposa de Donald Trump desea que se acondicione un ‘glam room’, en el que según lo reportado por Teen Vogue, pasará al menos una hora y quince minutos concentrada en su arreglo personal. En él la estará esperando todos los días su maquillista, Nicole Bryl, quien en una entrevista declaró que su jefa demandó tener “el perfecto escenario de iluminación”. ¿Otro cambio que tenga en mente? Tal vez demoler el jardín de su antecesora y crear otro a su imagen y semenjanza, o manteniendo la misma idea proclamándola como suya.