Teodora de Grecia, la princesa que espera el papel de su vida

La hija de los reyes Constantino y Ana María vive desde hace años en Los Ángeles, donde se gana la vida como actriz.

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En un mundo en el que la sangre azul cada vez es más roja –especialmente entre las Casas Reales no reinantes– no es de extrañar que una joven de la realeza prefiera reinar, pero en las alfombras rojas y en los cines de medio mundo. Teodora de Grecia, la cuarta hija de los reyes Constantino y Ana María, dejó hace años su Londres natal para probar, como hacen miles de jóvenes, suerte en la meca del cine.

De poco le sirvieron a la joven Teodora, nacida en 1983, sus títulos y pedigrí (es prima, sobrina, hermana e hija de reyes y príncipes y entre sus padrinos de bautizo se encuentra la mismísima Isabel II de Inglaterra) para abrirse camino en el mundillo cinematográfico de Londres, muchísimo más exigente que el americano con los aspirantes a actores. Más bien al contrario, pertenecer a la ilustrísima Casa Real de Glücksburg le ocasionó muchísimos prejuicios y bastantes obstáculos. Así que ni corta ni perezosa decidió emigrar en 2010 a Estados Unidos más como una muchacha de clase media, que como la aristócrata que es en realidad. En alguna ocasión ella misma dijo que abandonó Londres porque no conseguía papeles. “Para acceder al cine inglés se exige estar consolidado en la carrera, es como una sociedad secreta en la que necesitas una clave para entrar, resulta prácticamente imposible para una persona que comienza en la profesión”, dijo.

Genes artísticos y aristocráticos
Aunque su decisión sorprendió en Londres, Teodora contó desde el primer momento con el apoyo de sus padres quienes, sabedores de la improbabilidad de que su hija llegue a sentarse en un trono, intentaron motivarla con la carrera profesional que había elegido.

Quizá su madre comprendió a la perfección la sensibilidad de Teodora por el mundo del espectáculo. La reina Margarita de Dinamarca, tía carnal de Teodora por vía materna, es una apasionada de las artes y adora el teatro y la pintura. Se puede decir, por tanto, que los genes de la realeza y los artísticos eclosionan en esta joven de origen griego.

Pero ser una superestrella de Hollywood no es nada fácil y en el competitivo y ambicioso mundo de los castings de poco vale ser princesa cuando 300 jóvenes aspiran a convertirse en la próxima protagonista de una súper producción. Además de su vena artística, Teodora tampoco da con el perfil físico de una dama de la realeza: algo gruesa, muy simpática, cercana y sin complejos a la hora de cambiar el color de su cabello.
 

Cambio de nombre para pasar desapercibida
Dispuesta a perseguir su sueño, Teodora se mudó a Los Ángeles en el año 2010. No quería que su condición fuese ni un impedimento ni un acicate y, con los problemas que había tenido en Gran Bretaña, decidió cambiarse el nombre por el de Theodora Greece. Antes de dar ese paso, ella se había preparado para dar el salto a la farándula. Desde los 11 años se sintió atraída por el mundo de la actuación. Aunque sus primeros estudios los hizo en Inglaterra, después marchó a Australia para acabar realizando distintos cursos de Artes teatrales en universidades americanas como Brown y Boston.

Como todo en la vida, los inicios fueron complicados y su estreno en el séptimo arte fue más bien discreto con pequeños papeles en series como "Belleza y Poder", donde interpretaba a una secretaria. Tras este serial, ha participado en otras tres películas: "Where did you sleep last night", "The Big Valley" y la última, estrenada el pasado abril, "Little Boy", en la que, además de actuar junto a Eduardo Verástegui, es la que más repercusión ha tenido y la que le ha supuesto un verdadero espaldarazo profesional.

Con tanta audición y casting, a la princesa apenas le queda tiempo para el amor. Aunque le gustaría casarse y formar una familia, ella ahora está plenamente centrada en trabajar como actriz y no tiene tiempo de buscar ni príncipes azules ni príncipes de película. No obstante en caso de que se le cruzase el amor de su vida por delante solo le pide una cosa: “que tenga sentido del humor”.

Ganas e ilusión no le faltan a la actriz que solo necesita un poco de suerte y que algún director (le encantaría trabajar con Tarantino) se fije en ella para conseguir, por fin, el papel de su vida.