¿Por qué Harry, el más rebelde de la monarquía, es también el favorito?

¿Cómo ha pasado de ser un díscolo adolescente a ganarse el favor de los británicos?

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Ni su cuñada, la pimpante duquesa de Cambridge; ni su hermano, el heredero del heredero al trono de Inglaterra. Ni el regordete baby George o su hermana, la princesa Charlotte, ni siquiera su respetable abuela, la reina Isabel II: el miembro más popular de la familia real por antonomasia, los Windsor, es también el más rebelde de sus integrantes: el príncipe Harry. Sí, el que se disfrazó de nazi en sus años mozos, el mismo al que apodaban Harry Porros por su afición a los cigarillos de marihuana. El joven capaz de descarrilar al mismísimo príncipe Guillermo, su hermano mayor, en una fiesta con bailarinas digna de un filme de Todd Phillips (y que no en vano le valió el titular Dirty Harry en la portada de The Sun) barre entre los súbditos. Su graciosa majestad es él. Así se desprende de un sondeo realizado entre 2.000 personas, y en el que el hijo menor del príncipe de Gales y la malograda Lady Di se ha ganado a sus 31 años el favor de un 31% de los encuestados. Cifra que le sitúa por encima de Kate, Guillermo e Isabel II.

“De entre sus parientes los royals, Harry es el tipo con quien te tomarías una copa”, destaca Ruth Styles, periodista especializada en realeza de The Daily Telegraph. Y ojo, que esa “popularidad” que no ha hecho sino crecer en los últimos cinco años, apunta Styles, no obedece solo a sus travesuras. “Harry se ha convertido en un defensor activo de los soldados heridos en combate. En septiembre, por ejemplo, organizó los Juegos Invictus (una suerte de olimpiadas para veteranos), cuyo enorme éxito ha apuntalado si cabe su imagen pública”, arguye la cronista vía mail.

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Si a ello le unimos una “conexión con el público” que se materializa en imágenes como las captadas durante sus visitas a Lesotho (Harry auspicia diversos proyectos de desarrollo en el país africano) o Brasil, donde abrazó a un adicto al crack de la favela de Sâo Paulo, instantáneas no exentas del cariz altruista al que era tan afecta su madre, normal que arrase. A ello contribuiría lo que los periódicos británicos califican como “personalidad fresca e insolente”. Una frescura que pasaría, como no podía ser de otro modo, por la proliferación de acompañantes neumáticas. ¿Se imaginan a nuestro héroe del brazo de una joven que no sea rubia, atractiva y esbelta?

Su última novia formal, Cressida Bonas, podía pasar por la hermana menor de Cara Delevingne. Salieron durante dos años y cuando todo apuntaba a compromiso, rompieron. Antes de Cressy estuvi Chelsy, una rica heredera de Zimbawe con quien Harry mantuvo un noviazgo intermitente que se prolongó siete años. No parece que el nieto favorito de Isabel II (la soberana no es inmune a los encantos del joven) tenga prisa por pasar por el altar. Con Guillermo y Kate garantizando la continuidad dinástica, Harry puede entregarse sin mayores preocupaciones a cultivar sus aficiones y a pulir su vis más solidaria. ¿Quién necesita una corona para ser el rey?