Jonathan Becker: invitado de lujo de Vanity Fair México

Entrevistamos al reconocido fotógrafo con motivo de su visita a México por el lanzamiento de la revista.

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Esta noche celebramos la llegada de Vanity Fair a México, y nadie mejor para inmortalizar este evento que el fotógrafo Jonathan Becker: uno de los retratistas más destacados de la actualidad. Durante más de tres décadas, él ha colaborado para las ediciones internacionales de este título, capturando imágenes extraordinarias de destacados personajes del medio artístico, político y de la alta sociedad, como el Príncipe Carlos y Camila Parker Bowles, el diseñador Valentino y Mikhail Gorbachev, por mencionar algunos.

No podríamos estar más orgullosos de que este artista comparta la magia de su lente con nosotros, así que aprovechamos la ocasión para charlar con él sobre su trayectoria y su vínculo con Vanity Fair.

¿Cómo empezó a interesarse por la fotografía?

Mi primer recuerdo con una cámara es de cuando tenía cinco o seis años; de hecho, tengo una foto en la que aparezco fotografiando algo con una vieja Kodak a esa edad. Así que puedo afirmar que siempre me he dedicado a la fotografía, aunque conforme fui creciendo tuve cada vez mejores cámaras.

Cuéntenos sobre su primer trabajo como fotógrafo.

Cuando tenía 12 años, necesitaba un empleo para el verano, de modo que limpié las mesas y la cocina de un restaurante muy poco higiénico. No me resultaba agradable tener que estar en contacto con platos sucios y restos de comida; por eso empecé a hacer retratos a los hijos de los amigos de la familia, ellos me daban algo de dinero a cambio.

¿Qué hizo con su primer sueldo?

Recuerdo que compré material para trabajar: papel fotográfico y químicos para revelar los rollos, porque mi idea era seguir siendo productivo. Mi preparación fue así, con el trabajo mismo. Tiempo después tomé cursos de especialización, pero los primeros 10 años aprendí por mi cuenta.  

¿En qué momento se convirtió en un profesional de la fotografía?

 

Fue durante ese verano, a los 12 años, porque entonces me di cuenta de que podía ganar dinero haciendo lo que amo; me encargaba de los anuarios de la escuela. Estaba todo el tiempo en el cuarto oscuro, porque me resultaba muy interesante crear imágenes, incluso más que el hecho de cobrar por ello. Dedicarme a la fotografía no fue una decisión propia, más bien se trató de seguir mi instinto.

¿Cómo llegó a Vanity Fair?


Fue gracias a la Directora de Arte de la revista, Bea Feitler, quien era un personaje formidable. Ella había trabajado con los mejores fotógrafos del mundo editorial. En ese entonces yo era un fotógrafo desconocido de 26 años.

Entonces, ¿estuvo en el “relanzamiento” de Vanity Fair?


Claro, porque en ese entonces el prototipo de la revista era una versión diferente a la que conocemos hoy. Era el lanzamiento de la era contemporánea de Vanity Fair, pero también fue el lanzamiento de Jonathan Becker, porque yo no era famoso en ese entonces. Lo triste de eso fue que cuando terminamos el prototipo, Bea regresó a su casa en Brasil, de donde era originaria, para seguir un tratamiento porque había enfermado de cáncer. Ella nunca vio la revista impresa, pues murió. Fue realmente triste, a ella le debo mi vida profesional. Esto ocurrió en abril de 1982.

Fue ahí cuando comenzó a trabajar con celebridades, ¿cómo ha sido esa experiencia?


Hacerle fotos a los famosos es algo normal; el que sean celebridades no es problema mío, sino de ellos (risas). Hace algunos años, mientras cenaba con Gorbachev en una finca muy elegante cerca de Moscú, poco después de que dejó el poder, le hice una pregunta similar a la que usted me acaba de hacer. Le dije: “¿Cómo es salir de un régimen comunista y de pronto estar cenando con billonarios?”. “La cuestión del dinero no es mi problema, sino de ellos”, respondió. Las celebridades son personas que a menudo están dotadas de un gran talento y, con suerte, esa es la razón por la cual son famosos; pero su fama es lo que menos me importa a la hora de fotografiarlos. Digamos que lo que yo celebro es su talento.

¿Le ocurre lo mismo con la realeza?

Es igual, sólo que a menudo hay mayor premura a la hora de las fotografías. La clave para trabajar con ellos es estar muy concentrado, porque no hay mucho tiempo para hacer las tomas. Otro aspecto importante para mí es el humor de la persona que está frente a la cámara, sin mencionar que hay mucha gente interesada en ver esas fotos una vez que hayan sido impresas.

Podemos ver gran parte de su trabajo en el libro Jonathan Becker, 30 años en Vanity Fair...


Ha sido tanta la gente que he fotografiado, que es difícil recordar una lista. Cada uno de ellos fue la persona más importante en el momento en que lo retrataba.

¿A quién le gustaría fotografiar que no lo haya hecho antes?

No tengo a alguien en mente. No soy un cazador ni un stalker. Lo que me interesa es lo que estoy haciendo al momento o a quien me han asignado para un sesión fotográfica. Hace unos meses tuve la oportunidad de retratar al escritor Tom Wolfe, de quien soy gran admirador. Lo disfruté mucho, pero no ando por la vida buscando a quién fotografiar porque las cosas llegan solas. Considero muchas de mis asignaciones como un gran privilegio, porque se trata de personas con mucho talento e historias grandiosas.

Hoy con los teléfonos inteligentes, todos queremos que las fotos que compartimos en nuestras redes sociales sean extraordinarias, ¿qué consejo puedes darnos para lograrlo?

He visto a algunas personas tomar fotos muy lindas con sus celulares. De hecho, tengo que comprarme un teléfono con mejor resolución (risas). El mejor consejo es que amen lo que hagan; si disfrutan lo que están haciendo, el resultado será mejor. Es igual que en la vida: si hacemos algo que no nos interesa del todo, será más difícil obtener buenos resultados.

Ahora viene a México a retratar a personajes importantes de este país...

Sí, claro, y eso me da mucho gusto. Vine a México hace mucho tiempo para trabajar durante seis semanas en el estado de Michoacán. Fue una asignación de la revista Town & Country en los años 80. Hice un trabajo de fotografía documental sobre los habitantes de Morelia y Pátzcuaro. También visité Guadalajara para retratar la oficina de Luis Barragán.

¿Le gustó trabajar en México?

Me gusta mucho estar en este país. Las últimas fotos que tomé fueron en Cuernavaca, exactamente en Las Mañanitas, un lugar que me gustó mucho. De hecho, pienso empezar el nuevo libro en el que estoy trabajando con una foto de un pavo real blanco que tomé en ese increíble hotel.

¿Ya está listo para el lanzamiento de Vanity Fair México?


Esto será muy emocionante, como todo lo que hace Vanity Fair; igual que nuestra fiesta de los premios Oscar o los aniversarios de la revista en España. Siempre son acontecimientos muy elegantes y divertidos, así que estoy seguro de que México no será la excepción. Será un gran placer estar con ustedes en esta noche tan especial.