Noor de Jordania, la Reina que eclipsó a todas las demás

Nacida en Texas, fue la cuarta esposa del difunto rey Hussein. Su belleza y elegancia la convirtieron en la primera ‘royal’ árabe icono del glamour.

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A finales del siglo XX una americana supuso para Oriente Medio lo que Grace Kelly fue para América y Europa: un soplo de glamour y elegancia que colocó en el mapa a un pequeño país asiático llamado Jordania.

Por aquel entonces las princesas y las reinas casaderas escaseaban y salvando a Lady Di y Sarah Ferguson la opinión pública no tenía una musa joven, alta, guapa y bien vestida a la que adorar. Afortunadamente la cosa cambió cuando el Rey Hussein de Jordania eligió a su cuarta esposa. Fue de esta manera como conocimos a una de las Reinas más bellas y fascinantes de todos los tiempos, y que abrió la brecha para la visibilidad de las mujeres de la realeza musulmana.

Elizabeth Najeeb Halaby, su nombre de nacimiento, es natural de Texas, aunque por sus venas corre sangre siria, inglesa, sueca y escocesa, y acaba de cumplir 65 espléndidos años. Es licenciada en Arquitectura y Urbanismo por la prestigiosa Universidad de Princeton.

Su trabajo como arquitecta le llevó hasta Ammán donde se encargó de la ampliación del aeropuerto. Fue en la capital jordana donde conoció al Rey Hussein en una fiesta. Más tarde él, arrebatado por la belleza de Elizabeth la invitaría a comer. Tan solo tres meses después de ese encuentro, el 15 de junio de 1978, se casaron. Desde ese momento Elizabeth dejó su nombre norteamericano para pasar a llamarse Noor al-Hussein (Luz de Hussein) y dejó atrás su religión protestante para convertirse al Islam.

Aunque Noor fue la cuarta esposa del monarca hachemita se convirtió rápidamente en la más carismática por su belleza y sonrisa infinita. Juntos tuvieron cuatro hijos y Noor enseguida mostró una especial sensibilidad por las causas humanitarias, siendo la primera royal de Oriente que se atrevía a dar voz a los sin voz y a apelar públicamente por los derechos de la infancia y de las mujeres. Años más tarde, otras Reinas han seguido su estela, pero Noor fue la primera.

Icono internacional
A medida que el matrimonio se consolidaba, tuvieron cuatro hijos, la nueva reina iba aumentando su popularidad internacional a la par que copaba las portadas de revistas y periódicos que la elevaron a un icono de elegancia internacional, eclipsando así a las otras mujeres de la realeza.

Pese a su idílico matrimonio, los rumores de crisis aparecieron en 1992. Se habló, incluso, de un posible divorcio después de que un periódico de Jerusalén publicara que el rey se había enamorado de una joven periodista palestina y que planeaba hacerla su quinta esposa.

Pasados los momentos de tensión, el matrimonio vivió feliz hasta la muerte de Hussein en 1999. A partir de ese momento Noor pasó a un segundo lugar en la vida pública jordana y cedió su testigo a la única reina que podría hacerle sombra: Rania.

Relacionada con Carlos Slim
Aunque ha seguido involucrada en causas benéficas y apareciendo en actos públicos, su ritmo de trabajo ha disminuido sensiblemente. Lo que no han parado han sido las ganas de la prensa de adjudicarle un nuevo amor.

Pese a que Noor está viuda y ya pase de los 60, es una mujer que parece haber hecho un pacto con el diablo y sigue teniendo una de las mejores pieles del panorama regio mundial. Ella asegura que el bisturí no ha tocado su cara y que es la luz (por algo la renombró su marido como Luz de Hussein), el ejercicio y el pensamiento positivo lo que le hacen parecer tan joven.

Su buen estado de forma y sus buenos contactos hicieron que en 2009 una publicación española la vinculara sentimentalmente con Carlos Slim ya que ambos compartían proyectos benéficos comunes.

Esta reina, que sigue ostentando el título de majestad, ha ido perdiendo algunas vinculaciones con Jordania y vive dividida entre Amman, Washington, donde reside su madre y hermana, y Londres, que se ha convertido en una de las ciudades preferidas para los monarcas sin corona.

Ahora es Rania la reina más admirada y copiada en todo el mundo, pero sabe que no puede relajarse. Su predecesora dejó el listón muy alto.
 

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