Marius Borg, el hijo sin sangre azul de Mette-Marit de Noruega

El primogénito que la princesa tuvo antes de casarse con el príncipe Haakon es un adolescente ejemplar.

De espinoso problema a hijo cuasiperfecto. Marius Borg Hoiby, el hijo que la princesa Mette-Marit tuvo en su juventud se ha convertido en un acicate para la monarquía escandinava. Rubísimo, alto, deportista… su porte y cualidades levantan pasiones entre las jovencitas de su país. Aunque es hijo de princesa y hermano de príncipes por sus venas no corre sangre azul, pero eso no le impide estar perfectamente integrado en la vida palaciega de Oslo.

Nadie diría que aquel angelical niño de apenas 4 años puso en jaque a la corona noruega. Poco recordará Marius de aquella época, en la que solo mencionar su nombre o el de su madre levantaba ampollas en el país.

Marius Borg tendría una vida bien distinta si su madre y su padrastro, nada más y nada menos que el príncipe Haakon, no hubieran coincidido en el Festival Quart, el más importante de rock del país. Lo que parecía un ligue de una noche se fue convirtiendo en un sólido noviazgo al mismo tiempo que aumentaban las preocupaciones del rey Harald y la reina Sonia. El joven príncipe se había enamorado perdidamente de una muchacha y poco le importaba su “pasado salvaje” como la propia Mette-Marit describió su juventud.

A priori, Mette-Marit no ostentaría el título de nuera ideal: sin estudios, concursante de un programa para buscar marido, madre soltera y exnovia de un narcotraficante que acabó en la cárcel.

Mette Marit y Haakon: 14 años del matrimonio más controvertido de la realeza

Vivieron juntos antes de casarse
Mientras la controversia crecía en Noruega y en la Corte por lo poco aconsejable que era esa relación, la pareja marcó un hito y decidió convivir sin estar casada, algo insólito y muy poco habitual entre los miembros de la realeza, aún hoy en día.

Contra viento y marea e incluso con amenazas de renunciar al trono, Haakon se casó con su plebeya en 2001. En esta ocasión, en el balcón de Palacio donde los novios saludaban a sus súbditos había un niño que casi robó el protagonismo a la novia. Desde ese momento, el hijo que Mette- Marit tuvo de soltera pasaría a formar parte de la familia más importante del país. Eso sí, nunca será un miembro de la realeza aunque su madre se convierta en reina y su hermana pequeña sea la heredera.

Con el paso del tiempo, ese niño que alteró los cimientos de la monarquía noruega, se ha convertido en una bendición. Su integración en palacio es total y la relación con los reyes es inmejorable. Esta buena sintonía se ha conseguido gracias a la implicación del príncipe Haakon que siempre ha considerado como suyo al hijo que la princesa más díscola de la historia tuvo siendo muy joven.

Buena relación con su padre biológico
En la actualidad, Marius es un auténtico rompecorazones de 18. Méritos no le faltan: es guapo, deportista, buen estudiante (disfruta de una exclusiva educación), toca el piano… y su orgullosa madre siempre que puede enseña vía redes sociales los avances deportivos de su primogénito. Al igual que a Mette-Marit y a Haakon le apasiona la música. Cariño no le falta y por si no tuviese bastante con su familia ‘real’ Marius también se lleva fenomenal con su padre biológico, Morten Borg, que pese a haber estado en la cárcel en 1991 por vender cocaína ha logrado rehacer su vida.

Al no ser un miembro oficial de la familia real, Marius no tiene agenda como tal y no participa en actos públicos, salvo en contadísimas ocasiones para celebraciones meramente familiares, como su Confirmación o el tradicional desfile del Día Nacional de Noruega. Sin embargo, el no tener responsabilidades de este cariz, lejos de ser un problema, le supondrán una mayor libertad en su vida de adulto de la que su hermanastra, la princesa heredera Ingrid Alexandra, o incluso su hermanastro, Sverre Magnus (ambos hijos de su madre con el príncipe Haakon) no podrán disfrutar.