Masako de Japón, la princesa triste, al fin recupera su sonrisa

Tras años sumida en una depresión, la esposa del príncipe heredero Naruhito ha vuelto a la vida social.

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Puede que 2016 sea el año en el que la princesa Masako vuelva a sonreír y a encandilar al pueblo japonés como lo hizo cuando se casó con Naruhito, el príncipe heredero de Japón, en 1993. Ha sido precisamente el pasado mes de diciembre cuando, después de meses sin acudir a ningún acto social, la princesa asistió a la celebración del 82 cumpleaños del Emperador Akihito. Con el rostro mucho más relajado y luciendo la mejor de sus sonrisas, Masako no dudó en salir al balcón y saludar a los más de 20,000 asistentes que se congregaban en el patio del Palacio Imperial para rendir los honores al Emperador de Japón.

El hecho de haber acudido a este acontecimiento es una prueba más de que la esposa de Naruhito está haciendo todo lo posible por salir de la depresión que sufre desde hace más de doce años: “Este año he tratado de desarrollar mis actividades públicas y privadas de la mejor manera sin descuidar mi salud. Con la ayuda de la gente a mi alrededor, voy a seguir esforzándome para recupérame por completo”, manifestó el pasado 9 de diciembre con motivo de su 52 cumpleaños. De hecho, en otro comunicado, el equipo médico confirmó que la princesa “está teniendo una recuperación estable, aunque todavía tiene altibajos”, por lo que pedía al pueblo japonés que no la exigieran demasiado.

No hay duda de que es el príncipe Naruhito, su esposo desde hace más de quince años, la persona en la que más se ha apoyado para poder superar estos momentos tan duros. Sin embargo, fuentes cercanas a Masako han confirmado que su mejoría también se debe al hecho de que su hija Aiko ya se ha adaptado totalmente a la prestigiosa escuela Gakushuin de Tokio donde cursa segundo curso de secundaria. Y es que durante sus estudios de primaria, la joven princesa sufrió varios problemas de adaptación lo que hizo que faltara a clase con asiduidad, motivo por el cual aumentaba la preocupación de su madre.

Además de su familia, ha sido Máxima de Holanda una de las personas que más le han ayudado en su proceso de recuperación. Así, en el año 2013 la futura Reina de los Países Bajos invitó personalmente a Masako a la ceremonia de su coronación, siendo éste el primer viaje oficial que realizó después de diez años de encierro en palacio y que supuso que aumentara de forma considerable su autoestima. A partir de ese momento, la princesa japonesa fue dando pequeños avances y, seguramente por agradecimiento a su amiga y a pesar de que sus apariciones públicas todavía estaban contadas, un año después vestida de color naranja en honor al país holandés, no dudó en recibir a los ya Reyes de Holanda y acompañarles en la cena de gala tuvo lugar en Tokio y en la que no faltaron los gestos de cariño entre ambas.

A partir de ese momento, se han ido sucediendo sus salidas y el pasado mes de julio volvió a viajar en compañía de su esposo a Tonga con motivo de la coronación del nuevo rey, George Tupou VI, y en el mes de noviembre acudió, después de doce años de ausencia, a la tradicional fiesta bianual de jardín organizada por el Emperador Akihito y la Emperatriz Michiko, donde se la pudo ver sonriendo y charlando con varios de los asistentes.

Masako, hija del viceministro de Asuntos Exteriores de Japón, licenciada en Económicas por la Universidad de Harvard, en Derecho por la Universidad de Tokio y con un posgrado de Oxford en Relaciones Internacionales, abandonó su fulgurante carrera diplomática para casarse con el príncipe heredero de Japón en 1993 y pasar a formar parte de una de las monarquías más tradicionalistas del mundo. Desde ese momento, la princesa cargó sobre sus espaldas la presión de dar un heredero varón al trono japonés.

Después de varios tratamientos de fertilidad y un aborto, en 2001 dio a luz a la princesa Aiko. Este hecho no aminoró la responsabilidad de traer al mundo un varón que perpetúe la línea sucesoria y provocó que la princesa limitara sus apariciones públicas, lo que obligó a la Casa Imperial a lanzar un comunicado en el que explicaba que sus ausencias se debían a que sufría “fatiga emocional y física”. Aunque el nacimiento de Aiko puso sobre la mesa la reforma de la ley sálica que impide en Japón que las mujeres reinen, dicha reforma se paralizó por el hecho de que en 2006 naciera Hisahito, hijo del príncipe Akishino, hermano de Naruhito, lo que le coloca directamente en la tercera línea de sucesión al trono nipón.

A pesar de todas estas intrigas palaciegas y de la férrea disciplina de la monarquía japonesa, ahora lo importante es que por primera vez en mucho tiempo la princesa Masako está sacando fuerzas de flaqueza para volver a ser feliz…aunque sea en palacio.