Ha muerto el mítico creador de Playboy. Ahora, ¿dónde jugarán las conejitas?

Fundador de un imperio erótico, Hugh Hefner falleció a los 91 años. Así es el universo de la figura pop que desató una revolución sexual bajo la sombra de un conejo.

El hombre que creó un imperio bajo la icónica sombra de un conejo como elegante estandarte de la revolución sexual que cambió al mundo, dejó su eterna morada, la Mansión playboy.  Su deceso se anunció anoche.

Pretendamos que se fue de viaje, que encontró una maquina del tiempo, rejuveneció y anda ahora mismo en un sensual tour en su jet privado. Sí, el legendario Big Bunny, esa bestia fiestera que sobre las nubes presumía de una discoteca, una cama de piel, una sala de juntas y toda la mística que implicaba transportar al primero y el último de los magnates del sexo y a todo su séquito. Eran los años 60 y en la aeronave solían viajar ocasionalmente sus amigos Elvis o Roman Polanski. Curiosamente, a fines de los 80 el avión fue adquirido por Aeroméxico y utilizado como avión comercial hasta 2004. Quizás alguno nosotros viajó como un auténtico playboy en la misma nave que pisó Hefner y nunca nos enteramos.

¿Pasó Hugh Hefner a mejor vida? No lo creemos, ¿qué puede superar su existencia hedonista en este plano mundano por más de nueve décadas? La mayor parte de esos años, vivió como un verdadero ícono de la cultura pop, rodeado y consentido por novias, esposas y amantes que bien superarían a Bo Derek en el ranking de “10, la mujer perfecta”. La misma Derek que en 1980 posaría completamente desnuda en las páginas centrales de la revista.

Tras el anuncio de su fallecimiento, en las redes sociales los comentarios agridulces no se hicieron esperar. Alguien por ahí dijo: “Hoy el patriarcado ha perdido a uno de sus máximos exponentes”. Nada más lejano. Y es que existió más de un Hugh Hefner además del comerciante de desnudos (aunque muchos leyéramos la revista por sus artículos). El tipo fue un activista de los derechos sexuales, un visionario hombre de negocios que levantó un monumento al sexo; fue también el seductor de mediana edad, asiduo y escandaloso visitante por tantos años de las páginas de la jet-set internacional; y claro, también fue el tipo divertido que conocieron las últimas generaciones, el señor de bata ya muy mayor, que a través de su propio reality show, procuró no quedarse fuera de los reflectores. Fue además el padre que alguna vez dejó a cargo de la presidencia de la corporación a Christie Ann Hefner, su hija…¿qué clase de patriarca diabólico haría eso?

HughHefner

El fundador de la revista para caballeros por excelencia estuvo pendiente hasta el final de lo que pasaba con su creación. Enfermo y un poco sordo, quizás un poco agobiado de que su mujer decidiera quitarse los implantes de senos hace algunos años por cuestiones de salud. Tal vez sus últimos años los pasó  frente a la televisión, viendo cómo lo representaban en la serie Masters of Sex. También pendiente de la polémica y temporal decisión de que la versión estadounidense de su revista ya no incluyera desnudos —algo demasiado obvio en la era de internet— “él dio el visto bueno, la decisión final”, me comenta Arturo J. Flores, editor de la versión mexicana de la revista: “Me consta que hasta el último momento tuvo un voto decisivo de lo que pasaba en Playboy. Personalmente recibía en su mansión las pruebas de color, las ideas, consultaba cosas, le daba el visto bueno a todo”.

La importancia de su figura en la cultura pop es inmensa. Aportó mucho más que una doble página central sexosa al siglo XX: ayudó a popularizar el jazz en Estados Unidos al ser el primero en invitar a los músicos afroamericanos del género a un programa de televisión de blancos. Además, cuenta Arturo J. Flores, “Hefner fue uno de los responsables de que el Estado dejara de regular la alcoba de los norteamericanos y siempre estuvo pendiente de las causas sociales”.

¿En la vida de este playboy por excelencia había lugar para el amor? ¿Para el matrimonio? Crystal Hefner tenía apenas unos meses de nacida, cuando su difunto marido ya tenía 60 años. Hoy, Crystal, la tercera esposa de Hefner, quizás esté arrepentida de haber firmado ese acuerdo prenupcial en el que se estipulaba que no recibiría nada de la herencia al fallecer Hugh. Quizás haya alguna clausula por ahí a su favor o tal vez vender sus memorias le pueden dejar mucho más dinero. La viuda de 31 años que hizo sentar cabeza al playboy (quien hasta antes de 2010 aún presumía no sin cierta dosis de humor involuntario, su harem privado), debe tener sentimientos encontrados en este momento, pero de que está muy triste, debe estarlo.

Hefner se ha ido, pero su legado, con todos sus claroscuros, sin duda será clave para descifrar la historia contemporánea en el futuro. Quizás cuando algunos antropólogos espaciales encuentren vestigios de nuestra era, su nombre vuelva a sonar, como cuando se reveló que los astronautas de la misión del Apolo 8 llevaban entre sus itinerarios de vuelo una foto de Miss Diciembre 1968, tomada de la revista que inventó Hefner. ¿Qué diablos puede ser más pop que eso? ¿Romper con los tabúes sexuales generacionalmente? Por supuesto que eso también.