La fiesta del 4 de julio de Taylor Swift se ha convertido en un símbolo de sana diversión entre los famosos

Parece que la celebración —con una enorme resbaladilla inflable y todo— llegará pronto.

Pocas celebraciones anuales organizadas por celebridades están rodeadas de mitos tan desmesurados como la fiesta de Taylor Swift del 4 de Julio, la cual tiene lugar cada año en su casa frente a la playa en Rhode Island. También están las fiestas blancas de Diddy, la fiesta de Halloween de Heidi Klum, y. . . ¿Eso es todo? La fiesta de Taylor ni siquiera lleva tanto tiempo celebrándose. ¿Cómo un lugar para pasar el fin de semana llegó a ser el más importante durante esta festividad en solo tres años?

La historia comienza con una casa. Bueno, una mansión. Swift compró su casa de siete recámaras en Rhode Island junto al mar por 17.75 millones de dólares en la primavera de 2013. La cantante acababa de llegar de su RED Tour, en Canadá, y —quizás sintiendo una nostalgia especia hacia su patria— organizó una fiesta por el 4 de julio para sus colaboradores. En su blog personal, escribió: “El Día de la Independencia es una de mis fiestas favoritas del año. En esta época me acompaña mi familia de las giras en la playa y quiero compartir algunas fotografías porque ustedes son la razón por la cual llegamos a estar de gira juntos”.

Al año siguiente, la fiesta creció e incluyó a más caras conocidas. Una mezcla de creativos coincidieron en la casa: la creadora de Girls, Lena Dunham, la modelo Jaime King, la letrista Ingrid Michaelson, la exalumna de Gossip Girl, Jessica Szohr, y los reyes de Hollywood de ese año, Emma Stone y Andrew Garfield. Los integrantes del grupo decoraron un pastel, hornearon un pay de manzana, se deslizaron en la resbaladilla, cantaron usando vestidos veraniegos y sonrieron muchísimo.

La saludable luz que emana de Swift se pudo apreciar en las imágenes que llegaron a Instagram durante el fin de semana. El dedo medio de Dunham fue el único detalle negativo en un evento casi totalmente impecable.

 

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Luego vino el 2015, el año de Bad Blood y el año de la pandilla, una forma más sucinta y siniestra de decir “grupo de amigos”. Y aumentó la cuota de famosos. Asistieron Hadid, las hermanas Haim, un par de los hermanos Jonas, la modelo SerayahEd Sheeran (en un uniforme de chaqueta roja), la modelo de Victoria Secret Martha Huna y el entonces novio de Swift, Calvin Harris, quien debutó en el Instagram de ella ese fin de semana. Las toallas con la bandera de Estados Unidos que se entregaban a cada huésped combinaban con los trajes que llevaban los invitados. La casa de Swift en Rhode Island se llenó de flotadores de alberca, y había también una resbaladilla inflable roja, blanca y azul.

Tayamerica fue, oficialmente un suceso, un evento, un happening.

El año siguiente, 2016, el fin de semana alcanzó un punto álgido de famosos. Uzo AdubaRuby RoseMartha HuntKarlie KlossHalston SageHaimGigi HadidCara Delevingne y su novia del momento, Annie Clark (también conocida como St. Vincent). La otra pareja de estrellas fue la conformada por Ryan Reynolds y Blake Lively, quien estaba embarazada de su segundo hijo. Alguien contrató a un fotógrafo profesional (o tenía una réflex digital consigo). La resbaladilla acuática volvió.

Los paparazzi también llegaron a Rhode Island el año pasado. Aquel fue, recordemos, el verano de Hiddleswift, ese torbellino de unos cuantos meses cuando Tom Hiddleston Swift salían. Él llevaba una camiseta con el mensaje "I <3 T.S." (que era una broma), cuyas fotos se extendieron por todas partes.

La ecuación de Taymerica es simple, pero potente: suma todos los seguidores de estos famosos y multiplícalos por el poder de “Madre santa, ¿estos dos están saliendo?” Es muy divertido tratar de averiguar de qué diablos hablaron Uzo y Este, o adivinar qué pasaba por la mente de Ryan Reynolds mientras estaba despierto.

Y si todas estas mujeres famosas (y hombres, pero sobre todo mujeres) no le resultan fascinantes, son ineludibles. La mayoría de las fiestas casuales de celebridades son privadas, un escape de las cámaras, pero las fotos de esta tradición anual circulan libres y sin obstáculos. No son los premios Óscar o los Grammys. No es la Fashion Week de París. Es una gloriosa parrillada. Es pasar el rato, aunque combinando los trajes de baño y los onesies. La última vez que vimos a tantas celebridades divirtiéndose así en el mismo lugar fue en el video de 2012 de Justin Bieber y sus amigos bailando Call Me Maybe, de Carly Rae Jepsen. Aquello requirió mucha organización, y la fiesta de Swift, también, pero la impresión que ambos causan es que se trata de fiestas caseras comunes. Diversión buena, limpia y abundante.

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¿Qué podemos esperar este año? Bueno, no es seguro que Swift tenga una fiesta planeada, aunque todo apunta a que Tayamérica tendrá lugar este fin de semana a juzgar por la resbaladilla que sobresale de los arbustos de la casa de la artista, según afirman los vecinos. La intérprete ha mantenido un perfil bajo desde febrero, probablemente por razones estratégicas. (Ella es muy consciente del riesgo que conlleva el estar siempre presente. “Estoy así de cerca de la sobreexposición”, dijo en las ahora infames grabaciones de Kanye). La pandilla, por así decirlo, ha disminuido su presencia en los medios o se ha movido a la clandestinidad, es decir, saliendo de manera privada, como los grupos comunes de amigos.

Es difícil saber lo que pasa por la cabeza de Swift, o cuál será su próximo movimiento, pero probablemente ha aprendido algunas cosas del torbellino de Hiddleston del verano pasado. ¿Su nuevo novio, otro británico, estará listo para la exposición que la bella Taymerica ofrece? ¿Nosotros lo estamos?

*Texto originalmente publicado en Vanity Fair U.S.