Verano invencible

Isabel Allende vuelve a la literatura por partida doble. Una novela sobre el invierno y el caos que recorre el mundo y un cuento para iluminar.

Entre el 8 enero de 1981 y el 8 de enero de 2016 transcurrieron casi 13,000 días y 70 millones de libros vendidos. Números significativos para una mujer que de niña soñaba con ser bailarina pero terminó escribiendo. Veinticuatro novelas hasta ahora.

Entre la primera fecha, en la que un arrebato de nostalgia y dolor la empujó a iniciar la escritura de La casa de los espíritus, su primera novela y, la segunda, en la que comenzó la redacción de su más reciente libro, Más allá del invierno, la vida se le vino como un vendaval que la transformó hasta las raíces: “He vivido tanto que creo que ya no me cuesta imaginar nada”, dice con una sonrisa abierta, franca. 

Ella conoce ese verano invencible al que se refiere Albert Camus y que la inspiró a escribir su nueva novela protagonizada por tres personas disímbolas que recuperan ese soplo vital —como le ha sucedido a ella cada vez que se ha tenido que levantar—. Especialmente ahora que reencontró el amor, aún sin proponérselo. “No me falta nada, me puedo morir mañana, soy feliz, he vivido mucho, he gozado, he amado, cualquier cosa que pase está bien...”.

Isabel Allende, sobrina de Salvador Allende, presidente de Chile entre 1970 y 1973, creció en el hogar de sus abuelos cuando sus padres se divorciaron. Eso la marcó profundamente porque desde pequeña vio a su madre depender de los hombres en una época en la que prácticamente no podía hacer nada más. Así creció en ella una combatividad propia de las mujeres de la segunda mitad del siglo XX, que la llevó a un feminismo “que se proponía terminar con el patriarcado y construir una sociedad igualitaria, donde hombres y mujeres nos distribuyamos la gerencia del mundo”.

En la literatura de Allende se desborda ese mundo femenino. Esta característica de su trabajo le ha valido ser señalada. Su colega Elena Poniatowska dijo al parecer (la frase se reproduce como hongos en Internet): “Isabel Allende, Ángeles Mastretta o Laura Esquivel entran en la literatura como fenómenos comerciales y hacen literatura femenina”. “Hay cosas que no conozco, no me llegan. Pero sí, me es muy fácil conectarme con las mujeres en la vida cotidiana y a través de mis historias”, señala Allende.
Entre 1975 y 1988, la escritora vivió en Venezuela, durante la dictadura militar chilena. Etapa de la que guarda el dolor del destierro, el sabor salado que humedeció la primera noche de aquel exilio en que la pasó llorando.

Ha recuperado la experiencia en Más allá del invierno, en la que Evelyn representa a una chica migrante originaria de Guatemala y que está construida con retazos de los millones de historias de migrantes centroamericanos que buscan llegar a Estados Unidos, los que aparecen en la prensa, los que se ahogan en el olvido y los que conoce a través de la Fundación Isabel Allende, creada en 1996 en honor de su hija Paula, quien murió en 1992 a causa de una porfiria, padecimiento relacionado con los glóbulos rojos.

*Lee la entrevista completa en la edición de agosto de Vanity Fair.