Charlene Wittstock y Carolina de Mónaco: historia de una rivalidad

Carolina sabe de un golpe de efecto. Pero Charlene sabe que en el aguante está la respuesta. El conflicto está servido.

Lo último de Carolina para sorprender a propios y extraños ha sido un vestido. No uno cualquiera, no. Carolina de Hannover (o Grimaldi) ha elegido un vestido de seda de Lanvin con el cuerpazo de Venus, la Afrodita diosa del amor, impreso en la delantera, como si de ella misma se tratara, un cuerpazo desnudo del que sobresale el rostro de la princesa, casi como en los juegos de las ferias, cuando se busca la foto que nos permite ser otro por breves instantes que quedaran inmortalizados. Y eso hizo Carolina, puso su rostro a la figura desnuda de la Venus o de Elle McPherson –también conocida como el cuerpo–, que viene a ser lo mismo.

Fue en la gala anual organizada por Fight Aids para recoger fondos para la lucha contra el sida celebrada en el Sporting Club de Montecarlo, una institución que preside la princesa Estefanía, implicada desde hace años contra el estigma social de la enfermedad. Era su noche, la de Estefanía, que apareció discreta, como en los últimos tiempos, y escoltada por sus tres hijos: Louis Ducruet, Pauline Ducruet y Camille Gottlieb.

También asistió Alberto II, apoyando a su hermana pequeña. Y la pareja Andrea Casiraghi y Tatiana Santo Domingo. Ésa era la noche de Estefanía, pero Carolina lució “el cuerpo” perfecto para eclipsar a cualquiera. La princesa Charlène no fue a la gala, algo habitual en los últimos tiempos: evitar foto con Carolina.

Rivalidad manifiesta

La anécdota que protagonizó la sempiterna Carolina y que minimizó a su hermana, parece ya una práctica usual en la actitud de la primogénita de Rainiero y Grace. Cuando el protocolo la obliga a la segunda fila, suele guardar un as en la manga. Así fue en los actos de celebración del décimo aniversario de la llegada al trono de Mónaco de Alberto II. Era el día de Alberto y Charlène, los protagonistas.

La ceremonia requería la presencia de Carolina en una segunda fila, junto a todos los Grimaldi. Sin embargo ese día decidió hacer de abuela: tomó en brazos al pequeño Sacha, el rubio hijo de Andrea y Tatiana Santo Domingo, que no aparece en actos sociales (a mamá Tatiana le dan horror las fotos y protege a su pequeño con fervor), pero, en brazos de la abuelita Carolina, atrajeron todos los flashes.
Acostumbrada a ser la novia en la boda y el niño en el bautizo, Carolina no quiere renunciar al papel de primera dama del principado, se resiste a dejar paso a la mujer de su hermano y permitir que ocupe el lugar que merece en el imaginario público y en las crónicas sociales.

Días antes, en los fastos de bautizo de los gemelos Jacques y Gabrielle, Carolina también consiguió robar algún plano y parte de la atención mediática con un llamativo atuendo, una pamelaza que sobresalía de la foto, e insistió en destacar su presencia acercándose a hacer alguno que otro cariño a la pequeña Gabrielle, en brazos del príncipe Alberto y ante la mirada un tanto aviesa de Charlène que sostenía en brazos a su hijo.

Es el tiempo de Charlène, Alteza Serenísima del Principado. Sin embargo, acostumbrada a ser la novia en la boda y el niño en el bautizo, Carolina no quiere renunciar al papel de primera dama del principado, se resiste a dejar paso a la mujer de su hermano y permitir que ocupe el lugar que merece en el imaginario público y en las crónicas sociales. A pesar de los que afirman que fue ella, Carolina, la que insistió para que Alberto se casara con la nadadora Charlène Wittstock, la actitud de la princesa deja mucho que desear en los últimos tiempos.

Pero, ¿qué ha dicho la princesa sobre Charlène? Descúbrelo aquí.