Hablan los íntimos del rey Juan Carlos

Amigos cercanos del rey Juan Carlos nos revelan cómo es su nueva vida y por qué se acabó su relación con Corinna.

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Vuelo MAD-LRM. 13:00 h. Procedente de Madrid (MAD), el jet privado de Fanjul Corp. toma tierra en el exclusivo Aeropuerto Internacional de La Romana en República Dominicana. A bordo, tres tripulantes y cuatro pasajeros: tres escoltas de Casa Real y el rey Juan Carlos de España. Bajan la escalerilla y a pocos metros un helicóptero les espera. Minutos más tarde aterrizan en el helipuerto de Casa Grande, la mansión frente al mar que posee Pepe Fanjul. Un espectacular dominio ubicado dentro de la lujosa urbanización Casa de Campo, propiedad de la familia Fanjul, con playa propia, canchas de tenis, campos de golf, centro hípico y un teatro para 5.000 espectadores. Pepe les espera a pie de pista, inclina la cabeza ante el rey y saluda al resto. Es sábado, 21 de febrero de 2015.

“Hace más de 50 años que don Juan Carlos y yo somos amigos. Nuestras familias ya mantenían una gran amistad”, me relata al otro lado del teléfono Pepe Fanjul. Es la primera vez que habla sobre “Su Majestad” y lo hace porque cree “que ha llegado el momento de su reconocimiento”.

A principios del siglo XX los Fanjul crearon en Cuba el mayor conglomerado mundial de caña de azúcar. Con la llegada al poder de Fidel Castro tuvieron que emigrar a Nueva York y más tarde a Florida donde reconstruyeron su emporio. Así nació Fanjul Corp., una empresa que produce más de 7 millones de toneladas de azúcar al año. Hoy es la familia más influyente de Florida, propietaria de refinerías en Nueva York, Baltimore y Luisiana y una de las mayores benefactoras de la política estadounidense. Pero Pepe nos asegura durante nuestra conversación que con el rey le une “una amistad personal, ni política ni empresarial. Mejor amigo que él no existe, no conozco a un amigo más leal. Todo el mundo le quiere mucho. Cuando va de cacería o de regata, él saluda a todos. Es natural y cariñoso, una persona excepcional con una paciencia tremenda”.

No era la primera vez que don Juan Carlos visitaba La Romana. Lleva haciéndolo años, y también fue el retiro donde se alojó tras su abdicación, el 2 de junio de 2014. “La suerte es que todo ha salido bien desde entonces. Viene mucho aquí, donde se aloja varios días y donde todo el mundo le conoce. Cuando llega saluda tanto al jardinero como al chófer, al personal de servicio... A todos, sean ricos o pobres. Y todos le admiran. Yo mismo le tengo una gran admiración y un inmenso agradecimiento. Se ha ganado de verdad a la gente y al pueblo. Es un ejemplo a seguir. Si todos los reyes fueran como él habría muchas más monarquías en el mundo”.

Durante aquellos días de febrero, Emilia Fanjul, esposa de Pepe, ofreció un almuerzo en Casa Grande en honor a don Juan Carlos. A su derecha se sentó el presidente de la República Dominicana, Danilo Medina; a su izquierda, Pepe Fanjul. Entre los invitados se encontraban algunos miembros de la nobleza británica como lord Charles Spencer-Churchill, hermano del duque de Marlborough, y su esposa, Lady Sarah Goodbody, y Lord William Astor III, esposo de Lady Annabel Jones, suegra del primer ministro británico David Cameron. Pero también Blaine Trump, cuñada de Donald Trump, y grandes expertos en finanzas, como Dixon Boardman, director general del Optima Fund Management Group, y su esposa, la princesa Arriana de Hohenlohe-Langenburg, hija del fallecido príncipe Alfonso de Hohenlohe; y el rico inversor sueco Karl Wellner, director del fondo de inversión Papamarkou Wellner Asset Management y esposo de la influyente periodista norteamericana de la CBS Deborah Norville.

Tras este evento se difundió el rumor, que publicaron varios medios españoles, de que Deborah era la nueva amiga de don Juan Carlos (guarda un gran parecido con Corinna Zu Sayn-Wittgenstein). Sin embargo, la periodista me desmiente que acudiera a ese almuerzo: “Esta historia es completamente infundada y categóricamente falsa. Nunca he conocido al rey Juan Carlos ni jamás he asistido a un evento en el que él estuviera presente”.

Cuando los 'royals' brillan por su ausencia

La mayoría de los invitados a este encuentro son amigos de Corinna Zu Sayn-Wittgenstein. Pero ella no apareció ni allí ni en otros eventos privados a los que ha acudido el rey últimamente. “Esa persona ha desaparecido totalmente de nuestro mapa”, me asegura tajante Josep Cusí. Este armador y exregatista catalán es la sombra de don Juan Carlos, una de las personas que mejor le conocen, su mano derecha y amigo fiel y leal. Cinco años mayor que el soberano, se conocieron en la preparación de los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 y, tal como nos cuenta: “Nuestra amistad se ha mantenido a lo largo de todos estos años. Tengo un trato muy directo con él, hablamos casi todos los días. Nos unen además muchas aficiones en común como la vela, la caza, el tiro al plato, los perros...”. Cusí ha estado al lado del rey en sus mejores momentos y también en los más difíciles. En las pocas ocasiones en las que se ha retratado al monarca de forma privada, Cusí casi siempre aparece a su lado. Cuando le pregunto por la relación entre el monarca y Corinna, contesta:

—¡Que levante la mano el que no haya tenido un mal momento en su vida! Pero le digo una cosa, el rey ha tenido mucho más mérito en corregir esta historia que en continuarla. Se equivocó y lo asumió. Corrigió su error. Y sí, esa persona ha desaparecido totalmente de nuestro mapa. Los que hemos estado verdaderamente a su lado, al lado de don Juan Carlos, hemos presionado para que eso fuese así. La lealtad consiste en eso y por ello el rey se ha quedado con los amigos leales, los que han sabido aconsejarle, no con los de peloteo.

Las últimas apariciones de Corinna Zu Sayn-Wittgenstein han sido escasas en estos años. Se la ha podido ver en alguna ocasión junto a los príncipes Alberto y Charlene de Mónaco —para quienes trabaja—, en la Semana de la Moda de Nueva York y en alguna recepción en Buckingham Palace. Cuando decide responder a nuestras preguntas se encuentra justo en Londres. La noche anterior fue invitada por la Casa Real británica y en unos días parte hacia Estados Unidos. Excepto por una breve grabación en vídeo, hace más de tres años que la consultora no habla para un medio abiertamente.
— He sido muy clara en mis declaraciones sobre nuestra amistad. Algunas personas difundieron desagradables rumores acerca de que yo no me quería ir, que estaba tratando de negociar algún acuerdo y que estaba resultando una persona difícil. Esto es categóricamente falso. Tan falso como la casa fantasma de Madrid.

Desde la abdicación, los rumores sobre la aristócrata se dispararon. Se habló de un acuerdo económico a cambio de su salida de España, de que seguía viviendo en un chalé de Somosaguas de 500 metros cuadrados y 2.195 de terreno que estaba reformando y hasta de que se había instalado en Londres, donde iba a visitarla a menudo don Juan Carlos. Preguntamos por esta relación al empresario y aristócrata Manuel Fuertes de Gilbert y Rojo, barón de Gavín, quien conoce muy bien a don Juan Carlos desde hace más de 50 años y ha viajado en varias ocasiones con él y con su hijo Felipe a República Dominicana: “Corinna ha pasado a la historia. El rey tomó la decisión de acabar definitivamente con esta relación. Fue una decisión del monarca, y con la que Corinna no estuvo muy de acuerdo”. ¿Pero es cierto que la alemana no estaba de acuerdo? Ella nos responde: —Tal vez su entorno sintió la necesidad de tener la última palabra, querían darme una lección sobre lo que sucede cuando no haces lo que se te dice. Me parece muy triste. Nadie gana nada por denostar a otros. Es malo para todos. A día de hoy estoy concentrada en mi vida y dedicada plenamente a mi familia y a otros interesantes proyectos por todo el mundo.


El alejamiento de Corinna tiene para el periodista Fernando Ónega, autor de Juan Carlos I, El hombre que pudo reinar, una fecha clara: “A finales de octubre de 2014, cuando estaba terminando la obra y aún no la había entregado don Juan Carlos me llamó y me dijo: ‘Quería decirte que lo de Corinna ya no existe”.

Tras esa ruptura, la imputación de su hija Cristina por el estallido del caso Nóos y la pérdida de poder ejecutivo a causa de su abdicación, muchos de sus íntimos hicieron pública su preocupación por la soledad del monarca. “Don Juan Carlos ha sido un gran líder y los grandes líderes no solo no se resisten, sino que propician el cambio. Qué duda cabe que él hubiera preferido mantener el poder, a nadie le gusta cederlo, pero lo hizo a cambio de sintonizar con la realidad del país. Quedarte solo con la autoridad moral frente a tener poder efectivo, es un paso de una enorme generosidad”, asegura otra de las personas que conocen muy bien al rey emérito, el empresario y presidente de Global Strategies, Antonio Camuñas.

 

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