Juliana Awada: Primera Dama en estilo

Heredera y diseñadora de una firma de moda, la esposa del presidente de Argentina impone estilo en la Casa Rosada.

Ya lo dice el refrán: "detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer", aunque en este caso no nos equivocamos al afirmar que ella se está posicionando delante de él . No en vano, desde que el pasado noviembre Mauricio Macri fuera investido presidente de Argentina, ha sido precisamente su mujer, Juliana Awada, la que está acaparando todas las miradas de la prensa nacional e internacional.

Con una exótica belleza proveniente de su origen libanés, 41 años, y heredera de un imperio textil de la que ella es diseñadora, la primera Dama de Argentina ha conseguido ser el foco de atención en cada una de sus apariciones y volver a encandilar al pueblo argentino gracias a su exquisito estilo. Nombrada una de las mujeres más elegantes del mundo de la política, a Juliana ya se la ve como la heredera del estilo de mujeres como Jackie Kennedy o Evita Perón que demostraron que el ser inteligentes no está reñido con tener un estilo que marque tendencia hasta el punto de convertirse en iconos de la moda.

Nueve mujeres que opacaron a sus presidentes

Hija de un inmigrante libanés y madre siria, fueron sus padres los fundadores de la marca de ropa femenina Awada –y a quienes acompañaba en sus viajes por Europa en busca de nuevas colecciones cuando todavía era una niña– los que le inculcaron la pasión por la moda. Antes de entrar de lleno en el negocio familiar, Juliana terminó sus estudios en Oxford y estudió diseño en Inglaterra. Sin embargo, con apenas 23 años se casó con Gustavo Capello, un matrimonio que duró unos pocos meses antes de que Juliana se fijara en el conde belga Bruno Laurent Barbier, quien además de darle a su hija Valentina, le presentó a la jet set europea, la llevó a veranear por el Mediterráneo y de compras por las calles más lujosas de París, haciéndose desde entonces adicta al Birkin de Hermés y a lucir en su muñeca un deslumbrante Rolex.

Lo que hasta ese momento era una relación perfecta entre lujo y oropeles, se comenzó a desmoronar en 2009, cuando Juliana coincidió con Mauricio Macri en el prestigioso gimnasio de Barrio Parque al que acudía, y donde ambos compartían el mismo personal trainer. Tal fue el impacto que causó "la Negrita", como llama cariñosamente el Presidente de Argentina a la que ahora es su mujer, que al poco de conocerse le invitó a pasar unos días juntos en el campo. "Fue en ese momento cuando realmente le conocí como persona y surgió el flechazo, porque lo que pasó allí fue increíble: comprobé que, lejos de las cámaras, de toda la exhibición pública, que a mí me asustaba bastante y no quería aceptar, era un hombre muy sencillo. Tan cariñoso, tan buen padre, que no tuve otro remedio que enamorarme de él", confesaba Juliana en un conocido programa de televisión.

Tal fue el amor que se profesaban, que al cabo de un año, y a pesar de sus 15 años de diferencia de edad, decidieron casarse y un año después tuvieron a su hija Antonia, que unida a su hija anterior y a los tres hijos fruto del anterior matrimonio de Mauricio con Ivonne Bordeau forman una familia numerosa. "A la llegada a Los Olivos (la residencia presidencial) mi máximo objetivo era conseguir que la estancia tuviera calor de hogar, hacerla nuestra", confesó Juliana.

Y si con la llegada a la presidencia de Mauricio en Argentina se ha impuesto un nuevo estilo a la hora de gobernar, su mujer tampoco ha querido quedarse atrás rompiendo con los estilismos rígidos y formales que lucía Cristina Kirchner. Dejando de lado los tan manidos tailleurs, Juliana opta por un estilo más fresco, juvenil y desenfadado, pero no por eso menos chic. Así, por ejemplo, el día de las votaciones, acudió a las urnas luciendo unos jeans desgastados, un poncho y unas flats, dando una lección de elegancia en la asignatura casual chic. Y es que, nadie mejor que ella para hacer gala de la máxima “menos es más” que refleja no solo en su vestuario, sino también en un maquillaje discreto y peinados nada excesivos donde suele brillar con luz propia su melena suelta o, como mucho, recogida en una coleta.

Para las grandes ocasiones tampoco abusa de los complementos, ni de escotes o prendas ostentosas, optando por prendas básicas y cómodas en colores neutros para el día a día y jugando con diferentes volúmenes en los sacos y pantalones por las noches, donde el gran protagonista es el color negro y la ausencia de joyas.

Si al poco de conocerle consiguió quitarle a Mauricio el bigote, lo que además le rejuveneció, no hay duda de que Juliana tiene mucho más que aportar en la Casa Rosada, en lo que a estilo se refiere.