Jerry Lewis, el payaso que soñaba con ser actor dramático

Muere a los 91 años la leyenda de la comedia estadounidense y una de las últimas caras del Hollywood clásico.

A los 91 años, la leyenda de la comedia estadounidense Jerry Lewis ha dado su última carcajada. En Las Vegas, rodeado de su familia, simplemente por cosas de la edad, una de las últimas caras del Hollywood clásico ha cerrado los ojos. El estilo de comedia que le hizo famoso era físico, en la tradición del clown y las muecas. A lo largo de su carrera intentó varias veces interpretar papeles dramáticos. Dejémoslo en que tuvo un éxito desigual.


Hijo de artistas, Lewis nació un 16 de marzo de 1926 en Nueva Jersey, Estados Unidos. Comenzó a actuar a los cinco años y la fama le llegó a mediados de la década de los 40 junto a Dean Martin, con el que formó un dúo cómico. Mientras Martin era el elegante, el crooner guapo del Rat Pack, Lewis era poco agraciado, el chico torpe. Su show, que incluía juegos de la cuarta pared, comedia física, improvisación e insultos tuvo un éxito increíble, subiendo su caché, según cuenta el obituario de The Hollywood Reporter, de 250 a 5,000 dólares.

Tras su ruptura a mediados de los 50 por los celos de Martin y el ego de Lewis, el segundo se convirtió en una estrella de la Paramount. Seguía con su papel de chico tonto, un poco loco y torpe. Con la productora llegó a un trato: 10 millones de dólares por hacer 14 películas en siete años. En su momento fue el acuerdo económico más grande con una estrella y prácticamente le dieron una libertad creativa total. En The Whasington Post explica que un ejecutivo dijo entonces: “Si quiere quemar el plato, yo tengo la cerilla”.

Películas como El profesor chiflado, El terror de las chicas, Las joyas de la familia, ¿Dónde esta el frente? o El botones se convirtieron en clásicos de la comedia y éxitos de taquilla protagozanidos, dirigidos y escritos por él. En Europa era especialmente respetado, con directores de la Nouvelle Vague como Francois Truffaut y Jean-Luc Godard le reivindicaron en Francia como un autor, Le Roi du Crazy. Allí recibió la Legión de Honor en 1984.

Durante muchos años, como el mismo admitió, fue adicto al Percodan, un analgésico, debido a los golpes y dolores que tenía por su tipo de comedia. Su mayor fracaso fue una película titulada The Day the Clown Cried, nunca estrenada, con la que quería demostrar que podía ser un actor dramático. Contaba la historia de Helmut Doork, un payaso capturado por los nazis al que obligaban a entrener a los niños judios de un campo de concentración antes de llevarlos a la cámara de gas. La poca gente que la ha visto dice que es una película horrenda y Lewis donó una copia a la Librería del Congreso de EE UU en 2015, con la condición de que no podrá ser vista hasta el 2025.

Tras esta película fallida se alejó del cine, refugiándose a los teatros, clubs de comedia y la escritura. Fue en 1980, tras una década fuera de la pantalla plateada, cuando volvió con El vago. Otro fracaso. Martin Scorsese vino a su rescate y le dió un secundario de lujo en El rey de la comedia. Lewis hacía de un cómico de éxito, pero solitario y amargado, al que un joven Robert de Niro secuestra para sustuirle en su programa. Por fin un papel dramático, por fin el aplauso de la crítica.

Pero su estrella nunca fue la misma, aunque siguió trabajando en películas como Cookie (1989), Arizona Dream (1993) o Funny Bones (1995), además de en diversos programas de televisión. Mientras se involucró en la causa de la distrofia muscular. Fue presidente de la Asociación de la Distrofia Muscular y con él al frente, el maratón televisivo de esta organización recaudó millones y millones de dólares. Su última película fue en 2016 y se titulada Max Rose. Fue otro papel dramático. Otra vez fue un fracaso.

* Artículo publicado originalmente en Vanity Fair España.