El rey Felipe VI y Letizia de España: arriba y abajo

En dos años de reinado han tenido que defender y reforzar una Institución que encontraron asediada por los escándalos.

"¡Uy qué tropiezo! ¡Qué fallo más grande!”. Como todos los españoles, la mañana del 8 de marzo Menchu Álvarez del Valle desayunó en su casa de Oviedo con la noticia del día: la filtración de los SMS privados entre los reyes y Javier López Madrid, el consejero de OHL investigado, entre otros, por el caso de las tarjetas black de Caja Madrid. “No le deseo a nadie la angustia que sintió Letizia esa mañana”, asegura una persona de su entorno. “Por lo que la conozco, sé que pasó uno de los momentos más duros de su vida”.

“Nos conocemos, nos queremos, nos respetamos. Lo demás, merde. Un beso, compi yogui (miss you!!!)”. Este era el texto de uno de los mensajes que Letizia escribió el 15 de octubre de 2014. Así trasladaba su apoyo incondicional al que fuera amigo íntimo del rey Felipe. El yerno de Juan Miguel Villar Mir acababa de verse implicado en el escándalo de las tarjetas opacas de la entidad bancaria, estaba siendo investigado por el juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, por su presunta participación en la trama Púnica, la financiación irregular del PP de Madrid y, además, había sido imputado por acoso a una mujer: la dermatóloga Elisa Pinto.

—Todos cometemos errores. A una persona como ella, acostumbrada a las nuevas tecnologías, probablemente se le van los dedos... A mí, desde luego, no me pasaría —opina el expresidente del Congreso Jesús Posada.

La revelación de las conversaciones privadas con López Madrid acabó con un período de relativa calma en Zarzuela. Hasta esa mañana de marzo, las malas noticias parecían patrimonio exclusivo del rey emérito y la infanta Cristina. Un penoso —pero inevitable— legado del tramo final del reinado de Juan Carlos I que Felipe y Letizia creían superado.

Durante los dos años que Felipe VI lleva al frente de la jefatura del Estado la Institución ha recuperado parte de la popularidad perdida —en junio de 2015 el CIS situaba el grado de confianza de los ciudadanos en un 4.34, frente al 3.72 de 2014—. El rey ha salido airoso de la falta de acuerdo para formar Gobierno posterior a las elecciones del 20 de diciembre y la estrategia de Zarzuela de desligarse de la infanta Cristina, que declaró como imputada en el Caso Nóos el pasado febrero, ha surtido efecto. La misma que siguieron poco después, en abril, cuando la infanta Pilar apareció en los papeles de Panamá como titular de una empresa offshore que la duquesa de Badajoz cerró precisamente entre la abdicación de su hermano, don Juan Carlos, y la proclamación de Felipe VI. “No nos concierne ese asunto. Es una cuestión particular referida a doña Pilar sobre la que la infanta se pronunció en su momento”, dicen desde la Casa. En 2014 la Familia Real quedó reducida a las figuras del rey, la reina, la princesa de Asturias, la infanta Sofía y los reyes eméritos. La distancia se marcó aún más con la familia de la reina: ni su madre, ni su hermana Telma, ni su cuñado Jaime del Burgo, ni su padre, Jesús Ortiz, salen en la foto. Letizia y Felipe están, al fin, solos.

Y entonces llegaron los SMS. El lenguaje utilizado por Letizia incendió las redes sociales y dio pie a todo tipo de bromas y memes. En Twitter, la expresión “compi yogui” se convirtió en hashtag. La opinión pública esperaba impaciente su primera aparición tras la filtración. Se produjo tres días después en Madrid, durante el Concierto Homenaje a las Víctimas del Terrorismo.


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