Suecia aprende a querer a la esposa de Carlos Felipe

Carlos Felipe de Suecia y Sofía Hellqvist se casaron este sábado en Estocolmo.

No es fácil abrirse un hueco en el seno de una Familia Real. Pero Sofía Hellviqst, modelo, camarera, estrella de reality shows televisivos, Miss Slitz 2004 –fue la imagen de portada de la revista masculina, para la que posó envuelta sólo en una serpiente pitón–, amante del yoga y de la pintura acrílica, participante en proyectos solidarios en Ghana y Sudáfrica y que canta baila y toca el piano, lo ha logrado. Este fin de semana, Carlos Felipe de Suecia dará el sí quiero a esta belleza morena nacida en la ciudad sueca de Taby en 1984 en la Capilla Real del Palacio Real de Estocolmo.

Será un gran día para los novios y algo menos para Magdalena, la hermana pequeña de Carlos Felipe, que quizá pueda excusar su asistencia por el nacimiento del segundo de sus hijos, que se espera más o menos por estas fechas.

Algo nuevo, viejo, prestado y azul, al estilo de la realeza

 

Nadie daba crédito hace cinco años. Nadie valoró que Sofía, además de espabilada y sociable, es alegre como una golondrina y no ha parado de revolotear en torno a un Carlos Felipe algo perdido en la vida.

Su hermana Magdalena le había colocado una novia de pedigrí, Emma Pernald, con la que mantuvo una relación sentimental casi diez años. Hasta que llegó Sofía con su chisporroteo y desparpajo y espabiló al mustio y bello príncipe sueco.

Un príncipe desnortado

Y es que la entrada de Sofía Hellqvist en la Familia Real sueca ha supuesto otra vuelta de tuerca en la apertura de puertas de las monarquías. Sofía, morenaza de ojo azul, una escultural joven con una vida intensa, ha ganado la batalla de la Familia y de la calle. Los padres del novio ya tenían experiencia en esto de las parejas desiguales. Daniel, el marido de Victoria, era un chico tímido y serio que había llegado a la familia para quedarse. Había que enseñarle a comportarse, cómo moverse, cómo comer, cuestiones básicas de protocolo. No era el caso de la vivaracha Sofía. De ahí que confiasen en que lo de su hijo por la joven fuese sólo un calentón propio de la tozudez de un Tauro.

Pero no era así. Sofía fue una inyección de energía y vitalidad para el indeciso Carlos Felipe, llamado para ser Rey si no fuera porque el Parlamento sueco derogó la ley Sálica en 1979 (dos años después del nacimiento de Victoria) y optaron por la primogenitura y no por el sexo para llegar al trono. Y eso le descolocó. De ahí que, amén de practicar los deportes propios de su rango y condición, no encuentre oficio en la vida: primero le interesó el diseño gráfico y el dibujo; después, la fotografía, e incluso se decantó por las ciencias Agrónomas.

Pero la gran decisión de Carlos Felipe Edmundo Bertil, 36 años y hermoso como su madre, será contraer matrimonio con la pizpireta Sofía Hellviqst en la misma capilla en la que se casó su hermana Magdalena con Chris O’Neill. De momento, Håkan Pettersson, el jefe de personal del Rey Carlos Gustavo y coordinador de las bodas de Victoria y Magdalena, se ocupará también de que todo luzca en orden en el gran acto social del 13 de junio en Estocolmo. La boda de un príncipe de la Casa Bernadotte con una joven sueca de clase media-baja que, aún no sabemos si será princesa o solo consorte de Su Alteza Real el Duque de Värmland.

¿Y los suecos? ¿Cómo recibieron la llegada de Sofía a la corte? En principio, con recelo y desconfianza. El turbio pasado de la novia revoloteaba sobre las tiaras de los Bernadotte al igual que ocurriera años atrás con la vecina Princesa Heredera de Noruega. La trayectoria de Mette-Marit en estos años ha sido impecable, pero hubo que pedir excusas públicas por tener pasado, sin tener en cuenta que el cambio ha llegado desde las Casas Reales, desde siempre los príncipes han seducido a las plebeyas, aunque nunca se casaran con ellas. Sofía no ha dado explicaciones, confiemos en que nadie se las pida, y se ha ganado a los suecos con su encanto, cordialidad y cercanía.

La imagen de una “chica decente”

Desde su entrada a palacio, Sofía ha matizado la intensidad del color negro de su melena, ahora luce un tono algo menos femme fatale. Ha subido sus escotes, con lo que suaviza su potente pectoral. Ha cambiado los explosivos bikinis por recatados diseños de cóctel, que no es el largo que mejor le sienta: a veces trastoca con el tacón y sus piernas dejan mucho que desear.

Los tocados y casquetes son a Sofía una especie de oxímoron, o sea, una contradicción en los términos. Ni de largo ni de corto, Sofía Hellviqst hace gala de un ápice de estilo, pero saca un diez en alegría: ella camina por las alfombras con la misma soltura que lo hacía por los escenarios del reality Paradise Hotel: atractiva, honesta, directa… Y ganadora.