José José, el último romántico es nuestra portada de septiembre

El ‘Príncipe de la Canción’, habla de éxito, de soledad, de enfermedad, de la fama, de las canciones más importantes y de por qué en la ecuación de la vida solo tenemos el hoy y el ahora.

"Cuando te traiciona una mujer, te refugias en los amigos. Si ellos te dan la espalda, te refugias en la botella. Yo he andado cargando traiciones muy dolorosas de las que no me quiero acordar porque me vuelvo a poner triste”, rememora José Rómulo Sosa Ortiz, José José, sobre sus días peligrosos. “He estado varias veces al borde de la muerte por los excesos”, nos confiesa con el dejo triunfal que ostentan quienes han vencido sus adicciones. “Cuando me divorcié en 1991 recaí en el alcohol. La mayor demostración de amor del público fue que me decían en la calle: ‘Ya no tomes por favor. Mi esposo dejó el vicio gracias a tu ejemplo y ahora volvió a caer como tú. Acá está el corazón de tu pueblo de México, ven por él”. O como cuando una pequeña niña le confesó que envió una carta a los Reyes Magos pidiéndole dinero para ayudarle con sus medicinas. “¿Cómo te resistes a eso? Si no reaccionas, no lo harás con nada”.

“No pido compasión ni piedad...”
El triste


Es 1970. Ataviado con un elegante abrigo negro cuya hechura recuerda al personaje del cuento de Antoine de Saint-Exupéry, José José sube con aplomo al escenario del Teatro Ferrocarrilero de la ciudad de México para interpretar El triste. Se celebra el II Festival de la Canción Latina y está a punto de agregarse un episodio definitivo a la historia de la música romántica mexicana de alcances intercontinentales. Una lluvia de flores surca el escenario alrededor del joven de 22 años y este no intenta esquivarlas. Está concentrado. El intérprete de cabello negro y mirada intensa que cantaba sobre oscuros presagios y la tristeza de decir adiós, no dejaba de pensar en su amante. “Había encontrado la canción perfecta para Lucero, mi novia. Ella me hizo hombre por primera vez y a ella iban dedicadas La nave del olvido y El triste, que hablaban de sufrimiento y amor no correspondido. De rechazo pese a las súplicas. Con ella aprendí a compartir ese dolor”, nos confiesa José José.

Antes de terminar el tema de Roberto Cantoral, el público se ha puesto en pie para ovacionarlo. El cantante sonríe y mira con emoción hacia la gente. El trance en el que estaba sumergido había pasado y la admiración hacia su persona sería una constante de ahí en adelante. “Tengo epítetos que no merezco, pero que agradezco, el viaje comenzó precisamente al identificar mi alma con la música romántica”, reconoce.

Han pasado más de 47 años y hoy, El Príncipe —bautizado así a mediados de los setenta por un locutor en alusión al título de uno de sus discos— está sentado ante nosotros. Luce un sobrio traje oscuro, le gusta mirar a los ojos. Le ha costado trabajo llegar a la cita porque la gente lo detiene para pedirle fotos y autógrafos. Él, que siempre ha sido un caballero (“chapado a la antigua” nos dice en algún momento), nunca dice no. “Mi madre me dio una gran base de vida espiritual”, asegura. “Era muy humilde y gracias a esa herencia yo puedo corresponder a la gente como lo merece”.

En marzo pasado comenzaron a circular rumores sobre su salud y él, para acabar con ellos, anunció la verdad a través de un video en redes sociales. Padece cáncer de páncreas. Ha perdido peso por el tratamiento, pero su semblante se muestra apacible y con fortaleza.

*Lee el artículo completo en la edición de septiembre.