Al comediante Louis C.K. también le acusan de abusos

Los rumores llevan circulando años pero nadie quería creer que lo que se decía sobre este aliado feminista fuera cierto.

En 2012, el popular sitio Gawker se hacía esta pregunta "¿A qué adorado cómico le gusta obligar a las mujeres del gremio a ver cómo se masturba?".

El artículo, tal y como estaba formulado, dejaba bastante claro de quién estaba hablando. En 2015 los rumores volvieron a esa publicación, pero esta vez con voces en off dando el nombre propio con todas las letras: Louis CK. El año pasado y este mismo verano Vulture dio de nuevo pábulo al rumor: desde hace al menos 15 años al que posiblemente es el mejor cómico de este siglo, le gusta masturbarse delante de mujeres de forma inesperada.

Ahora el testimonio de cinco mujeres en el New York Times ha convertido el secreto a voces en scoop mundial.

Las acusaciones a Louis C.K. tienen especial relevancia porque este cómico de origen mexicano, se ha convertido en la última década en el máximo representante de una nueva masculinidad que se relaciona de una forma totalmente diferente con las mujeres: sí, Louis C.K. hace los chistes más inapropiados del planeta, pero entre todos sus chistes sobre fluidos corporales, abortos y horribles desgracias -monólogos donde la masturbación funciona como un signo de puntuación- siempre está el mensaje de que los hombres pueden ser mejores. De que deberían serlo.

Fuera del escenario, el cómico también ha apoyado la causa feminista.

De hecho, ha sido uno de los impulsores de 'Better Things', serie escrita y dirigida por Pamela Adlon, amiga personal y colega profesional de Louis C.K., y coprotagonista de una de las escenas más perturbadoras de 'Louie', donde el personaje del cómico, borracho, asalta sexualmente a su mejor amiga-.

La última vez que los rumores sobre C.K. empezaron a circular, Adlon apareció en público para elogiar cómo el cómico la había animado a lanzarse con 'Better Things'.

Su figura de pelirrojo fondón, majo, dañado y amable, un sujeto que intenta hacer lo correcto aunque meta la pata hasta el fondo, ha conseguido elevarle a los altares de la comedia y de los referentes del hombre contemporáneo: el aliado feminista por excelencia.

El personaje de Louie no representa lo que nadie querría ser, pero su discurso transgresor y su facilidad para introducir conceptos feministas y sociales en su obra apelaban directamente a la "crisis de la masculinidad", una etiqueta demasiado benévola para describir... bueno, a gente tóxica y poderosa por el hecho de ser hombres que descubre que las reglas del juego están cambiando. Sobre todo una regla llamada "impunidad" que todos los hombres llevamos en el bolsillo desde que nacemos.

Un ejemplo de cómo funciona esta atmósfera y esta cultura en crisis ha sido la reacción de muchos de sus fans al enterarnos de la noticia -a pesar de que conocíamos las acusaciones previas-.

Un no exento de simpatía, de "no, él no", mayor tal vez que el del caso de Kevin Spacey.

Louis era uno de los nuestros; "Tu Colega", como decían en Wired al saltar el caso; un embajador (escatológico y malhablado, sí) de un puñado de ideas que merecen la pena defender para una sociedad mejor. Y la parte horrible de esa reacción es que primero hemos pensado en él, no en esas mujeres que no tendrían por qué ver el pene en acción de un hombre de mediana edad por sorpresa.

Pero la diferencia que ha marcado el caso Weinstein es ésa: tras cinco años de acusaciones, rumores, y todo tipo de informaciones sobre "la costumbre" de Louis C.K., ahora el tiempo de la impunidad se está acabando.

Durante estos años, el cómico ha tenido la oportunidad de defenderse públicamente, de afrontar las acusaciones y de afrontar el problema. Es algo que se le ha ofrecido en múltiples ocasiones.

En todas, hasta en esta última, la respuesta de Louis C.K. y de su manager, el poderoso Dave Becky, ha sido la misma: "Louis no va a hacer declaraciones públicas sobre el tema". Eso sí, canceló la premiere de su última película y ha mantenido un perfil bajo desde que supo que el NYT estaba trabajando en el caso.

Pero, hasta el final, su actitud ha sido la misma: no afrontar un caso que hace unos años era, simplemente, la comidilla del mundo de la comedia estadounidense. Pero que hoy empezamos a percibir como lo que es: algo inaceptable. Y no porque su personaje público haga más hipócrita el hecho o porque lo veamos como una traición a lo que nos ha enseñado. Sino porque los hechos de los que se le acusa son inaceptables, vengan de quien vengan.

* Artículo publicado originalmente en Vanity Fair España.