Los 15 años de la joven más discreta de la Casa Real española

Victoria Federica, la nieta mayor del rey Juan Carlos y quien siempre ha destacado por su elegancia, cumple hoy 15 años.

Tierna, serena, discreta, introvertida, disciplinada, estudiosa, culta, sensible, cariñosa. Así definen la familia y los conocidos a Victoria Federica de Todos los Santos de Marichalar y Borbón, que hoy cumple 15 años. Nueve adjetivos para la niña de nueve nombres. Fue la primera nieta de los reyes Juan Carlos y Sofía, la segunda hija de la Infanta Elena y el aristócrata Jaime de Marichalar, y es la antítesis de su hermano Froilán, el hijo díscolo de la pareja. Se llama Victoria por su tatarabuela, la reina Victoria Eugenia de Battemberg, y Federica por su bisabuela, Federica de Hannover que fue reina de Grecia. A pesar del rango que la envuelve ella eligió el segundo plano, compostura y cierto sigilo.

Sin embargo, por unas cosas u otras siempre llamó la atención. En las fotos de familia en Palma o en las fotos de Navidad, el pelo moreno y rizado de Victoria Federica destacaba entre las cabelleras nórdicas de todos sus primos. Siempre remisa, buscando un apoyo frente a las cámaras, reposando la cabeza en la abuela o en su padre. Y, sorprendentemente, también echándose feliz en los brazos de su tía Letizia, su tía favorita. En esas escenas o en otras similares, Victoria Federica destacaba por su atuendo, por el aire elegante y las piernas tan largas, tan delgadas… O por su enorme camiseta gris con la leyenda “Oui c’est moi”. Un aire chic y afrancesado, que solo puede venir del influjo paterno.

Durante años fue “la niña del calcetín”. No salía a la calle abrazada a un oso de peluche como muchos otros, sino que llevaba en la mano su inseparable calcetín: a veces del mismo color que el vestido y otras radicalmente opuesto, como el calcetín rojo que sujetaba vestida de damisela de blanco y oro en la boda de sus tíos Felipe y Letizia. Cuentan que de muy niña tenía la extraña costumbre de quitarse los calcetines para llevárselos a la boca y, para evitarlo, decidieron darle un tercero… que no lo soltó al menos hasta cumplir los siete.

Amor por la música

Desde muy niña ha estudiado clases de solfeo, como su abuela Sofía. Ha vivido los últimos años en un internado inglés donde ella misma se hacía la cama, se levantaba a las siete y, solo los domingos, lo hacía a las nueve de la mañana. Es aficionada a la hípica y al esquí y practica ballet. Y por encima de todo vibra al son de la música, en concreto al piano, con el que muestra una destreza sorprendente. A su primer concierto escolar acudieron la reina Sofía y su hermana Irene (gran aficionada a la música, tanto que incluso podría haber sido pianista profesional) y ambas quedaron muy sorprendidas por la habilidad de la niña. La Reina ha definido a su nieta mayor como “una niña que disfruta mucho con la música, el ballet y la armonía”. Dicen que es la más aparecida a ella.

En las imágenes familiares Victoria Federica destaca por su atuendo, por el aire elegante... Un aire chic y afrancesado, que solo puede venir del influjo paterno.

Ese mundo culto, exquisito, no es el único que frecuenta Victoria Federica. De la mano de su madre, a pesar de su corta edad, ha acudido a festejos taurinos, y como ella, en ocasiones adorna sus solapas o muñecas con lazos de la bandera española. De momento, parece combinar sin fricciones dos mundos que, a priori, parecen antagónicos: el de la ilustración y ciertos estereotipos del rancio abolengo.

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