Los primeros 365 días de una reina emérita (y sola)

Hace un año, Juan Carlos y Sofía dejaban de reinar juntos. Así ha sido el primer año de una reina en soledad.

"Y mi gratitud a la Reina, cuya colaboración y generoso apoyo no me han faltado nunca”. Estas pocas palabras fueron todo el reconocimiento público que le dedicó su marido el rey para agradecer su aportación en los 39 años que compartieron reinado, durante el mensaje televisado donde comunicaba su abdicación.

Desde ese 2 de junio de 2014, y hasta el día 18, cuando se ratificaba la abdicación del trono de España en el Palacio Real, Sofía de Grecia aún desempeñó labores de reina. Compartió tres actos oficiales con su marido. En uno de ellos, la cena ofrecida a Enrique Peña Nieto y su esposa Angélica Rivera, la reina Sofía se vistió de gran gala y utilizó, seguramente por última vez, la tiara de la Flor de Lis, la pieza más valiosa de la corona española, una joya que el rey Alfonso XIII regaló a su prometida Victoria Eugenia de Battemberg para que la luciera el día de su boda. Era todo un símbolo en su despedida como reina de España.

Durante aquellos días todo mantuvo una apariencia afable y protocolaria. Todo menos el rostro de la reina Sofía en un momento de la tarde del 18 de junio. El ánimo la traicionó al volver ligeramente el rostro hacia la mesa en la que se encontraba su marido, una tristeza inmensa se apoderó sin piedad de su gesto mientras él rubricaba el final.

Esa mirada bien podría contener el resumen de una vida. Las renuncias, la soledad, las traiciones, el desamor, el poder, el deber. Siempre defendió que un rey acaba su reinado en el lecho de muerte y, sin embargo, allí estaba, junto al rey Juan Carlos, oficializando la renuncia para defender la institución. Desde entonces, Sofía es reina emérita. De los seis miembros que conforman la Familia Real española, ella ocupa el sexto lugar en la página de internet de la Casa Real.

Ha pasado un año. En ese tiempo ha coincidido con su marido solo en cuatro de los treinta y tres actos que han contado con su presencia: dos funerales –el de la reina Fabiola y el de la duquesa de Alba–, la presentación del cuadro de la Familia de Antonio López (como si fuera una broma del destino) y el día de la Cruz Roja, cuando Juan Carlos se acercó a la mesa que ella presidía y le sonrió de verdad, le colocó la insignia en el pecho y se comportó, una vez más, con la elegancia con la que ha actuado a pesar de las afrentas públicas.

Porque lo que sabía la reina Sofía aquella tarde en el Palacio Real es que con su reinado finalizaba públicamente su matrimonio. Este año el periódico italiano La Repubblica llegó a publicar el inminente divorcio de los reyes. El fantasma de la empresaria y comisionista Corinna zu Sayn-Wittgenstein, y su vinculación sentimental con el rey, no ha dejado de revolotear. Pero el divorcio parece algo inviable y separados ya están desde mucho tiempo atrás.

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