Letizia y el pisco sour: crónica de una noche con los reyes y la aristocracia peruana

Estuvimos en la recepción de despedida de Ollanta Humala y se los contamos todo.

Cuando la Reina Letizia te mira a los ojos, no hay escapatoria posible.

El enérgico apretón de manos, la atención absoluta que te dedica y su presencia nada frágil te mantienen pegado a ella.

Estoy en la recepción que el presidente de Perú, Ollanta Humala, ofrece a doscientos invitados en la despedida de su visita a España. He llegado atravesando arcos y portones, desfilando entre policía nacional, guardia civil y guardia real. Cruzando salones alfombrados, que en realidad son patios cubiertos, con un aire entre opereta vienesa y austeridad escurialense.

Con este preámbulo uno esperaría un acto serio y pomposo. Pero no, primero irrumpe la cantante Tania Libertad con un vals peruano, y a todos nos entran ganas de tararear la Flor de la Canela. Enseguida empiezan a pasar las bandejas con pisco sour. Hay unas breves palabras de Humala y del rey e inmediatamente el acto oficial se convierte en un coctel relajado.“Menos mal que estamos en España”, me confía un peruano, “aquí los discursos duran tres minutos. En Estados Unidos, mínimo treinta”.

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Los invitados se arremolinan en círculos en torno al rey (simpatiquísimo), a Mariano Rajoy y a Elvira Fernández (muy seria con su look de institutriz) y a Ollanta Humala y a Nadine Heredia (tan delgada como la reina y con idénticos zapatos). Los ministros a un lado, el de Defensa, Pedro Morenés, la de Agricultura, Isabel García Tejerina. Los escritores a otro, Santiago Roncagliolo, Fernando Iwasaki, Gabriela Wiener, Jaime Rodríguez ( y no, Vargas Llosa no acudió a pesar de ser amigo personal de Humala y haberlo apoyado políticamente).

Y entre medias, la alta sociedad peruana que reside en Madrid. ¿Por ejemplo? Sassa de Osma, que proviene de una adinerada familia limeña, y su pareja Christian de Hannover, hijo del príncipe Ernest. Hablo con ellos en inglés y la conversación es tan ligera y espumosa como los pisco sour que no cesan de pasar: oscila de la comida peruana del chef Gastón Acurio, y de ahí a las bellezas de Perú, donde Christian ha viajado a menudo (una charla muy diplomática, se podría decir).

Hablo con el embajador Rafael Roncagliolo, sociólogo, brillante columnista político y profesor universitario, de cómo era la Lima de las fiestas y el glamour de los años 50. Hablo con su hijo, Santiago Roncagliolo, de cómo era la Lima de su juventud y del reinado de los pasteleros (¿Los pasteleros? “Los que hacían la pasta de la coca”, me explica entre risas).

Hablo con unos y otros y vuelan los tacos de pulpo y el ceviche.

Y pienso, debo hablar con la reina.

¿Quieres saber si Marta del Riego pudo hablar con Letizia? Descúbrelo aquí.