Máxima de Holanda, la reina más feliz del mundo, cumple 45

La argentina se ha coronado como una de las royals más estilosas y su simpatía la ha convertido en una de las más populares.

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Era una desconocida, una extranjera en Holanda. Pero su fuerte carisma, su simpatía y su constancia la han hecho uno de los miembros más queridos y populares de los Países Bajos. Máxima de Holanda, la argentina que conquistó al príncipe Guillermo Alejandro, lo dejó todo por amor y se empeñó férreamente en conquistar, también, a su nuevo pueblo.

Nacida en una familia acomodada de Buenos Aires, la joven Máxima, de ascendencia vasca, estudió en el Northlands School de la capital. Después continuaría con su formación en la Universidad Católica de Argentina donde coincidió con el Papa Francisco, que por aquel entonces formaba parte de los obispos que regían dicho centro. Máxima demostró su destreza con los idiomas y aprendió a la perfección, además del español, el italiano y el inglés.

Convertida en una competente economista, Máxima trabajó para HSBC en Nueva York y en el Deutsche Bank en Bruselas. Fue en esta etapa cuando conoció a su príncipe, a través de una amiga común, en España. La espontaneidad de Máxima caló hondo en Guillermo Alejandro y su compromiso nupcial se produjo en 2002.

Un pasado familiar con demasiado peso
Aunque la reina Beatriz aceptó la relación de su primogénito con la argentina, Máxima tuvo que superar muchos escollos. En primer lugar el pueblo holandés no perdonaba el pasado de su padre: secretario de Agricultura y Ganadería durante la dictadura de Videla, y castigaron a la futura princesa sin que sus progenitores asistieran a su enlace. Las lágrimas de Máxima mientras se interpretaba un tango en la misa de su boda sacaron a relucir el dolor de una hija por no poder contar con los suyos en el día más importante de su vida. En segundo lugar, la sociedad holandesa tampoco perdonaba a Máxima que siguiese siendo católica y no se hubiese convertido al protestantismo. La Casa Real holandesa defendió en aquel entonces que el país no tiene religión y así justificaron la no conversión de la argentina. Lo que sí que hizo la futura reina de los Países Bajos fue aprender el neerlandés.

Sea como fuere, y no sin esfuerzo, Máxima logró casarse con su príncipe en una de las bodas reales más románticas y emotivas que se recuerdan. Las lágrimas de Máxima demostraron a Holanda que estaba dispuesta a dejar a su familia con tal de ser feliz junto al hombre que amaba y el beso en el balcón ante sus súbditos dejaba evidencia de la historia de amor de una de las parejas reales más enamorada y feliz de la historia. Los hijos, en este caso hijas, no tardaron en llegar. La princesa Catalina Amalia nació en 2003, la princesa Alejandra, en 2005 y la benjamina, Ariane, en 2007. Tres niñas rubias que apuntan maneras de it girls y estudian en un colegio público.

Conforme aumentaba su agenda oficial, el mundo pronto percibió el magnetismo que había conquistado a la sociedad holandesa. Una princesa culta, con una simpatía innata y un estilo barroco y sofisticado. Con estas credenciales Máxima se ha convertido en una de las latinas más influyentes del planeta que tuvo su cénit en la proclamación de su marido como rey de los Países Bajos.

En una excelsa ceremonia, Máxima derrochó majestuosidad por los cuatro costados con un espectacular vestido en azul Francia con capa al tono coronado con joyas de zafiros y una espectacular tiara. Como si de un cuento se tratara, esa pareja de tímidos jóvenes rubios se convertían en reyes de Holanda.

Polémica a la hora de vestir
Su presencia sigue generando mucha expectación ya que Máxima nunca defrauda con la elección de sus trabajados estilismos. Máxima es máxima también a la hora de vestir y le encanta el barroquismo, los colores vivos y los complementos. Ella se atreve con todo, aunque a veces le cause algún disgusto como el abrigo bordado con cruces que llevó en abril de este año en una visita oficial a Alemania en donde le acusaron de llevar esvásticas.

Pese a dar los mejores estilismos del panorama regio, Máxima cumple este año 45 años y vive en lucha permanente con su cuerpo. Ella no es una royal delgada, al estilo de Letizia de España o la duquesa de Cambridge y, quizá, eso le ha llevado a hacer dietas extremas que la enfermaron.

Aunque ciertos sectores critican su gusto por la ropa de lujo, es la compra de una villa griega la que ha vuelto a sacudir a la sociedad holandesa. La adquisición de esta carísima propiedad en tiempos de crisis en Europa ha puesto en pie de guerra al parlamento holandés contra sus monarcas. Mientras, Máxima parece ausente de las polémicas y sigue deleitando a propios y extraños con ropa de alta costura. ¿Será por aquello de al mal tiempo buena cara?.