Pablo Alborán: ‘México es infinito y eterno’

El cantante español analiza las cosas más sorprendentes y llamativas de nuestro país, desde su ‘extranjero’ punto de vista.

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México; ese gran país donde comerse unos tacos en plena calle a las tres de la mañana o hacer hora y media de tráfico para avanzar cuatro kilómetros es tan normal como respirar. ¿O no? Así como a nosotros nos causa (casi) conmoción el no encontrar un lugar abierto para comer a las cuatro de la tarde, cuando viajamos a España, o ser forzados a ingerir una cena a las seis de la tarde, si pasamos una temporada en Estados Unidos, a algunos extranjeros también les generan desconcierto varias de nuestras cotidianas y rutinarias “manías”. “Una de las cosas más sorprendentes de los mexicanos es la tolerancia tan fuerte que tienen al picante”, nos comparte Pablo Alborán. “Tengo amigos que pueden llegar a comerse ¡hasta cinco jalapeños sin pestañear!”

Con “Tour Terral 2015”, el cantante español se encuentra de gira por su país desde donde viajará después a Estados Unidos. Con un verano tan ajetreado, nunca viene mal un break y si además nos lo dedica a Vanity Fair para hablar de sus mejores experiencias en nuestro país, mejor que mejor.

“Sin saberlo, traje unos cuantos caramelos a España para mis sobrinos y ¡por poco me matan! Me pareció que exageraban (al decir que picaban) y cuando decidí probarlos, me entró un ataque de risa incontrolable, no podía parar de beber agua”

“La familia mexicana es maravillosa. Alguna que otra vez me ha pasado que con solo subir una foto en Instagram, los fans ubican el hotel y me han aparecido con cartas y sorpresas”. “Es que los mexicanos somos unos fans muy aplicados, Pablo”. “Desde el minuto uno me han apoyado incondicionalmente, me han recibido con banderas en el aeropuerto, me han festejado con Mariachis por mi cumpleaños e incluso me han regalado la mejor tarta de zanahoria en forma de guitarra que he probado nunca”.

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Aunque el picante no es su fuerte, el ocho veces nominado a los premios Grammy Latinos es un amante de la comida mexicana. “Me encantan los frijoles, las flautas de pollo, los tacos, las quesadillas... ¡todo!” “Ya eres todo un experto”, le digo, “¿qué restaurante me recomendarías?” “Para disfrutar de unos buenos tacos, definitivamente ‘El Califa’ es la opción”.

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Tengo alguna que otra anécdota con los dulces... Sin saberlo, traje unos cuantos caramelos a España para mis sobrinos y ¡por poco me matan! Me pareció que exageraban y cuando decidí probarlos, me entró un ataque de risa incontrolable, no podía parar de beber agua.
 

Además de lanzar un DVD de la gira en Navidad, con algunas versiones, el intérprete de “Loco de Atar” tiene varios proyectos el año que viene que lo traerán de nuevo a nuestro país, donde ya se mueve como pez en el agua. “Me encanta salir a correr por la ciudad; alguna que otra vez ya me he perdido corriendo por Reforma o Chapultepec...”.

Por otra parte, acostumbrado ya al tráfico de la Ciudad de México, aún se sigue extrañando con algunos temas autóctonos: “Me sorprende y me transmite cierta tranquilidad, la relación cultural y religiosa que se tiene con la muerte. La estética de los cementerios también me ha sorprendido para bien.” “¿Alguna experiencia religiosa que compartir con Vanity Fair?”, me intereso, “Tener a la virgen de Guadalupe en el Auditorio Nacional. Antes y después de mi primer concierto, ahí pedí y agradecí que todo saliera bien”.

Pablo Alborán es un amante confeso del país azteca -“En una ocasión me compré un sombrero de charro espectacular, pues como saben me gusta mucho la música vernácula mexicana”-; eso sí, aún no se suelta mucho con los albures... “Aún no me atrevo a usarlo. Solo los escucho y cuando no entiendo algo, pregunto y me río”.

“No te preocupes Pablo, unas cuantas visitas más y estarás listo”, le animo”. Y él, encantado: “Me apasiona este país, sobre todo la gente, la cultura y la música. México tiene unas playas maravillosas, creo que de las mejores en el mundo. Riviera maya es un paraíso, mar cristalino, arena blanca y suave... simplemente espectacular. México es infinito y eterno”.

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Todo es posible, ¡nunca se sabe qué puede pasar!