Michael Phelps: “No extraño las albercas, estoy comenzando la segunda parte de mi vida”

El máximo medallista olímpico estuvo en México y habló abiertamente de su vida como deportista retirado y… no se arrepiente de nada.

Michael Phelps es una leyenda viviente, tiene 32 años, pero las experiencias en su cuerpo y su soltura al hablar hacen pensar que es un hombre que ha vivido mucho más, ¿qué se puede pedir a la vida si tienes 28 medallas olímpicas, una fortuna de 55 millones de dólares y el cariño de la gente en todo el mundo? Tal vez reconstruir su vida personal.

Un traje azul a juego con una camisa impolutamente planchada cubren el cuerpo de 1.93 de Phelps; su rostro es una combinación entre lo elegante y lo desenfadado: una barba de un par de semanas crecida y un peinado tan cuidado como modelo de publicidad. Así luce ahora el hombre al que apodan “la bala de Baltimore” y ahora sí, definitivamente, está retirado de las competencias.

“Pasé muchos años de mi vida en el agua, ahora me estoy preparando para entrar al mundo real”, dice Phelps con una sonrisa en la boca, asegura que aunque su carrera como nadador se acabó, sabe que “hay cosas más emocionantes que vienen”.

Y es justo esa nueva vida la que lo trajo a México, para ser uno de los ponentes en el World Business Forum en la Ciudad de México, organizado por la consultora global WOBI (World of Business Ideas). Una vez retirado, ha comenzado una vida donde se dedicará a ser empresario y a seguir con la fundación que lleva su apellido

Michael Phelps y su esposa, Nicole Johnson.

La segunda vida
A unos meses de conocer a su segundo hijo con Nicole Johnson, la vida de Michael Phelps es otra, una mejor, explica él mismo: “No extraño pasar horas en la alberca nadando, pensando ‘¡dos vueltas más!", ahora disfruto más ver que chicas y chicos jóvenes puedan hacerlo, disfruto de mi familia y todo lo que estoy aprendiendo”.

Y aunque es un hombre de retos, las metas deportivas en la natación ya no le roban el sueño. En 2012, cuenta, pensó que no volvería a nadar más en unos Juegos Olímpicos, “pero me quedó un oro pendiente en mariposa, quería otro récord. Para 2016, por eso volví. Lo que más quiero es pasar más tiempo con mi familia que ahora está creciendo”.

Phelps tuvo una vida de privaciones. Un atleta de su nivel no puede decir que lleva una vida ordinaria y eso incluye a su salud mental. Pese a saber que perdió parte de su infancia y adolescencia en competencias, no se arrepiente de nada: “Ahora estoy en un punto muy bueno, tengo una hermosa familia, soy una persona feliz; sí tuve problemas de depresión, pero los superé”.

Hace unos días, supimos que el exnadador sufrió problemas de depresión por medio del documental Angst (el cual habla de los problemas de ansiedad). Ahora lo cuenta en vivo, con la naturalidad que merece el tema.

“Sí sufrí depresión, debo haber tenido unos tres o cinco episodios fuertes en mi vida. Al volver de unos Juegos Olímpicos, de ganar grandes competencias, llega un momento de depresión… pero puedo decirte que al 70% de los atletas olímpicos que conozco les pasa lo mismo después de unos JJOO. Pasas cuatro años esperándolos, practicando para llegar ahí… cada vez más gente hablamos de eso, hay que hablar de eso, a todos nos puede pasar. Mi episodio más terrible fue en 2014, al pasar tres o cuatro días encerrado sin querer hablar con nadie”, recordó Phelps.

No obstante, medita que eso que le sucedió lo llevó al punto donde está ahora: “Si me siento triste o deprimido, contento o muy motivado, reparo más en analizar por qué me siento así. Y eso es algo que debemos hablar con todos, en especial con los niños. Y así es la vida, nada es perfecto, ¡NADA!”.

Después de ver el fin de la euforia en los centros acuáticos, de la gente aplaudiendo cada uno de sus triunfos, Phelps asegura que en su segunda vida tiene ya una idea clara de lo que quiere para su futuro, trabajar por lo que desea. “Si no tengo un trabajo, no hay forma de sostenerme; si quiero ser el mejor esposo, el mejor padre, el mejor amigo, también tengo que trabajar para eso”.