Tatiana, la princesa que cambió el ‘glamour’ por la solidaridad

La esposa de Nicolás de Grecia se ha convertido en la mejor embajadora turística del país heleno.

Etiquetas:

Por sus rasgos eslavos, su metro ochenta de altura y su gran parecido a Gisele Bündchen, Tatiana Blatnik, bien podría ser otra top model alada del desfile de Victoria’s Secret. Sin embargo, el destino, siempre caprichoso, le tenía reservada otra empresa bien distinta: ser princesa de Grecia y Dinamarca.

Cabría esperar que por su apabullante belleza y su rango de Alteza Real, Tatiana fuera la socialité del momento que acudiera de fiesta en fiesta y de taller de haute couture en taller de haute couture llevando una vida despreocupada que tanto gusta entre los miembros de las Casas Reales no reinantes. Pero, la joven princesa es algo más que una cara bonita y ha decidido involucrarse en los problemas del pueblo heleno.

Algo nuevo, viejo, prestado y azul, al estilo de la realeza


Antes de que su vida cambiara para siempre en 2010 -al casarse con el segundo hijo de los reyes depuestos de Grecia, Constantino y Ana María- Tatiana coqueteó con el mundo de la moda ejerciendo de publicista de la diseñadora Diane Von Fürstenberg que, casualidades de la vida, también estuvo casada con un príncipe en los años 70.

Al igual que su marido, el príncipe Nicolás, Tatiana también tiene un pasado que incluye residencias en distintas partes del mundo y unas raíces muy mezcladas. Aunque nació en Venezuela, sus rasgos se deben a su padre, Ladislav Vladimir Batnik, un biólogo eslavo de ascendencia rusa y a su madre alemana, Marie Blanche Bierlein, a la que se encuentra muy unida.

Perdió a su padre a los seis años

La infancia de Tatiana estuvo fatalmente marcada por la muerte de su progenitor cuando ella tenía seis años. La princesa ha dicho en alguna ocasión que de su padre sólo se acuerda “que me enseñó a silbar”. El resto, lo sabe por las fotografías.

Después de quedarse viuda, su madre volvió a casarse y la familia se trasladó a Suiza donde Tatiana estudió en el prestigioso colegio Aiglon, donde le inculcaron el amor por la montaña y el senderismo, actividades que sigue practicando a día de hoy. Tatiana también frecuentaba la exclusiva estación de esquí de Gstaad, así que no era raro que al final se enamorara de un príncipe.

Las nuevas solteras de oro de la aristocracia internacional

El broche a ese flechazo –Nicolás se quedó prendado de la belleza de la venezolana, once años más joven que él– fue una boda al más puro estilo de la película Mamma Mia. La pequeña isla griega de Spetses, un enclave de postal con casas blancas bañadas por el mar, fue el lugar elegido. Una celebración mediterránea, relajada y sin las rigideces de otros enlaces reales en la que no había diferencias entre royals y plebeyos. Al principio, la prometida de Nicolás no estaba muy convencida con dar el sí quiero en la isla. A ella le hubiese gustado más casarse en un entorno de montaña como hicieron su tocaya y Andrea Casiraghi. El perseverante Nicolás logró convencerla y finalmente pudieron tener su Gran Boda Griega.

Los recién casados vivieron en el barrio londinense de Chelsea durante unos años. Un vecindario en el que habitan hombres de negocios, príncipes y lo mejorcito, no solo de Gran Bretaña, sino de buena parte del mundo.

Los más griegos de la Familia Real

Pese a tener en Londres a su familia, Nicolás no era del todo feliz allí. Por eso el matrimonio decidió mudarse recientemente a Atenas. El segundo hijo del rey Constantino es, sin duda, el más griego de toda la familia, mucho más que su hermano mayor y heredero al trono, Pablo, que prefiere vivir alejado de los problemas de la que un día fue su patria. De hecho, son los únicos miembros de la Familia Real que viven en Atenas. Nicolás, pese a su aspecto de ejecutivo estirado, tiene muy claro que, ante todo, es príncipe de Grecia. Un entusiasmo que ha sabido transmitirle a su mujer.

Temporada de rebajas, ¡en Grecia!

Tatiana se ha adaptado a las mil maravillas a Atenas. Allí lleva una vida sencilla y está volcada en la Fundación Demos que busca ayudar a familias con dificultades a salir de la crisis. Además, ambos, pero sobre todo Tatiana muestran en las redes sociales los rincones más especiales, la gastronomía y la artesanía del país. Sin pretenderlo se han convertido en los mejores embajadores turísticos del país.
 

 

A photo posted by Tatiana Blatnik (@tatianablatnik) on



En cuestiones de estilo Tatiana también hace gala de una sencillez poco común en mujeres de su rango. Sus outfits son desenfadados, nada que ver con los de su cuñada, Marie Chantal Miller. A la venezolana le gusta llevar zapatillas, dar largos paseos por la montaña con su perro Rumi, hacer yoga, las ensaladas griegas, maquillarse poco y llevar el pelo de manera natural. Viendo su Instagram cualquiera diría que se trata más del perfil de una modelo que el de una princesa.

La ausencia de artificios a la hora de vestir le hacen, aún si cabe, muchísimo más atractiva. No obstante, cuando la ocasión lo merece se convierte en el centro de todas las miradas con espectaculares vestidos palabra de honor en tonos azules que destacan sus imponentes ojos.